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Volvió de Malvinas: el gol en silencio de un héroe tucumano tras la guerra

HISTORIAS DE ACÁ

Sergio Bustos nació en Bella Vista y a los 18 años partió a luchar contra el ejército inglés. A 38 años de aquella pesadilla, su relato conmueve: cómo volvió a Tucumán y dónde encontró la felicidad.

Sergio Bustos y su familia tras regresar de Malvinas





Cuando Sergio Bustos tenía, apenas, 18 años, dejaba Bella Vista y se iba a cumplir con el servicio militar obligatorio a Córdoba. Era enero del 1982, y nada le hacía sospechar lo que estaba por vivir. Unos meses después, en los pasillos de la “Escuela de Aviación Militar” empezó a correr el rumor de qué se iba a necesitar voluntarios para viajar a Malvinas. 

“Las islas ya habían sido ocupadas, y el 7 de abril nos dieron la noticia que necesitaban 120 hombres para viajar, yo me anoté y el día 10 nos llevaron a Comodoro Rivadavia primero y de ahí a Puerto Argentino”, relató Sergio. A él le tocó ir al Istmo Darwin, en las cercanías de la “Pradera de los Gansos”, donde un par de semanas después se libraría la primera batalla terrestre de la guerra y, tal vez, la más sangrienta. “Los Ingleses entraron por ahí”, explica.

“Me cuesta hablar sobre el tema. Con los años me suelto más. Pero no es un tema fácil”, confiesa Bustos, mientras recuerda que hacia el final de la guerra cayó prisioneros  en manos enemigas, aunque admite no haber sido maltratado: “Si hacías lo que ellos te ordenaban, no había problemas. Lo más difícil era contener la bronca acumulada”.

Un día lo subieron a un barco que lo dejaría en Montevideo, de ahí una embarcación argentina lo cruzaría hasta Buenos Aires: “Estuvimos una semana o 10 días en El Palomar, nos hicieron estudios y nos transportaron hasta nuestros regimientos de origen. Yo volví a Córdoba y me dieron permiso de volver a Tucumán a ver a mi familia”.

De la vuelta  a su ciudad, recuerda los abrazos y reencuentros, era invierno, pero no como el del sur, había solcito y pronto, en las calles florecerían azares de los naranjos y habría olor a primavera. 

Sin embrago, la pos guerra es algo que se lleva a adentro de por vida, el orgullo de haber defendido la patria lo acompaña desde que se despierta hasta que se acuesta, aunque sabe que no todos sobrevivieron a la angustia y al dolor: “Son muchos los compañeros que murieron después con el paso de los años. Los diferentes gobiernos que pasaron nunca estuvieron a la altura de nuestro sacrificio. No encontramos contención”, se lamenta. 

En su Tucumán querido, la vida siguió, formó una familia, tuvo hijos a los que les trasmitió el valor de la causa por la que había luchado. Con los años, incansable, a su compromiso bélico lo transformó en social, por lo que buscó la forma de colaborar con los jóvenes más desprotegidos: “Armamos un equipo de fútbol, le pusimos ‘Halcones de Malvinas’, y la idea era sacar a los chicos de la calle, contenerlos y mantenerlos entretenidos haciendo deportes”.

“Con la ayuda de mi hijo, armamos dos categorías, una sub 17 y otra libre. Empezamos jugando en un torneo de Bella Vista y ganamos dos campeonatos”, cuenta el Veterano de guerra. Luego de haber tenido éxito en su ciudad natal, el equipo buscó nuevos horizontes, así llegaron al “Torneo de Campeones”, organizado por Franco Morález, que es uno de los más competitivo de la provincia: “Ahí también nos fue bien, fuimos campeones dos veces seguidas y nos ganamos el derechos a jugar un campeonato nacional en Mar del Plata”. 

Así los Halcones alzaron vuelo y se fueron para la costa, donde volvieron a demostrar que tenían un equipazo: “Ganamos todos los partidos hasta la final en la que perdimos por penales con un equipo de Buenos Aires. Fue una experiencia hermosa, muchos chicos pudieron conocer el mar. Fue un viaje inolvidable”, recuerda Sergio Bustos.

Ahora, padre e hijo Bustos están armando la categoría de veteranos de Halcones de Malvinas: “Para los muchachos que rondan los 35 años”, explican. Además, agregan que muchos de los chicos que empezaron jugando con ellos ahora están jugando La Liga para Sportivo Bella Vista y que, incluso, hay uno está en Atlético.

“El fútbol me ayudó a que muchos chicos conocieran lo que significan Las Malvinas. Ellos solos me preguntaban y querían saber, yo les fui contando y todos terminaban comprometidos con la causa”, concluye Sergio Bustos, que como él mismo dice, en su vida todos los días son “2 de abril”.