De Tucumán a la Antártida: estudió, insistió y llegó a ocupar un puesto clave en Base Marambio
DÍA DE LA MUJER
Luego de postularse tres veces, Daiana Faversani se convirtió en la primera técnica electrónica aeronáutica mujer en la base. “Estoy muy agradecida por esa oportunidad. Pero también sé que yo puse mucho de mí para poder ir”, asegura.
La tucumana se sumó a una dotación conformada por 50 varones y 7 mujeres que pasaron todo un año en la Antártida. Foto de Infobae.
Su ímpetu, sus metas y objetivos fueron más fuertes que cualquier obstáculo para poder cumplir con su sueño. La tucumana Daiana Faversani de 32 años, fue la primera mujer que se desempeñó como
técnica electrónica aeronáutica que trabajó en Base Marambio, en la Antártida argentina. A un año de su regreso, recuerda la experiencia como transformadora e inolvidable.
“Yo no podía creer que era la primera técnica mujer que estaba en Marambio trabajando en mi área, me enteré cuando llegué allá. Con la mano en el corazón no sé por qué nunca fue una mujer. Conozco un montón de técnicas en la fuerza que son muy buenas y mejores que yo en el área, muy profesionales. Tal vez todavía no se animaron a presentarse”, relata Daiana en diálogo con eltucumano.com. Sin embargo, reconoce que, en el ámbito de la Fuerza Aérea en su experiencia, siempre hubo más presencia de hombres que de mujeres. “En mi área éramos 15 hombre y yo era la única mujer”.

Foto de Facebook/ Daiana Faversani
Luego de postularse tres veces logró pasar la preselección y emprendió un viaje que la llevó a descubrirse a sí misma: ¿Qué era capaz de hacer? ¿Hasta dónde podía llegar?
Daiana es la mayor de cinco hermanos y cursó sus estudios secundarios en el Instituto Profesional de Educación para el Progreso de Tafí Viejo. Junto a su familia vivió hasta los 14 años en las Talitas y después se mudaron a Lomas de Tafí cuando inauguró el barrio. A los 17 años ingresó a la fuerza aérea y se formó como técnica aeronáutica en Córdoba.
A pesar de que les pidió a sus padres cursar un secundario en una escuela técnica, consideraron que no era lo mejor en ese momento. “Cuando ingresé a la fuerza área en la escuela de Córdoba (EFA) elegí la especialidad de electrónica. “Pero terminé estudiando lo que quería”, relata.

Foto de Facebook/ Daiana Faversani
A un año de regresar de Base Marambio, repasa las decisiones que tuvo que tomar para poner su sueño por delante de cualquier obstáculo. “Me divorcié antes de ir. Mi carrera siempre ha sido muy personal, y mi ex pareja no estaba muy de acuerdo con que yo vaya. Yo quería cumplir mis sueños y no me importaba si me costaba el matrimonio. No veníamos bien. Mi carrera siempre fue mi prioridad, además no le veía sentido a seguirle la corriente a una persona que tal vez mañana no estaba a la par mía”, señala.
Cuando egresó en Córdoba se fue Merlo, en Buenos Aires donde vivió durante 3 años y posteriormente se trasladó a Resistencia, en Chaco, para estar más cerca de su familia, en Tucumán. “Ahí estuve 8 años y conocí un compañero que había estado en Marambio y me recomendó que me presente. Se me puso en la cabeza como un sueño. Una meta. Estudié, me capacité, hice un montón de cosas y me sacrifiqué para poder llegar al objetivo”.
La experiencia que le cambió la vida: El viaje a Marambio
La tucumana se sumó a una dotación conformada por 50 varones y 7 mujeres que pasaron todo un año en la Antártida. Partieron el 1 de noviembre de 2017 y volvieron el 7 de noviembre de 2018.
“Uno ve imágenes del lugar donde hay nieve todo el tiempo. Pero nunca me imaginé que durante todo un año no iba a ver un perro, un gato, o un niño. Un árbol, algo verde. Son cosas que nos están escritas. Uno no piensa en eso. Te cuentan del extremo frio, del viento. Pero hasta que no lo vivís en carne propia no sabes cómo es. Aislamiento y supervivencia al mil por ciento”, detalla.
Según su relato, en Marambio se vive el día a día en una sola burbuja. Donde la única preocupación es hacer el trabajo que le corresponde a cada uno, donde el trabajo consume el 80% del día.
“En el verano con mi compañero a veces entrábamos a las 6 de la mañana y estábamos hasta las 23 y no nos dábamos cuenta. Teníamos muchísimo trabajo al principio. Cuando empieza la invernada, fines de abril, mayo. Después no disminuye el trabajo, pero sí la cantidad de horas, por la luz”, subraya.

Base Marambio: Fotos de Jorgelina Álvarez
Solamente dos profesionales por área son enviados en cada dotación, un encargado un auxiliar. Junto a su compañero, Pablo Cáceres, se encargaban del mantenimiento de las comunicaciones que hay en la base Marambio. En la Base manejan varios equipos de radio que sirven para mantener el contacto con otras bases del Ejército y la Armada. Además de la comunicación más importante que es la que tienen con el Hércules. “Ascendimos los dos juntos. Fui como cabo principal y ascendí a suboficial auxiliar. Se modifica tu carrera y tu vida”.
En conjunto se encargaban del cuidado de todo lo satelital: mantenimiento de 4G, DIRECTV, de todas las antenas. "Tuvimos muchos problemas con los cableados que se nos congelaban y solos se partían y había que cambiarlos todos", recuerda. Se trata de un área sumamente importante porque mantiene todas las comunicaciones. Mantiene comunicada la base con el continente. "Para traslados en el Hércules, pero también a la familia, a lo que es la vida acá. Pudimos hacer un buen trabajo", asegura.
Daiana recuerda que un día el termómetro marcó -35 grados con una sensación térmica de -54 grados. Hacía tanto frío que no podían estar a la intemperie más 5 minutos porque sufrían el riesgo de congelarse. “Se habían olvidado de cerrar la puerta de una cabina donde estaba un equipo de radio ayuda. Vino un temporal y se llenó de nieve adentro”, relata. En ese momento, el equipo estaba funcionando y la nieve los estaba dañando. “Tuvimos que ir porque si no iba a explotar. Al ser una cabina tan chiquita entraba sólo una persona. Entonces estaba 5 minutos del reloj adentro para sacar la nieve y después entraba el otro para no sufrir la exposición al frío a pesar de que estábamos muy abrigados. Pudimos rescatar los equipos. Nos llevó alrededor de 30 minutos", explica.
Muchas cosas de la vida cotidiana se modifican una vez instalados en Marambio, en verano todo el día hay luz, pero durante el invierno solamente contaban con iluminación natural dos horas. Se podían bañar solo tres veces a la semana para ahorrar agua. “En el verano el agua sale de una laguna, pero en invierno hay que derretir la nieve”, explica la joven.

Daiana en Base Marambio: Fotos de Jorgelina Álvarez
No hay ruidos en Marambio. Los sonidos que se escuchan muchas veces son de los generadores de electricidad o en las tormentas con mucho viento. “Las noches que estaban tranquilas, íbamos caminando hacia la pista de aterrizaje del Hércules nos quedábamos en la oscuridad absoluta y alejados del ruido de los generadores. Me gustaba tirarme al suelo y miraba al cielo. Miraba la vía láctea. Nunca vi tantas estrellas. Todos los días te presentaba un paisaje distinto”.
La estadía de Daiana en Marambio, coincidió con el mundial de Rusia 2018. La joven, recuerda un video que se viralizó, en el que alienta, junto a su s compañeros de dotación, a la selección Argentina que emocionó a cada rincón del país. “Hay un video famoso en el que salimos a alentar a la selección argentina en el mundial. Yo soy fanática de Atlético y salí con la camiseta. Era para mandarlo a nuestra familia y amigos. Salimos afuera a cantar, hacían -23 grados y se nos congelaban las orejas estuvimos unos minutitos fuera, antes que empiece el primer tiempo".
#VamosArgentina ????????????????????????
— SMN Argentina (@SMN_Argentina) June 26, 2018
Nuestros compañeros en la #Antártida también festejan pic.twitter.com/Cvn1iWbFRt
Daiana está segura de que no fue suerte lo que le permitió vivir esta experiencia. “Estoy muy agradecida por esa oportunidad. Pero también se que yo puse mucho de mí para poder ir. Hice los cursos, me capacité, insistí, y me informé sobre cómo era la vida allá, cuáles eran las tareas que había que hacer y cómo eran los equipos”, puntualiza.
La joven tucumana que hizo historia, reafirma que na de las cosas más importantes que aprendió es a valorarse a si misma. “Me conocí más a mí misma. Hasta dónde puedo llegar, qué fuerza puedo hacer, qué tipo de trabajo puedo hacer. Superar mis propias expectativas”, remarca.
Hasta que culmine sus estudios pretende quedarse en Tucumán, pero no quiere echar raíces. “Me gusta venir a Tucumán y estar con mi familia. Lo que más extraño cuando no estoy aquí es la Achilata. ‘El achilatero te extraña cuando no venís’, me dice mi abuela. La comida también se extraña mucho de Tucumán. Pero el calor no”.![]()

“Marambio fue una de las metas más grandes que he podido cumplir. Todos los días estaba agradecida de estar ahí. Lo que más me gustó fueron los paisajes, el silencio y la tranquilidad. Y a nivel profesional aprendí un montón de cosas, porque tenés tiempo de aprender lo que sea”, expone.
Estando en la Base, comenzó a estudiar programación a distancia y hoy se encuentra a un año de terminar sus estudios. "Me gusta siempre estar investigando, estar actualizada, hacer un poco más. En 32 años nunca dejé de estudiar siempre quise saber un poco más y no sé hasta cuándo voy a seguir esto. Ahora estoy acá, en Tucumán, pero cuando me reciba me iré a Buenos Aires experimentar allá", comenta.
Sin nada que la detanga su próxima meta es completar una Licenciatura en Informática una vez que concluya con programación. Y , si vuelve a insistir lo suficiente, quizás una consiga una segunda visita a su lugar prefeirdo en todo el mundo.








