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"La ansiedad ya no es la misma": cómo esta nueva etapa de la pandemia afecta a los tucumanos

SALUD MENTAL

“Lo que predomina es la incertidumbre. La falta de certeza genera síntomas de ansiedad y angustia", explica el doctor José Ibarra, psiquiatra del Hospital Padilla. Qué nos pasa mientras todo esto pasa.

Pandemia en Tucumán. Foto: Tomás Posse.





“Lo que predomina es la incertidumbre. La falta de certeza genera síntomas de ansiedad y angustia. A su vez, esa ansiedad y angustia siempre tienen un tipo de repercusión. No hay forma que no tenga repercusión: todo el mundo va a acusar recibo de una manera u otra. El tema es sobre quién cae ese factor estresante: no es lo mismo que caiga en un fóbico, en un neurótico, en un histérico o en un obsesivo. Depende de la estructura mental, no solamente los fóbicos enfrentan esta ansiedad”. 


El doctor José Ibarra es psiquiatra del Hospital Padilla: desdoblado en sus obligaciones, detiene su coche a un costado de la ruta rumbo a Concepción donde una paciente lo espera para hablar con este diario y, como palabra autorizada que es, profundizar en cómo funciona la mente de los tucumanos y las tucumanas en esta nueva etapa de la pandemia que ya lleva más de cinco meses en el país: incertidumbre, falta de certezas, estrés, ansiedad, síndromes colaterales y nuevos desafíos han motivado la consulta en la semana con más casos por Coronavirus en nuestra provincia.


La falta de certeza, a medida que va pasando el tiempo, genera ansiedad. Es lo que pasó en Tucumán con este último retroceso de fase: cuando intentás salir y volvés a entrar, la ansiedad ya no es la misma, tiene otro valor. La ansiedad se divide en distintos momentos: tenés temor ante lo desconocido (los casos), pero como no llegan, se produce cierta relajación en la población; y ahora estamos en el momento cuando los casos y las muertes empiezan a aparecer con nombre y apellido”.


Tras el análisis sobre la pandemia en general, el doctor Ibarra se mete de lleno en la cuarentena en sí: “Los efectos que se producen durante la cuarentena tienen que ver con lo básico: la falta de dimensión de la problemática en sí hace que se pierda de vista la nueva normalidad. Es decir: debemos hacer consciente que esto que vivimos es una nueva normalidad. No tiene que ver con que si mañana se pasa. Es hacer presente algo que tiene que ver con la paciencia y la tolerancia”.


Quien lea esta nota extraña a un ser querido: quiere verlo, pero no puede. La distancia lo impide. Las autoridades sanitarias no lo recomiendan. Las reuniones sociales han estado en tela de juicio en los últimos tiempos: “No hay que descuidar el lazo social: las redes sociales permiten tener un vínculo, pero es importante preguntarnos qué valor tiene el lazo social más allá de las redes, más visto y considerando que este brote ha surgido en parte a causa de las reuniones sociales”.


Son momentos delicados para cualquier estructura mental y cada noche, ahora, en unos instantes, después de cenar, es uno de los estadíos más críticos del día: “Una de las consultas más frecuentes es la alteración del sueño: puntualmente el insomnio. Una sugerencia es que se trate de sostener el orden en relación al sueño. Cuando estamos sin poder salir, se desordena el sueño por la falta de la actividad y por la ansiedad a la noche que es el momento más crítico del día”.


A la pandemia por Coronavirus se suman efectos colaterales, miserias personales, colectivas, escraches, noticias falsas, audios virales, el daño: “Un tema muy importante a tener en cuenta es la información que manejamos. Ante la incertidumbre, lo más normal es que se busque esa información en cualquier parte. Y es, en este contexto tan delicado, que las fake news se hacen una fiesta por gente irresponsable que echa a rodar esos rumores. Por eso se recomienda informarse por los canales virtuales oficiales y de los medios de comunicación. Por supuesto que existirá siempre la duda sobre estos canales, pero permite al ciudadano obligar al que lo diga que se haga cargo de lo que dice”.


La irascibilidad, la bocina, el grito, la intolerancia está a la orden del día y afecta especialmente a los trabajadores y trabajadoras de la Salud: “Todo esto que está pasando sucede en medio de un contexto en el que se acusa recibo: se vive un estrés postraumático, pero con un trauma vigente. Vivimos con una conjunción de factores de miedo a la enfermedad, a lo económico, a lo familiar. Quienes convivan con personal que trabaja en Salud, con el que está en la trinchera, debe entender que esa persona ya no padece del estrés postraumático sino que sufre el síndrome de burn-out, es decir, de 'estar quemado'. Son momentos en los que todos aumentamos nuestra vulnerabilidad. Hay personas por tendencia más vulnerables, pero hay otros que, por más fortalezas que tengan, aumenta su vulnerabilidad y a esto el familiar de un trabajador de la salud lo tiene que tener en consideración. Debiera bajar un mensaje tranquilizador, apaciguador en la gente”, puntualiza Ibarra.


“Otro factor importante es la conciencia temporal: la readministración del tiempo es fundamental. Un punto a remarcar es una cuestión que tiene que ver con la familia en sí y es el acompañamiento a los niños en lo que, considero, ya tiene que ver con una exageración de estar con los niños. Es decir: sí acompañarlos, pero sin invadir los espacios del niño sobre todo en las actividades escolares. Hay que respetar los espacios a los niños. Y pensar qué hacer con el tiempo de cada uno: leer un libro, ordenar, ocuparse”.


“Hay algo también muy importante que tiene que ver con la salud en sí por fuera del virus: la gente está dejando de lado los controles de salud, sobre todo los mayores. Hay gente que los ha dejado de lado por el propio temor a salir y a contagiarse. Es fundamental que no se abandonen los controles en los casos de las enfermedades crónicas y sobre todo en las oncológicas”, remarca el doctor, en uno de los aspectos postergados por la crisis que ha generado el efecto pandémico.


Por último, el doctor Ibarra apunta a lo más básico del cuidado personal y a la concientización sobre la existencia del otro: “Hay recomendaciones cual manual de polenta Mágica, pero lo expresado está pensado más en la tucumanidad y en relación a la experiencia cotidiana. Es difícil trasladar mensajes homogéneos en un escenario tan heterogéneo. Hay que cuidarse. Por ejemplo: hay que naturalizar el barbijo. Mi barbijo a mí solo me va a cuidar muy poco, pero si estoy infectado al otro lo va a proteger mucho. Si al uso del barbijo lo ponés del lado de la obligación, puede generar en la gente una respuesta en el otro sentido, contraria, de rechazo. El uso del barbijo ya ni tendría que estar controlado. La gente debería cuidarse sola: si necesita un control es que hay un error de mensaje”.