"Se están diciendo cosas terribles": la propuesta de una madre ante los rumores por el crimen de Abigail
INSEGURIDAD
Noelia tiene dos hijas de la misma edad que la niña de 9 años brutalmente asesinada en Tucumán y anoche lanzó una convocatoria en las redes sociales que generó diversas repercusiones: "Hay que darle un giro a tanta violencia".
Continúan los rastrillajes. Foto: Ministerio Público Fiscal.
Ayer Noelia estaba acomodando los juguetes de sus hijas cuando le tironearon del jogging con un pedido: “Mamá, ¿podemos salir a jugar?”. Noelia estaba terminando de ordenar las cosas de dos niñas de 8 y 7 años cuando suspiró un rato, pensó un poco, demoró la respuesta y les dijo: “Bueno, pero aquí nomás. No se vayan a ningún lado. No jueguen donde yo no las vea”.
Siempre el cuidado de los adultos sobre sus hijos se las ingenia para no dejar de hacer cosas con un ojo y a través del rabillo del otro estar atentos a lo que hacen: aguzan el oído, bajan el volumen de la o la radio cuando no los escuchan, salen a abrir la puerta, comprueban que están ahí en el pallier de una manzana del Oeste II o en el cordón de la vereda del San Gabriel, del San Expedito, del 260 Viviendas, del San Miguel, de barrios separados por unas cuadras pero unidos por el temor desde que asesinaron a Abigail, la niña de 9 años que conmueve a Tucumán.
“Como madre uno siempre tiene los resguardos. No les permito que mis hijas se vayan de mi vista, juegan con los chicos del block. Les digo que no pueden bajar hasta la planta baja. Uno está totalmente sensibilizado por este caso”, le explica Noelia a el tucumano esta mañana mientras los rastrillajes y patrullajes de la Policía y Gendarmería siguen en la búsqueda del homicida.
Sin entrar en detalles, Noelia relata cómo les ha contado a sus hijas de 8 y 7 años lo que ha pasado con Abigail: “Cuando fue la situación, les dije: ‘Miren, chicas, se ha perdido una nena por estar jugando lejos de la casa. Se fue lejos de donde estaban sus padres y no la encuentran’. Eso fue lo primero que les dije. Como mamá, creo que en la confianza está muchas veces el peligro. Les enseño a que desconfíen si un señor llega a decirles que quiere darles un perrito. Un poquito de miedo en los niños hay que inculcar para que no hagan cosas peligrosas”.
“Siempre les recalco: ‘Van a jugar pero donde yo las vea’. Cuando nos enteramos de la triste noticia, las senté y les dije: ‘¿Se acuerdan de la nena? La encontraron pero está muerta’. Sin entrar en detalles, les di la noticia cruda. No es algo liviano, superficial, cuando les digo que no se alejen. Es difícil para una mamá convivir con ese miedo: es una sensación de que si les pasa algo es la muerte, una parte tuya muere. Si les pasa un raspón o sufren una decepción, a uno le duele desde lo mínimo. Imaginate vivir lo que está viviendo la madre de Abigail. Por eso como madre trato de aprovechar cada momento: uno trabaja, tiene que hacerse tiempo para subsistir, pero alimentar este vínculo, hacerles sentir protección. Esto le pasó a una nena, pero no puede seguir pasando”.
Cuando Noelia mira a sus hijas esta mañana nublada de Tucumán, cuando las mira todavía dormidas, la comparación se le hace inevitable: “Me pongo en el lugar de la mamá de Abigail y me imagino el momento que debe estar pasando. Cualquier palabra que pueda hacerle llegar es oído sordo. Uno como madre se está culpabilizando por todo, pero uno no puede prever que se escape mi hija. Uno confía que es solo ir a jugar y volver, y en un abrir y cerrar de ojos, pasa lo terrible. No es culpa de ella lo que le pasó a Abigail, sino de toda una sociedad, de todo un sistema judicial, ineficaz, ineficiente, y este caso nos tiene que movilizar”.
Como en toda situación candente y noticia que se habla en cada mesa, en cada esquina, en cada grupo de vecinos, mensajes y audios abundan: “Hay que rociarlo con nafta”, “Tiene que sufrir lo mismo”, “Se busca vivo o muerto”, son algunos de los mensajes más “livianos” que se pueden reproducir de los miles que se multiplican: justicia por mano propia es una idea que está instalada en una parte de la sociedad, la foto del sospechoso con los brazos cortados circula por todas partes, se le conoce el apodo, dónde supuestamente vive y, mientras pasa el tiempo, los rumores sobre el presunto homicida son cada vez peores.
“No puede ser que una persona que haya estado dos días detenido, haya salido. Es el sistema de la puerta giratoria. Teniendo a alguien tan peligroso como este sujeto en las calles, en los barrios, merodeando las casas, ¿cómo es posible que no se da una alerta? Es un peligro. No puede estar conviviendo entre la sociedad. Se están diciendo cosas terribles. Hasta que habría violado a su propia madre. Se escuchan cosas verdaderamente difíciles de tolerar. Es una amenaza constante. Lo tenían atrapado para que no pueda suceder algo así como le ha pasado a Abigail y ha pasado. Hay cosas para revisar. Hay que buscar culpables. La sociedad tiene que hacerse escuchar. En el caso de la otra nena (Abigail, de 2 años), el peligro estaba en su casa (está detenido el padrastro). Hay que saber alejarnos de una persona agresiva”.
Luego de superar al Coronavirus cumpliendo el aislamiento, hay un tema que es el que más preocupa a la sociedad y que ningún aislamiento garantiza la salida, la cura, la armonía, la tranquilidad de respirar mientras las calles son tierra de nadie: “La inseguridad que vivimos es más profunda y más duradera que cualquier virus. Todos estamos indignados con esta situación que vivimos. Ayer lunes se había hecho una manifestación en la comisaría, pero fue poca la concurrencia. Mucha gente está aislada, pero hay que demostrar el apoyo a la causa”.
Es en este contexto tan delicado que vive la sociedad tucumana, es ante el grito de venganza, ante el alarido de alerta, ante las lágrimas de un padre devastado, ante un grupo de niños enterrando a su amiga en el cementerio del Norte, ante el pedido de renuncias en el Gobierno y ante los insultos a la Policía como la institución más cuestionada y en una situación absolutamente crítica desde que comenzó la pandemia, es ante todo este escenario que Noelia ha iniciado una convocatoria pacífica que implica en llevar un juguete a las puertas de la comisaría 12 para representar la inocencia perdida de Abigail y protestar de manera pacífica por la vida que le han quitado.
“Es una propuesta que sirve para demostrar nuestra presencia sin estar presentes. Llevar un símbolo a la vereda, un juguete podría representar la inocencia perdida de Abigail. Nos hagamos presentes a través de este símbolo y el miércoles a las 19 horas dejemos esta ofrenda en la vereda de la comisaría. Es una idea para darle otro giro a tanta violencia y agresión: he leído muchas cosas y queremos darle una vuelta a todo el odio que estamos sintiendo como sociedad: donar juguetes a una entidad que trabaje con los niños. Una manifestación pacífica. No sé cómo se saldrá porque hay muchas personas con ganas de protestar. Pero es en contra de la inseguridad en el barrio, de la desidia de los policías, de la justicia. Se compartió la idea y hubo muchísimas reacciones. Hubo muchísimos comentarios a favor y en contra. Algunos me dicen: ‘No vamos a lograr mucho, pero hay que hacerse notar’. La protesta no es un monopolio. Cada uno se puede expresar como lo sienta”.
“Mi idea es que sea algo pacífico, una ofrenda a la memoria de Abigail. Nos ha conmovido el caso a todos. La reacción del miedo no es la más adecuada. Hay que buscar que la calle vuelva a ser más segura. Nos prevenimos. El primer granito en todo este escenario es el que uno puede dar. Ese es el primer paso, no tiene que esperar que el paso lo dé el otro. Hay que educarnos. El peligro está en la calle, pero también puede estar en la casa. Mi idea de una propuesta pacífica surge por la crianza que tuve, por los principios, porque soy una persona sumamente diplomática. No trato de discutir con nadie. Hay que tratar de cortar la misma ola de violencia, buscar otra dirección, lo primero que sale es el recurso de la agresión. Hay que buscar una manera diferente, ya hemos probado gritando, quemando cubiertas, busquemos en otra dirección”, explica Noelia, quien deja su teléfono (0381 156-782968) para que quienes se sumen a su propuesta la ayuden con la logística de los juguetes y a las fundaciones de niños a las que se donarán.
Antes de que sus hijas se despierten, Noelia volverá a hablarles: “Tienen juguetes para distintas edades. Peluches, muñecas. Trato de inculcarles este sentimiento de seguridad, de empatía con otros niños, de hablar con ellas sin filtros. Creo que acercarse a los hijos con la idea de pedirles un juguete para donar y que el símbolo forme parte de la protesta pidiendo Justicia por Abigail es una buena forma de acercarse de cada padre o madre y hablar con los hijos sobre lo que está pasando. El cambio tiene que empezar de uno. Más violencia no sirve en estos momentos. Le demos un giro a todo lo que estamos viviendo. Que sea un caso que marque un antes y un después. Que cambien las estructuras de un sistema que no funciona. Y que las calles vuelvan a ser nuestras”.
Siempre el cuidado de los adultos sobre sus hijos se las ingenia para no dejar de hacer cosas con un ojo y a través del rabillo del otro estar atentos a lo que hacen: aguzan el oído, bajan el volumen de la o la radio cuando no los escuchan, salen a abrir la puerta, comprueban que están ahí en el pallier de una manzana del Oeste II o en el cordón de la vereda del San Gabriel, del San Expedito, del 260 Viviendas, del San Miguel, de barrios separados por unas cuadras pero unidos por el temor desde que asesinaron a Abigail, la niña de 9 años que conmueve a Tucumán.
“Como madre uno siempre tiene los resguardos. No les permito que mis hijas se vayan de mi vista, juegan con los chicos del block. Les digo que no pueden bajar hasta la planta baja. Uno está totalmente sensibilizado por este caso”, le explica Noelia a el tucumano esta mañana mientras los rastrillajes y patrullajes de la Policía y Gendarmería siguen en la búsqueda del homicida.
Sin entrar en detalles, Noelia relata cómo les ha contado a sus hijas de 8 y 7 años lo que ha pasado con Abigail: “Cuando fue la situación, les dije: ‘Miren, chicas, se ha perdido una nena por estar jugando lejos de la casa. Se fue lejos de donde estaban sus padres y no la encuentran’. Eso fue lo primero que les dije. Como mamá, creo que en la confianza está muchas veces el peligro. Les enseño a que desconfíen si un señor llega a decirles que quiere darles un perrito. Un poquito de miedo en los niños hay que inculcar para que no hagan cosas peligrosas”.
“Siempre les recalco: ‘Van a jugar pero donde yo las vea’. Cuando nos enteramos de la triste noticia, las senté y les dije: ‘¿Se acuerdan de la nena? La encontraron pero está muerta’. Sin entrar en detalles, les di la noticia cruda. No es algo liviano, superficial, cuando les digo que no se alejen. Es difícil para una mamá convivir con ese miedo: es una sensación de que si les pasa algo es la muerte, una parte tuya muere. Si les pasa un raspón o sufren una decepción, a uno le duele desde lo mínimo. Imaginate vivir lo que está viviendo la madre de Abigail. Por eso como madre trato de aprovechar cada momento: uno trabaja, tiene que hacerse tiempo para subsistir, pero alimentar este vínculo, hacerles sentir protección. Esto le pasó a una nena, pero no puede seguir pasando”.
Cuando Noelia mira a sus hijas esta mañana nublada de Tucumán, cuando las mira todavía dormidas, la comparación se le hace inevitable: “Me pongo en el lugar de la mamá de Abigail y me imagino el momento que debe estar pasando. Cualquier palabra que pueda hacerle llegar es oído sordo. Uno como madre se está culpabilizando por todo, pero uno no puede prever que se escape mi hija. Uno confía que es solo ir a jugar y volver, y en un abrir y cerrar de ojos, pasa lo terrible. No es culpa de ella lo que le pasó a Abigail, sino de toda una sociedad, de todo un sistema judicial, ineficaz, ineficiente, y este caso nos tiene que movilizar”.
Como en toda situación candente y noticia que se habla en cada mesa, en cada esquina, en cada grupo de vecinos, mensajes y audios abundan: “Hay que rociarlo con nafta”, “Tiene que sufrir lo mismo”, “Se busca vivo o muerto”, son algunos de los mensajes más “livianos” que se pueden reproducir de los miles que se multiplican: justicia por mano propia es una idea que está instalada en una parte de la sociedad, la foto del sospechoso con los brazos cortados circula por todas partes, se le conoce el apodo, dónde supuestamente vive y, mientras pasa el tiempo, los rumores sobre el presunto homicida son cada vez peores.
“No puede ser que una persona que haya estado dos días detenido, haya salido. Es el sistema de la puerta giratoria. Teniendo a alguien tan peligroso como este sujeto en las calles, en los barrios, merodeando las casas, ¿cómo es posible que no se da una alerta? Es un peligro. No puede estar conviviendo entre la sociedad. Se están diciendo cosas terribles. Hasta que habría violado a su propia madre. Se escuchan cosas verdaderamente difíciles de tolerar. Es una amenaza constante. Lo tenían atrapado para que no pueda suceder algo así como le ha pasado a Abigail y ha pasado. Hay cosas para revisar. Hay que buscar culpables. La sociedad tiene que hacerse escuchar. En el caso de la otra nena (Abigail, de 2 años), el peligro estaba en su casa (está detenido el padrastro). Hay que saber alejarnos de una persona agresiva”.
Luego de superar al Coronavirus cumpliendo el aislamiento, hay un tema que es el que más preocupa a la sociedad y que ningún aislamiento garantiza la salida, la cura, la armonía, la tranquilidad de respirar mientras las calles son tierra de nadie: “La inseguridad que vivimos es más profunda y más duradera que cualquier virus. Todos estamos indignados con esta situación que vivimos. Ayer lunes se había hecho una manifestación en la comisaría, pero fue poca la concurrencia. Mucha gente está aislada, pero hay que demostrar el apoyo a la causa”.
Es en este contexto tan delicado que vive la sociedad tucumana, es ante el grito de venganza, ante el alarido de alerta, ante las lágrimas de un padre devastado, ante un grupo de niños enterrando a su amiga en el cementerio del Norte, ante el pedido de renuncias en el Gobierno y ante los insultos a la Policía como la institución más cuestionada y en una situación absolutamente crítica desde que comenzó la pandemia, es ante todo este escenario que Noelia ha iniciado una convocatoria pacífica que implica en llevar un juguete a las puertas de la comisaría 12 para representar la inocencia perdida de Abigail y protestar de manera pacífica por la vida que le han quitado.
“Es una propuesta que sirve para demostrar nuestra presencia sin estar presentes. Llevar un símbolo a la vereda, un juguete podría representar la inocencia perdida de Abigail. Nos hagamos presentes a través de este símbolo y el miércoles a las 19 horas dejemos esta ofrenda en la vereda de la comisaría. Es una idea para darle otro giro a tanta violencia y agresión: he leído muchas cosas y queremos darle una vuelta a todo el odio que estamos sintiendo como sociedad: donar juguetes a una entidad que trabaje con los niños. Una manifestación pacífica. No sé cómo se saldrá porque hay muchas personas con ganas de protestar. Pero es en contra de la inseguridad en el barrio, de la desidia de los policías, de la justicia. Se compartió la idea y hubo muchísimas reacciones. Hubo muchísimos comentarios a favor y en contra. Algunos me dicen: ‘No vamos a lograr mucho, pero hay que hacerse notar’. La protesta no es un monopolio. Cada uno se puede expresar como lo sienta”.
“Mi idea es que sea algo pacífico, una ofrenda a la memoria de Abigail. Nos ha conmovido el caso a todos. La reacción del miedo no es la más adecuada. Hay que buscar que la calle vuelva a ser más segura. Nos prevenimos. El primer granito en todo este escenario es el que uno puede dar. Ese es el primer paso, no tiene que esperar que el paso lo dé el otro. Hay que educarnos. El peligro está en la calle, pero también puede estar en la casa. Mi idea de una propuesta pacífica surge por la crianza que tuve, por los principios, porque soy una persona sumamente diplomática. No trato de discutir con nadie. Hay que tratar de cortar la misma ola de violencia, buscar otra dirección, lo primero que sale es el recurso de la agresión. Hay que buscar una manera diferente, ya hemos probado gritando, quemando cubiertas, busquemos en otra dirección”, explica Noelia, quien deja su teléfono (0381 156-782968) para que quienes se sumen a su propuesta la ayuden con la logística de los juguetes y a las fundaciones de niños a las que se donarán.
Antes de que sus hijas se despierten, Noelia volverá a hablarles: “Tienen juguetes para distintas edades. Peluches, muñecas. Trato de inculcarles este sentimiento de seguridad, de empatía con otros niños, de hablar con ellas sin filtros. Creo que acercarse a los hijos con la idea de pedirles un juguete para donar y que el símbolo forme parte de la protesta pidiendo Justicia por Abigail es una buena forma de acercarse de cada padre o madre y hablar con los hijos sobre lo que está pasando. El cambio tiene que empezar de uno. Más violencia no sirve en estos momentos. Le demos un giro a todo lo que estamos viviendo. Que sea un caso que marque un antes y un después. Que cambien las estructuras de un sistema que no funciona. Y que las calles vuelvan a ser nuestras”.









