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"Qué sed": las mejores cumbias para recibir el 2020 en las mesas de Tucumán

¡VACIÁ!

Pueden sacar todos los parlantes juntos a la calle, pueden sonar todas las radios al mismo tiempo, pero a medida que se van a acercando las doce de la noche, así se arma el baile, así suena el coro de voces y timbales, sin acoplarse hasta que salga el sol. VIDEO

Que no se pare de bailar, ¡che!





¿Existe un ser humano más bello que El Príncipe Ariel? ¿Una mujer más sensual que Gladys La Bomba? ¿Son el gran amor de la música popular de los últimos 50 años? ¿Cómo recibirán el Año Nuevo? ¿Cómo lo recibiremos nosotros? Las tradiciones pueden variar, cambiar con el paso del tiempo, cada vez el 31 tiende a encontrarnos más cerca de los amigos que de las familias, pero donde haya una casa tucumana hay clásicos que no pueden faltar.

Ya está puesta la mesa en el patio, en la vereda o en la calle si la noche acompaña. Ya está llena la pelopincho con hielo y cerveza y sidra y botellas y las gaseosas para los más chicos pero no me toqués la Coca para el fernet. Entre los roles, siempre está el que pone la música, la encargada de subirle el volumen o cambiarlo al tema si no le gusta. Dependerá cómo haya venido la mano con los vecinos este año, pero que se haga agua el picolé: “¡Vení, Christian! ¡Ayudame a sacar el parlante!”

Nunca falta el que se demora en el baño, tratando de prenderse ese botón que no quiere ceder y va a terminar desprendido. La abuela sentadita se toma todas las atribuciones que se merece y le pide al yerno que le ponga un pasodoble mientras llega el pionono. Los chicos corren alrededor de la mesa, no ven la hora de encender las estrellitas, otra niña ruega que no tiren cohetes por los perros del barrio, sigue el vitel toné, otro sanguchito más total el año ya está perdido, pasame la ensalada rusa que llega el pollo relleno, o capaz sale asado y empiezan los brindis. Y cuando empiezan los brindis hay que subir el volumen.

Pueden sacar todos los parlantes juntos a la calle, pueden sonar todas las radios al mismo tiempo, pero a medida que se van a acercando las doce de la noche, así como el  cielo se ilumina cada minuto un poco más, así se arma el baile, el coro de voces, de timbales, sin acoplarse, sin interrumpirse. No falta el que patea el caballete y vuelan los huesos por todas partes. 

Tampoco falta el tío optimista que no puso silla doble de plástico y terminó con los mocasines apuntando al techo. Es el 
mismo tío que va a terminar adobado en el medio de la pista de baile, mostrando sus pasos, aplaudido por todos, como la amiga que lleva el vaso de frizzé con speed a la frente y mañana le explotan las redes sociales.

La música popular es la música popular. El cancionero, el repertorio, la lista, la playlist, el youtube, la Roisen, el spotify, los enganchados, el pen, los piratas, no importan ya los formatos. Ahí vienen Los Trotes, así agita la melena Ariel, aplaudan a Don Carlos, suspiren con Gladys, sufran con Ana Bárbara, suban el volumen con Grupo Rayo, contemplen al Facha Hugo Dante, pidan aire cuando exploten Los Avelinos y deliren con Las Minifaldas. 

Son 19 canciones, una a modo simbólico por cada año del nuevo siglo, pero son solo algunas de las canciones que no pueden faltar en las mesas de Tucumán. Hay cientas, miles que retumbarán hasta que salga el sol. Como dice el pensador contemporáneo Daniel Humberto Reyna, más conocido como El Monstruo Sebastián: "Que no se pare de bailar, que no se pare". ¡Feliz Año Nuevo! ¡Y que suena la lista de el tucumano! ¡Qué sed!