El tucumano que inventa de todo con sus manos, pero chiquitito
Historias de acá
Un bombero, un par de zapatillas o un consultorio odontológico, el joven Nicolás Viñarta recrea personajes y objetos en miniatura. Su historia y el secreto de este gran artista de lo pequeño: “Siempre he tenido el propósito de sacar cosas de la basura y transformarlas en algo similar a la realidad”. Mirá el video y las fotos de las obras.
Nicolás en su universo diminuto.
Una habitación de su casa en Villa Luján encierra todo un universo. Bomberos, soldados, el Topo Gigio, vehículos, instrumentos musicales, un árbol, un consultorio odontológico con todos sus instrumentos, una casa; cualquier cosa puede salir de ahí, pero mucho más pequeña que en el mundo real. Con elementos que encuentra en la basura y la habilidad de sus manos de orfebre, Nicolás Viñarta achica la realidad en su taller como el protagonista de “Querida, encogí a los niños”, esa película que todos vimos alguna vez en la pantalla de Canal 8 o Canal 10. ¿Cómo reproducir el mundo a escala con desechos? Las manos del joven tucumano guardan un secreto.
Si hace memoria, Nicolás descubre que a esas aptitudes de inventor las heredó de su abuelo, Alfredo Viñarta, profesor de tornería y amante de los fierros que solía despacharse con invenciones extravagantes como motos de tres ruedas. Cuando tenía apenas seis años empezó a imitar esas habilidades, pero lo que inventaba, lo construía a pequeña escala y era Alfredo quien coleccionaba esas creaciones. Con los años, fue perfeccionando sus técnicas, siempre autodidactas, pero mantuvo ese gusto por las pequeñas escalas. “No hago nada en tamaño real. Siempre estoy dispuesto hacer lo que sea, pero laburo con las miniaturas porque no gasto más que en pegamento, cinta, pintura y lo otro lo encuentro en la calle, en la basura, o le pido a los vecinos. La otra vez encontré una silla plástica sin una pata y parte de ese material se transformó en el casco de un bombero”, reflexiona el joven de 26 años.

Trinchetas, destornilladores, punzones, lijas, una sierra y pinceles; Nicolás no necesita de mucho más en esa pequeña habitación de su casa donde se pasa alrededor de cinco horas por día ensimismado en sus diminutas creaciones. Cualquier cosa del mundo real puede volverse un objeto que parece calcado, pero chiquito. Como el bombero de Estados Unidos, la última de sus obras. El casco, la máscara, las herramientas y hasta el traje que cosió con sus manos replican con exactitud hasta el más mínimo detalle. Según explica, lo imita todo a ojo y suele valerse de imágenes que busca por Google como modelo. Eso sí, nunca utiliza lupa ni tampoco planifica demasiado a la hora de encarar una de sus obras: “Lo que hago lo considero improvisar, yo no me pongo a hacer planos ni nada. Todo nace de un pedacito de cartón y ahí empieza mi cabeza a imaginar… tengo mucha imaginación. No me gusta laburar en serie, es imposible hacer una obra igual a otra”.

A Nicolás le queda una materia para recibirse de mecánico dental y como su novia es odontóloga decidió regalarle todo un consultorio, diminuto, pero consultorio al fin. Es que, al momento de crear algo nuevo, no se achica y busca desafíos cada vez más grandes y los deja chiquititos como el sillón, el torno, las luces y los instrumentos odontológicos que creó con sus propias manos. Como cuando fabricaba sus propios juguetes a los seis años, el aprendizaje fue de forma autodidacta y a prueba y error: “Todo lo que yo sé hoy en día lo he aprendido por mi cuenta. Soy una persona que pruebo, voy probando de una manera y de otra, a veces rompo algo y las vuelvo a hacer. Incluso me fabrico herramientas”. Un encendedor sin gas, una silla rota, una tela descartada o un pedazo de vidrio que otros descartan para él son elementos que pueden convertirse luego en parte de una pieza única e irrepetible. A su trabajo, lo define como el de un artista polifacético. Además de las miniaturas, hace mosaiquismo, teatro y recrea personajes para fiestas infantiles.

“Para mí para este trabajo no es paciencia lo que hay que tener como te dice todo el mundo, sino pasión, sentarte y decir voy a lograr tal cosa. Después, te sentís gratificado cada vez que cuando alguien te dice qué hermoso tu laburo, cómo los hacés”, cuenta este gran artesano de las miniaturas. Un soldado francotirador, el Topo Gigio, motos, camionetas, un bonsái, una guitarrita, un muñeco de nieve son algunas de sus tantas creaciones. Al principio, las fabricaba por el puro placer de inventar y luego las regalaba a familiares y amigos, pero después empezó a realizar trabajos por encargo. Cualquier cosa que le propongan, él se anima a hacerlo en pequeño tamaño y quienes deseen contratar sus servicios pueden contactarlo al teléfono: 3815994937. Si bien sueña con terminar su carrera y montar su propio laboratorio de prótesis y piezas dentales, nunca abandonará su pasión por las invenciones a pequeñísima escala, esas obras que forman parte de ese universo diminuto, pero sorprendentemente parecido a la realdad: “Toda mi vida voy a vivir haciendo esto, no es que quiera lucrar, lo hago porque me encanta y si le puedo sacar algún un beneficio a todas esas horas de trabajo, mucho mejor. Igual, no lo tomo como un trabajo, sino como diversión porque esta es mi pasión”.









