"Fumigo yo": el héroe de Famaillá que ahora lucha contra el dengue
TUCUMANOS EN ALERTA
Miguel Giménez rescató a cuatro chicos que se ahogaban en el río Colorado hace dos años. Siempre enorme, desde el lunes arriesga su vida en los barrios más vulnerables de Tucumán. Cómo hace y qué pide.
Miguel, el héroe de Famaillá.
Cuando Miguel Giménez apoya la cabeza en la almohada, todavía retumba el llanto de los cuatro chicos que rescató durante la crecida del río Colorado en Famaillá. Era el primero de febrero de 2018, había tomado un remis para comprar las cosas del cumpleaños de su hijo, vio la escena, se ató la soga a la cintura y bajó al río: uno a uno, con la ayuda de los vecinos, comenzó a sacarlos: “Claro que lo recuerdo como si fuera ayer. Ese día cambió mi vida para siempre”.
Lo que no ha cambiado durante estos dos años en el héroe de Famaillá es el corazón, la necesidad de ayudar al indefenso, sea en un río que amenaza con llevarse a cuatro hermanitos, con un merendero en el fondo de su casa o ahora que el dengue amenaza a las familias más vulnerables, a los vecinos de Miguel en el barrio ex Aeropuerto, en el Lola Mora o el 11 de Marzo: “Hablando con los vecinos escuché la preocupación por el bicho que tienen. Junté el dinero, compré la máquina, el veneno y me puse a fumigar las casas. Ya voy fumigando 60”.
Mientras los avisos de fumigación no bajan de los 800 pesos y algunos superan los 1200 pesos, Miguel realiza el trabajo por 150 pesos: “Principalmente para poder comprar más veneno, ponerle nafta a la moto y llevar algo a mi casa. La gente humilde no te va a pagar 800 ni 1200 pesos una fumigación. Ya que los políticos no se acercan al barrio, ya que ellos son los que tienen que mandar a fumigar y no lo hacen, lo hago yo”.
“Cobro 150 en cada casa para que la gente haga fumigar. Está lleno de mosquitos el barrio por todas partes. El camión de la Municipalidad pasa por la calle, fumiga las calles, pero el mosquito está dentro de las casas. Yo estoy en el barrio ex Aeropuerto, en la calle French. He empezado el lunes: voy fumigando como 60 casas. A la gente le gusta que le fumigue la casa. Mañana voy a empezar el 11 de marzo, todas esas casas humildes a la orilla de la vía. Son unas 70 casas más las que tengo pensado hacer”, relata esta noche en diálogo con el tucumano.
Mientras el mameluco y los objetos de protección que usa Miguel Giménez cuelgan de la soga como cada noche después de trabajar, se calza la mochila y fumiga un poco el canal siempre con una camiseta de San Martín apretándole el pecho: “Ahora tengo puesta la roja y blanca. La que usé en el río para ayudar a los chicos ya no me queda, pero lo mismo la uso”, se ríe Miguel, quien se muerde las muelas cuando piensa en todo lo que las autoridades sanitarias no hacen, pero nunca pierde del todo la sonrisa.
“Fumigo con el veneno que mata mosquitos, el Vector 2.0 que mata mosquitos, cucarachas y alacranes. Aquí tengo el bote. Con la máquina que pude comprar con mucho sacrificio, en 5 ó 10 minutos fumigo una casa. Es una máquina profesional. Lo que más bronca me da es que es barato fumigar: el veneno cuesta 1300 pesos y trae un litro. Una tapita diluida en cinco litros de agua llena una mochila. Con cada mochila fumigo dos casas. Mirá de barato que es. Si más gente me llama voy a comprar otra máquina y pongo otro chango. Y así la gente va haciendo fumigar. Hay mucha gente que lucra con la necesidad de la gente. Yo me pongo el mameluco descartable, los guantes, los botines, las medias, y salgo a fumigar”, explica Miguel Giménez, quien hace trabajos con su primo Alberto y mañana fumigará el asentamiento del Lola Mora.
“Hay gente que no tiene para pagar ni 150 pesos. Si no tiene, le hago gratis. No lo hago por fama ni nada: lo hago siempre de corazón. No me gusta a mí hacer fama y menos con cosas que no tendrían que pasar. Hay gente que pone pasto seco en las casas, le prenden fuego y así se va el mosco: el humo lo mata. La gente necesita que fumigue, y yo le explico cómo hay que hacer. No queda otra. Entre todos nos tenemos que cuidar. Si los camiones solo pasan por las casas no alcanza. Hay que entrar a las casas. Y si me llaman, adonde sea, yo voy”.
Lo que no ha cambiado durante estos dos años en el héroe de Famaillá es el corazón, la necesidad de ayudar al indefenso, sea en un río que amenaza con llevarse a cuatro hermanitos, con un merendero en el fondo de su casa o ahora que el dengue amenaza a las familias más vulnerables, a los vecinos de Miguel en el barrio ex Aeropuerto, en el Lola Mora o el 11 de Marzo: “Hablando con los vecinos escuché la preocupación por el bicho que tienen. Junté el dinero, compré la máquina, el veneno y me puse a fumigar las casas. Ya voy fumigando 60”.
Mientras los avisos de fumigación no bajan de los 800 pesos y algunos superan los 1200 pesos, Miguel realiza el trabajo por 150 pesos: “Principalmente para poder comprar más veneno, ponerle nafta a la moto y llevar algo a mi casa. La gente humilde no te va a pagar 800 ni 1200 pesos una fumigación. Ya que los políticos no se acercan al barrio, ya que ellos son los que tienen que mandar a fumigar y no lo hacen, lo hago yo”.
“Cobro 150 en cada casa para que la gente haga fumigar. Está lleno de mosquitos el barrio por todas partes. El camión de la Municipalidad pasa por la calle, fumiga las calles, pero el mosquito está dentro de las casas. Yo estoy en el barrio ex Aeropuerto, en la calle French. He empezado el lunes: voy fumigando como 60 casas. A la gente le gusta que le fumigue la casa. Mañana voy a empezar el 11 de marzo, todas esas casas humildes a la orilla de la vía. Son unas 70 casas más las que tengo pensado hacer”, relata esta noche en diálogo con el tucumano.
Mientras el mameluco y los objetos de protección que usa Miguel Giménez cuelgan de la soga como cada noche después de trabajar, se calza la mochila y fumiga un poco el canal siempre con una camiseta de San Martín apretándole el pecho: “Ahora tengo puesta la roja y blanca. La que usé en el río para ayudar a los chicos ya no me queda, pero lo mismo la uso”, se ríe Miguel, quien se muerde las muelas cuando piensa en todo lo que las autoridades sanitarias no hacen, pero nunca pierde del todo la sonrisa.
“Fumigo con el veneno que mata mosquitos, el Vector 2.0 que mata mosquitos, cucarachas y alacranes. Aquí tengo el bote. Con la máquina que pude comprar con mucho sacrificio, en 5 ó 10 minutos fumigo una casa. Es una máquina profesional. Lo que más bronca me da es que es barato fumigar: el veneno cuesta 1300 pesos y trae un litro. Una tapita diluida en cinco litros de agua llena una mochila. Con cada mochila fumigo dos casas. Mirá de barato que es. Si más gente me llama voy a comprar otra máquina y pongo otro chango. Y así la gente va haciendo fumigar. Hay mucha gente que lucra con la necesidad de la gente. Yo me pongo el mameluco descartable, los guantes, los botines, las medias, y salgo a fumigar”, explica Miguel Giménez, quien hace trabajos con su primo Alberto y mañana fumigará el asentamiento del Lola Mora.
“Hay gente que no tiene para pagar ni 150 pesos. Si no tiene, le hago gratis. No lo hago por fama ni nada: lo hago siempre de corazón. No me gusta a mí hacer fama y menos con cosas que no tendrían que pasar. Hay gente que pone pasto seco en las casas, le prenden fuego y así se va el mosco: el humo lo mata. La gente necesita que fumigue, y yo le explico cómo hay que hacer. No queda otra. Entre todos nos tenemos que cuidar. Si los camiones solo pasan por las casas no alcanza. Hay que entrar a las casas. Y si me llaman, adonde sea, yo voy”.









