"La maternidad pone a las mujeres en clara desventaja frente a los hombres"
MI 8M
Tucumana, candidata a doctora en Ciencias Políticas y especialista de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social, Lourdes Jiménez Brito analiza en este 8 de Marzo que "es urgente distribuir las tareas domésticas y de cuidados entre todos y todas".
"El mundo no puede ser sostenido gracias a las tareas no remuneradas que las mujeres hacemos en el espacio doméstico".
La maternidad me explotó en la cara. Suelo usar esta expresión para denotar como su llegada puso mi mundo de cabeza y me llevó al borde del abismo. Me tocó ser madre siendo migrante —demasiado lejos de Tucumán— estudiante, sin redes familiares de apoyo y con recursos económicos limitados. Una combinación bastante difícil que hizo del primer año de maternidad —y de paternidad de mi compañero—el reto más desafiante de nuestras vidas. Experimenté en carne viva la enorme tarea física, emocional y social que supone gestar, parir y criar a un ser humano.
La maternidad es una tarea esencial de la reproducción social. Jamás será obsoleta puesto que de ella depende la supervivencia de la sociedad. Sus beneficios y las utilidades que crea son tan grandes y difíciles de cuantificar que no podríamos equiparar este trabajo con ningún otro. Las tareas de cuidado y crianza han recaído histórica y culturalmente como trabajo de mujeres. Esto ha llevado a que las madres en particular, pero las mujeres en general sostengan con su trabajo no remunerado el mundo reproductivo, lo que las sitúa en clara desventaja respecto a los hombres.
Paradójicamente, el mundo productivo —y remunerado— no sería posible sin esa carga de trabajo en manos de las mujeres que, con sus cuidados y tareas en el espacio doméstico, mantienen a los seres humanos del lado de la vida, impidiendo su muerte. Las mujeres no sólo gestan y dan a luz con su cuerpo, también alimentan, cuidan, visten, limpian y educan casi en forma permanente a lo largo de toda su vida. Entonces si la maternidad es un trabajo tan esencial e importante ¿por qué no es valorado, reconocido y ni siquiera remunerado?
La pandemia mundial derivada del Covid-19 vino a profundizar la división sexual del trabajo y hacer más grandes las brechas estructurales que socaban la igualdad de las mujeres. La suspensión de clases presenciales y la pérdida de los arreglos tradicionales de cuidados de niños y niñas, adultos mayores y enfermos, afectó en forma desproporcionada a las madres, ya que en ellas recayeron —y recaen— la mayor parte de estas tareas. Gracias al movimiento feminista, esta situación está permeando la esfera privada para posicionarse como un asunto público. Es urgente distribuir las tareas domésticas y de cuidados entre todos y todas, con una fuerte presencia estatal en la provisión de servicios de cuidados de calidad y asequibles. El mundo no puede ser sostenido gracias a las tareas no remuneradas que las mujeres hacemos en el espacio doméstico. Esta situación afecta nuestra dignidad, libertad e igualdad, predisponiéndonos a un mayor riesgo. Y es que la maternidad implica riesgos y costos diferenciales para las mujeres, lo que las pone en clara desventaja frente a los hombres, quienes no asumen los mismos costos cuando se convierten en padres.
En este 8 de marzo alzo la voz para demandar una protección adecuada que compense a las mujeres frente al riesgo social de la maternidad. Mientras las mujeres sigamos siendo injustamente responsabilizadas de las tareas domésticas, de cuidado, crianza y un largo etcétera, no podremos continuar educándonos, alcanzando mejores puestos de trabajo, ganando mejores salarios y conquistando derechos. Este 8 de marzo reivindico a la maternidad como una tarea esencial. Es necesario ponerla en el centro del debate político para demandar un nuevo pacto social y político que dignifique y valore nuestro trabajo.











