Facundo, el músico tucumano que canta para todos desde su casa
HISTORIAS DE ACÁ
Pasadas las 21 horas, después de los aplausos a todas las personas que nos cuidan, una voz misteriosa surge y llena la noche de canción: "Nunca esperé tantas repercusiones. La música ayuda en estos momentos. Ya tengo 8 mil asados prometidos". VIDEO
Facundo Villagrán, música para la ciudad.
“Al final uno busca la felicidad en Europa, en tal escenario, ante tal público, pero con mis 29 años puedo decir que la felicidad está aquí en Tucumán, con la familia, en el asado con los amigos, en que te cuenten: ‘Eh, me caso’, o ‘¡Voy a ser papá!’ En el mate, en la música. Son cosas que me revientan el corazón”.
Facundo Villagrán es el cantante y músico tucumano de 29 años que desde el sábado a la noche canta para todos desde su casa, mientras cumple a rajatabla la cuarentena con su papá y su mamá, todos bien de salud, con la tensión lógica del momento que se vive, pero con un respiro, una bocanada de aire, dos o tres canciones después de las 21, minutos después de que el aplauso a los médicos y a todas las personas que ponen en riesgo su vida para protegernos, sale a cantar desde el noveno piso de su edificio.
Para que todos puedan disfrutar de la historia de Facundo sin preocupaciones, él mismo se encarga de aclarar antes que nada: “Todos estamos bien. Todos nos cuidamos. He visto comentarios de personas criticando que cante por el balcón por temor a contagio. No es así. En el peor de los casos, es un virus pesado (ver el video del doctor Mirolli) que no viaja más de un metro y medio. Hace falta que nos informemos. Canto desde el living de mi casa, toco la guitarra del balcón. Si molesto a alguien es porque no le gusta cómo canto, nada más”.
Dicho esto, la historia de Facundo Villagrán es la de una persona que no recuerda su primera palabra, pero sí que canta desde toda la vida: “Sí, de chico. Cuando estaba terminando el colegio empecé canto lírico. Tuve un apoyo muy familiar muy grande. Si bien me recibí de Ingeniero industrial, estudié piano en la Escuela de Música y me fui a París a estudiar técnica vocal, luego repertorio de música de cámara en Barcelona en 2016, y cuando volví a Tucumán fui integrante con Fra Tenori, y ahora desde hace un año con mi nuevo grupo Il Nuovo”.
La historia de Facundo Villagrán está marcada por los mundos encontrados que muchas personas viven y que tienen que ver con la profesión que eligen y la pasión que sienten: “Trabajé un tiempo en la fábrica Torasso, estaba en producción y supervisión de ventas. Podría haberme quedado en la zona de confort con un sueldo fijo todos los meses, pero no pude: hay que hacer lo que a uno le gusta. La música me ha permitido, por ejemplo, tener una relación muy especial con mi abuela, quien tenía Alzheimer. Cantábamos juntos, hacíamos esas cosas que te llenan el alma”.
“Sin la intención de faltar el respeto y esperando que se entienda bien lo que digo: cualquiera puede ser ingeniero, abogado, pero hacer arte te llena el alma. Las otras cosas te ponen un techo, no se compara con la sensibilidad. Como ingeniero fui más de números, de cosas tangibles. La música me enseñó que las cosas van por otro lado. Si estoy triste, como en esta situación que todos vivimos, esa tristeza trato de materializarla en arte”, explica el tenor que venía pensando desde su lugar, desde su casa, cómo podía aportar su granito de arena a este tiempo, cómo podía hacer un poco mejor, más llevadero el día de la cuarentena obligatoria.
“Lo de cantar para los vecinos empezó el sábado a la tarde. Habíamos estado con Il Nuovo de temporada en Carlos Paz, nos fue súper bien, pero con todo esto no pudimos seguir con las fechas y tenía ganas de cantar. Me daba un poco de vergüenza cantar y no quería que alguien pensara que iba a romper la cuarentena. En eso pensaba cuando unos vecinos empezaron a cantar, saqué la guitarra, y me dispuse a hacerlo bien el sábado a la noche”, cuenta el cantante.
“Primero no me animaba, hasta que mi papá alentó: ‘Dale, hacelo, nadie te ve'. Soy una persona que trata de manejar mis emociones: pero cuando empecé a cantar, de repente la gente de otros balcones aplaudía. El sábado canté un tema de folklore; después el tango ‘Nada’, de Julio Sosa; y el Ave María. El domingo a la noche fueron canciones de Il Divo. Nunca esperé semejante repercusión en las redes y mucho menos el escenario improvisado: desde los balcones la gente con sus flases movía las manos, aplaudían, gritaban ‘Bravo’, en fin, una idea que se me ocurrió para hacer un poco más amena toda la cuarentena”.
Con su hermano Fausto varado en Miami, en una lista de espera para regresar a Ezeiza y ahí mismo cumplir la cuarentena, la familia Villagrán y sus vecinos encuentran unos minutos de alegría cuando canta Facundo: “Lo positivo que saco de esta situación negativa es lo que tiene el argentino, charlamos de balcón a balcón. Nos conocemos. Disfruto de estar con mis padres. Es difícil la convivencia para cualquier persona pero la sobrellevamos cumpliendo la cuarentena obligatoria, esperando poder reencontrarnos con los afectos y con personas que no conocía y me mandan saludos a través de las redes. Tengo 8 mil asados prometidos. Pero ahora lo importante es quedarnos en esperar que todo esto termine. Y volver a la vida normal”.
Facundo Villagrán es el cantante y músico tucumano de 29 años que desde el sábado a la noche canta para todos desde su casa, mientras cumple a rajatabla la cuarentena con su papá y su mamá, todos bien de salud, con la tensión lógica del momento que se vive, pero con un respiro, una bocanada de aire, dos o tres canciones después de las 21, minutos después de que el aplauso a los médicos y a todas las personas que ponen en riesgo su vida para protegernos, sale a cantar desde el noveno piso de su edificio.
“Sin la intención de faltar el respeto y esperando que se entienda bien lo que digo: cualquiera puede ser ingeniero, abogado, pero hacer arte te llena el alma. Las otras cosas te ponen un techo, no se compara con la sensibilidad. Como ingeniero fui más de números, de cosas tangibles. La música me enseñó que las cosas van por otro lado. Si estoy triste, como en esta situación que todos vivimos, esa tristeza trato de materializarla en arte”, explica el tenor que venía pensando desde su lugar, desde su casa, cómo podía aportar su granito de arena a este tiempo, cómo podía hacer un poco mejor, más llevadero el día de la cuarentena obligatoria.









