Top

Se fue de vacaciones el 9 de marzo y quedó varada en Bariloche: "Tengo miedo"

CORONAVIRUS

Maria Iriarte se fue de vacaciones unas semanas antes del confinamiento y todavía no pudo regresar a Tucumán: “Es una situación súper angustiante”, dice desde el hostel donde cumple con el encierro.

Cuando los días eran felices. Esta fue la última foto que se sacó María Iriarte antes de la cuarentena.





Lo que pensaba que iban a ser sus mejores vacaciones, la primera que hacía en total soledad, terminó siendo un martirio. Bah, “terminó”, porque la historia de María Iriarte aún no tiene un final, y mucho menos feliz.

Mery sacó sus pasajes en febrero, con fecha de ida el 9 de marzo y el regreso el 21: “Cuando se empezó a desatar todo el coronavirus y empezó a hablarse de una cuarentena obligatoria, cerca del 13, empecé a hablar con Latam, con quien tenía mis vuelos, para poder adelantarlos. A veces estaba 45 minutos, una hora y hasta una hora y media en espera, no me atendían. El único día que pude comunicarme sólo podían llevarme hasta Buenos Aires, no podían asegurarse que yo llegue hasta Tucumán. El día 19 se cerró todo y ya no pude volver”, cuenta en diálogo con eltucumano.com.

A partir de ahí comenzó una odisea la cual todavía está a la espera. “Hice una reprogramación con Latam para el 25, el día que tenía que estar retomando mi trabajo, y después directamente me lo cancelaron y me dijeron que tenía hasta diciembre para usar esos vuelos, que no me los podían reprogramar”

“A las dos semanas de la cuarentena, Aerolíneas era la única que empresa que seguía volando, tenían un vuelo por destino por día. Yo compré pasajes por ahí, los compré un viernes y el domingo me los cancelaron. Y desde ahí vengo con cuatro cancelaciones con esos vuelos y ahora se dice que ninguna empresa va a volver a volar hasta septiembre, así que volver en avión no es una posibilidad”, agregó. 


Luego de las cancelaciones de los vuelos, arrancó la segunda parte de la historia, volver en micro: “Los colectivos de líneas no están circulando, y los traslados humanitarios, que son para las personas que estamos varadas, los están manejando las municipalidades o gobiernos de cada provincia. Desde acá salieron muchos colectivos a Buenos Aires, porque la mayoría de los que estaban eran de Buenos Aires, salieron algunos a Córdoba, pero no salió nada al norte”, relata la joven.

Luego agrega: “La municipalidad me dijo que ellos están viendo y gestionando con cada una de las provincias todos los permisos correspondientes para que se pueda volver, porque cada colectivo que sale tiene que tener los permisos nacionales y autorizaciones provinciales y municipales para poder circular. Por cada una de las provincias que pase tiene que tener el permiso correspondiente. Y la autorización de la provincia destino de que se puede dejar gente ahí. Tucumán no estaba y creo que sigue sin estar permitiendo el arribo de personas a la provincia”.

Ese no es el único inconveniente que tiene María Iriarte para tomarse un colectivo y retornar a Tucumán. “Somos tan pocos los de Tucumán que no se justifica contratar un colectivo, según me dijeron, a menos que logren concentrar todos los que haya del norte y hacer un solo viaje que haga varias provincias”. Ante esta negativa, surgió la posibilidad de volver en taxi, pero el costo es de “75.000 pesos. Mis pasajes de avión salieron 6. Sinceramente es imposible volver a Tucumán con esa plata que me pedían. Encima no se puede viajar más de dos pasajeros, aparte del taxista”.

Lo cierto es que María comenzó a mover cielo y tierra para intentar retomar a la provincia: “Le escribí a José Cano por medio de las redes sociales, que él está gestionando colectivos para los varados que están en Buenos Aires, pero nunca me contestó. Escribí a la Casa de Tucumán en Buenos Aires contándoles mi situación, y me contestaron súper mal. Sin un gramo de empatía. En Turismo de Tucumán y la Municipalidad de SMT no me responde nadie. Es muy difícil tener contacto con ellos”, destacó.

Para sumar más momentos malos a una historia que parece de escrita por guionistas, María cumplió 31 años y tuvo que festejar lejos de los suyo: “Fue un cumpleaños raro, con mucha extrañitis. Muy complejo emocionalmente. Si bien mis viejos y mis hermanos se encargaron de hacerme llegar una torta hermosa, para que los sienta cerca, no estaban. Me hicieron una fiesta por Zoom, estaban todos con antifaces, pelucas, fue relindo. Los chicos acá en el hostel se portaron rebien, almorzamos todos juntos, la verdad que se encargaron de que la pase lo mejor posible, pero si fue complicado porque no estaba con mi familia. Fue difícil, muy difícil”, señaló con la voz quebrada y al borde de las lágrimas.

La situación no es para nada agradable. María es psicóloga y se encuentra trabajando para un callcenter, pero sabe que tiene que retornar urgente a sus actividades. “Es una situación super angustiante. Tengo miedo. Si bien sigo haciendo home office, sigo trabajando desde acá, hago teletrabajo. Tengo miedo que me descuenten el sueldo, tengo miedo de perder el trabajo por no poder volver. La verdad que la plata estaría siendo un problema”.

“Estoy en un hostel, estoy pagando. Si bien nos están haciendo consideraciones con los precios, sigo pagando hospedaje. Con todo lo extra, llevo gastados más de 30 mil pesos, porque desde el 21 de marzo que estoy pagando adicional en el hostel, más la comida, barbijos, alcohol y todo lo que se gasta para tomar los recaudos”.

Es difícil ponerse en la piel de alguien que la está pasando mal, lejos de los suyos y con miedo de perder el trabajo. “No veo las horas de volver a casa”, sentenció María Iriarte desde Bariloche, donde pensaba que iba a pasar las mejores vacaciones de su vida.