"Hace calor, pero las sonrisas no tienen precio": Ramón lo deja todo por los niños
HISTORIAS DE ACÁ
Desde hace cuatro años toda la familia Ortíz se pone manos a la obra con una misión: iluminar las sonrisas de los niños más postergados de Tucumán: su propia historia es difícil de contar y aquí abre su corazón. Y avisa: “No queremos nada de la política”. ¿Cómo sí se puede ayudar?
Ramón y Aaron lo dejan todo por los niños tucumanos.
“No te rindas nunca porque nunca sabes si el próximo intento será el que funcionará”, dice la foto de perfil de Ramón Ortíz, el Papá Noel tucumano del barrio San José que sale en su moto junto a su sobrino Aaron, quien oficia de duende, bajo el sol bravo tucumano: “Hace calor, para qué te voy a decir que no, pero las sonrisas no tienen precio. Y de paso bajamos la pancita”.
Desde hace cuatro años, la familia Ortíz se pone manos a la obra para tres ocasiones impostergables del calendario: “Para el Día del Niño nos disfrazamos de Piñón o Spiderman, para los Reyes Magos se suma mi hermano Nazareno y para la Navidad salgo con mi sobrino Aaron. Mi hermana Dora es costurera y nos hace los trajes. Elige una tela linda y salimos”.
La historia personal de Ramón es difícil: “Somos ocho hermanos y perdimos a mi papá de chicos. Mi mamá Norma nos crió sola. Para nosotros la Navidad es una fecha especial, que moviliza muchas cosas, ¿no? Sabemos de verdad lo que es no tener, pero con sacrificio pudimos salir a llevarle una alegría a los chicos: comida o juguetes. Preparamos arroz con pollo para la noche del 23 de diciembre y salimos a entregar las viandas”.
Doña Norma alista las viandas en su casa de la Rondeau al 2900 y desde ahí parte el Papá Noel con su ayudante en la moto: “Hay mucho hambre y vamos a todos los lados que podemos: a la Costanera, a San Cayetano, a San José, detrás de la Expo, al barrio 24, al barrio Samoré, a Villa Amalia, cerca del parque, a villa 9 de julio, hasta a un asentamiento en La Reducción, en Lules. Seguro antes del 24 volveremos”.
“Es un esfuerzo grande el que realizamos, pero tampoco queremos donaciones, plata ni nada de la política. Si en las casas quieren darnos un muñequito para los chicos, nosotros después le regalamos un cuadrito de Papá Noel”, explica Ramón, quien también se mueve en la moto por la zona del Hospital de Niños y la guardia del Padilla, donde se han vivido escenas difíciles de contar en este año 2020 marcado por la pandemia.
“Claro que ha sido un año difícil para muchas personas. Muchas personas han sufrido pérdidas. Para nosotros fue difícil por un tema ajeno al virus, pero perdimos a una hermana y a una sobrina por una infección en la muela. Pero como se dice: la vida sigue".
Desde hace cuatro años, la familia Ortíz se pone manos a la obra para tres ocasiones impostergables del calendario: “Para el Día del Niño nos disfrazamos de Piñón o Spiderman, para los Reyes Magos se suma mi hermano Nazareno y para la Navidad salgo con mi sobrino Aaron. Mi hermana Dora es costurera y nos hace los trajes. Elige una tela linda y salimos”.
La historia personal de Ramón es difícil: “Somos ocho hermanos y perdimos a mi papá de chicos. Mi mamá Norma nos crió sola. Para nosotros la Navidad es una fecha especial, que moviliza muchas cosas, ¿no? Sabemos de verdad lo que es no tener, pero con sacrificio pudimos salir a llevarle una alegría a los chicos: comida o juguetes. Preparamos arroz con pollo para la noche del 23 de diciembre y salimos a entregar las viandas”.
Doña Norma alista las viandas en su casa de la Rondeau al 2900 y desde ahí parte el Papá Noel con su ayudante en la moto: “Hay mucho hambre y vamos a todos los lados que podemos: a la Costanera, a San Cayetano, a San José, detrás de la Expo, al barrio 24, al barrio Samoré, a Villa Amalia, cerca del parque, a villa 9 de julio, hasta a un asentamiento en La Reducción, en Lules. Seguro antes del 24 volveremos”.
“Es un esfuerzo grande el que realizamos, pero tampoco queremos donaciones, plata ni nada de la política. Si en las casas quieren darnos un muñequito para los chicos, nosotros después le regalamos un cuadrito de Papá Noel”, explica Ramón, quien también se mueve en la moto por la zona del Hospital de Niños y la guardia del Padilla, donde se han vivido escenas difíciles de contar en este año 2020 marcado por la pandemia.
“Claro que ha sido un año difícil para muchas personas. Muchas personas han sufrido pérdidas. Para nosotros fue difícil por un tema ajeno al virus, pero perdimos a una hermana y a una sobrina por una infección en la muela. Pero como se dice: la vida sigue".
"No sabemos cómo vendrá la mano por el tema de las reuniones, pero la Nochebuena es algo lindo: se reúne toda la familia: con mis hermanos, con mi mamá, con mis hijas Bianca, Sofía y Victoria, esperando esa noche para compartir, para estar todos juntos, después de lo que significó este año, más que nunca”.







El gran Ramón, con sus tres hijas: Bianca, Sofía y Victoria.








