"Nos dijeron cosas feas": Adolfo y Petrona, los abuelos tucumanos que vencieron al Coronavirus
HISTORIAS DE ACÁ
Se contagiaron de covid-19 hace un mes. Gracias al trabajo sin descanso de los trabajadores del Hospital del Este, recibieron el alta el último fin de semana. El agradecimiento es inmenso, pero en esta historia no todo fue alegría. VIDEO
Adolfo y Petrona, toda una vida juntos. Las fotos son gentileza de la familia Chocobar.
Adolfo Chocobar y Petrona Rojas vieron cómo las siete camas de su casa en Anfama fueron quedando vacías, a medida que sus hijos se iban en busca de su propio destino. Cierta mañana llegó un vecino de Adolfo y Petrona, miró los cuartos y les sugirió poner un hospedaje. Adolfo y Petrona acondicionaron los cuartos, cambiaron las sábanas, regaron las dalias fucsias y las rosas rojas de la entrada, hicieron correr la voz por el pueblo, pusieron un cartel y comenzaron a llegar los visitantes pasajeros.
“Siempre fuimos gente de trabajo. De chico yo hacía monturas completas para los caballos. En Anfama nos criamos con mi señora. Y luego pusimos el hospedaje para la gente que iba a Tafí del Valle. Los hijos se fueron yendo. Tenemos siete hijos: Oscar, Valeria, Laura y Sonia viven en Ushuaia; Adolfo, Sandra y Walter, en Buenos Aires. Después de cuatro años sin verlos, este año con mi señora fuimos a visitarlos. Disfrutamos mucho de los nietos. En Ushuaia, mi hijo Oscar tiene una pollería: no sabe los arrollados que hace. Riquísimos”, le cuenta esta mañana Adolfo a el tucumano.
El viaje de Adolfo y Petrona para visitar a los hijos y nietos duró 25 días. Después de disfrutar de los paisajes de Tierra del Fuego, estuvieron unos días en Buenos Aires para ponerse al día con todos los hijos y los dos solos volvieron a Tucumán. Ya aquí, eligieron cumplir la cuarentena obligatoria en la casa de El Siambón donde viven con su nieto Edgar. En vano era abrir el hospedaje de Anfama sin turistas, pensaban Adolfo y Petrona cuando una noche a él le empezó a doler el estómago: “No podía comer nada. Todo lo rechazaba. Ese fue el primer síntoma”, relata el hombre de 73 años, al lado de Petrona, de 67, quien agrega: “Yo tenía tos, pero nunca pensamos que teníamos el virus”.
Edgar es el nieto de Adolfo y Petrona. Luego de hacer la secundaria en Ushuaia, volvió a Tucumán para cuidar a sus abuelos. A esa preocupación sana de nieto porque a los abuelos no les pase nada, a esa preocupación Edgar la sintió como nunca una mañana fresca de abril: “Estábamos desayunando cuando mi abuelo le dijo a mi abuela: ‘Me duele mucho el pecho’. Mi abuela estaba nerviosa. No sabíamos qué hacer y mi tía, desde Ushuaia, llamó a Tucumán y consiguió que nos mandaran la ambulancia. A las 12 del mediodía vinieron los médicos. Cuando nos pusieron los barbijos, le pregunté al doctor: ‘¿Que a mí también me van a llevar?’ Fuimos los tres juntos en la ambulancia al Hospital del Este. Cuando llegamos, ya cada uno por separado, nos sacaron sangre y nos hicieron el hisopado. Te meten el palito con algodón en la garganta y en la nariz. A mi abuelo le pusieron suero en el acto. Y esperamos los resultados”.
Adolfo y Petrona dieron positivo de Coronavirus. Edgar, no: negativo de Covid-19. Aislado en una cama del Hospital del Este, Edgar fue el encargado de ir dando las noticias por WhatsApp al grupo de la familia Chocobar, a los hijos que viven en Ushuaia y a los que viven en Buenos Aires, los siete hijos impotentes ante la imposibilidad de venir a Tucumán para estar cerca de sus padres, atentos a cada mensaje de Edgar, hijo de Oscar Chocobar, quien desde Tierra del Fuego le cuenta a el tucumano cómo vivió los días y las noches más difíciles: “Nos habían venido a visitar de vacaciones. Al llamarlos, cuando ya estaban en Tucumán, supimos que papá estaba mal y mamá con dolor de garganta”.

“No sabemos si fue en el avión o en el aeropuerto que se contagiaron. Pero se empezaron a sentir mal. Primero llamamos a la Policía de Tapia, ellos llamaron al 107 y los fueron a buscar. Cuando les dio positivo, fue horrible: 22 días sin poder hacer nada, todo el tiempo esperando los mensajes de Whatsapp. A veces mi hijo Edgar no tenía mucha señal en el Hospital del Este. Y a mí particularmente no me quería preocupar. Por ejemplo, yo no sabía que mi papá había ingresado a terapia intensiva. Mi hijo me decía que no tenía de qué preocuparme. Y cuando yo quería hablar con mi papá, mi hijo me decía que mi papá estaba en el baño o que estaban poniéndole el suero. Mi hijo y mi mamá ‘inventaban’ alguna excusa para que no me pusiera peor”.









