Una cita con la historia: Moisello y el desafío de estabilizar institucionalmente a San Martín
ANÁLISIS
El Pueblo ciruja eligió a su nueva Comisión Directiva y se ilusiona con un club renovado. Las elecciones vienen acompañadas de esperanzas y alegría. Entre promesas y propuestas de todo tipo, empieza una nueva etapa que se presenta a sí misma como la combinación exacta entre la continuidad y el cambio.
Rubén Moisello acompañado de Carlos Cisneros y Bruno Sogno, tras consagrase ganadores de la las elecciones en San Martín.
Un domingo de elecciones es siempre un domingo especial, distinto. Se respira ese aire de democracia al que en lo cotidiano no valoramos y dejamos que nos pase desapercibido como si nunca nos hubiera faltado.
Pero un domingo de elecciones lo sentimos, lo saboreamos, lo disfrutamos en nuestro pecho en cada respiración, porque tal vez ese día dimensionamos que al poder lo tenemos en la mano y lo depositamos en una urna a través de un voto.
No importa si esas elecciones son nacionales, provinciales, legislativa, o, como la de este domingo, de un club, porque ese día el ciudádano/socio siente ese orgullo propio de quién participa, elije y decide, hasta donde puede, por el futuro de su institución.
Ese poder, que cada uno ejerce poniendo un voto, es inconmensurable, y en San Martín, el Pueblo Ciruja lo ejerce mucho más de lo que parece y los socios eligieron una vez más a una nueva Comisión Directiva que estará encabezada por Rubén Moisello, como presidente; Carlos Cisneros y Bruno Sogno, como vicepresidentes.
Moisello, tras hacer su bajada triunfal por las escaleras que llevan a la platea alta y las oficinas donde se hace el conteo de votos, habló con los medios y dijo: “San Martín es muy grande, mucho más grande de lo que yo pensaba, aun cuando era gerente”, con esas palabras resume lo que fueron estas semanas de campaña en la que pudo percibir de cerca la pasión popular, la locura de un pueblo heterogéneo que no escatima a la hora de expresarse, dicho de otro modo un pueblo con el que no se jode.
El nuevo presidente de San Martín tiene vasta experiencia en cargos electivos, una larga trayectoria en el gremio La Bancaria avalan sus capacidades, además cuenta con experiencia en los pasillos del club, lo que son, sin dudas, auspiciosos pergaminos, pero él mismo sabe, como cualquiera lo sabría, que San Martín es otra cosa, y que esta institución no solo hay empleados de bancos, que los hay y muchos, sino también jueces federales, taxistas, carreros, verduleros, choripaneros, futbolistas, empleados de comercio, docentes, carpinteros, plomeros, periodistas, desocupados y profesionales universitarios egresados de todas las facultades. San Martín es el pueblo y, sobre todo, es el Pueblo Ciruja, ese que no es del gobierno, ese que es de la gente, ese que es de San Martín y de nadie más.
Roberto Sagra comentaba este domingo en voz alta en plena Ciudadela mientras se contaban los votos, que al hincha de San Martín no basta con llamarlo por teléfono, o tomarse un café para convencerlo de algo y que el hincha o el socio, termina votando lo que siente y cree mejor para su club y que los amiguismos se terminan cuando esta la camiseta de por medio.
En todo esto radica el principal desafío de la nueva dirigencia que asumirá esta semana: en estar a la altura de lo que una institución, no solo popular, sino por sobre todas las cosas pasional, requiere. Para eso tendrá que trabajar duro en varios puntos y en varias cuentas pendientes.
Por empezar, es inconcebible que un club con una convocatoria que tiene como piso los 15.000 hinchas y suele agotar las 30.000 entradas en venta bastante seguido, tenga tan solo 2700 socios en condiciones de votar y 2190 hayan concurrido. Augusto Gallucci, cuya página partidaria supera los 86.000 seguidores, definió el número de votantes como una “vergüenza”, mientras que algunos candidatos lo consideraron una buena cantidad teniendo en cuenta que fueron casi 1000 más que las elecciones pasadas, algo que es objetivamente cierto y que denota un incipiente crecimiento, pero crecimiento al fin.
Es uno de los puntos que durante la campaña en los que todas las listas hicieron hincapié: “Hay que ampliar la masa societaria”.
“Hay pocos socios porque es cultural”, dicen algunos; “la gente prefiere gastársela en cerveza y no pagar una cuota”, afirman otros. Lo cierto es que al hincha no hay mucho más que pedirle, cada quien junta el mango como puede para estar domingo de por medio en la esquina y vivir su tarde felicidad, más allá de los resultados de turno.
Ahora, si esa gente, dispuesta a subirse a una moto para recorrer medio país, viajar en ómnibus eternos a Puerto Madryn o Comodoro Rivadavia, no se acerca a pagar $300 de cuota, tal vez sea un poco de desidia de ellos, pero también de impericias de quienes, teniendo semejante público cautivo dispuesto a todo, no son capaces de venderles ni un caramelo.
Veremos si Moisello, Cisneros, Sogno y compañía rompen estas barreras y lograr que San Martín se acerque más a la gente y que no sea la gente la que tenga que perseguir al club. De conseguirlo, el éxito de la gestión estará casi asegurado.
Un punto importante, y muy mentado en la campaña, es la relación con AFA. Dependerá la cintura política que tengan para lograr jugar ese difícil partido que oscila entre la necesidad de reabrir canales de dialogo sin concesionar ante la cúpula de una entidad acostumbrada a la obsecuencia. En este punto, Sagra deja la vara muy alta generando un arma de doble filo que deberán saber manipular para no terminar heridos de muerte.
Otro desafío es el fortalecimiento institucional, terminando con el voluntarismo que es loable, pero no saludable. Moisello y Cisneros repitieron que “en San Martín no sobra nadie” y está muy bien que las puertas estén abiertas para todos, pero que eso no convierta al club en una estructura endeble a la que cada uno le aporta un ladrillo sin conducción alguna.
Es momento de dar paso a una gestión sólida que logre administrar, conducir y, sobre todo, gobernar al club con planificación y convicción. Todo esto será la base que para por fin, se logre consolidar un proyecto deportivo al que no se le vuelen las chapas a la primera brisa y los resultados sean la consecuencia inevitable de un trabajo previo.
El abrazo entre Galina y Moisello; la buena y sorprendente elección de Augusto Rodríguez; y la perseverancia y convicción de Adrián Seco; denotan un mayor involucramiento y madurez democrática de distintos sectores, incluso juveniles, en la vida política del club lo que es absolutamente interesante y plausible.
En este sentido, se viene generando un crecimiento y estabilización que ya está pronta a cumplir una década y que, con sus idas y vueltas, marca una evolución en la democracia del club.
Desde que los Autoconvocados iniciaron un camino de lucha que derivó un llamado a elecciones que consagró a Emilio Luque allá por diciembre del 2011, el Santo vive un lento, pero innegable crecimiento que ahora no solo debe consolidarse, sino acelerarse y estabilizarse.
Es cierto que Luque duró unos pocos meses y se pareció más a aquellos mandatos inconclusos que caracterizaban a las presidencias de los años 90, sin embargo, esa Comisión le dio paso a Garber-Sagra-Saab que decidieron no continuar, pero hicieron el traspaso como correspondía tras largos años sin que eso sucediera. Ahí llegó el turno de Mirkin y De Camilo que lograron un ascenso, construir una tribuna y, más que nada, dotar de cierta estabilidad al club.
Después, los socios decidieron que sea Sagra quién tome el timón que, sin prescindir de dos renuncias vicepresidenciales, y casi con muletas, como decía Balbín, terminó llegando al final de su mandato que se prolongó por una pandemia que caló hondo y golpeó por todos lados.
De todos modos, hubo elecciones, con cuatro listas y una que gana claramente por el voto popular de los socios que apoyaron la continuidad de un proyecto en lo que fue casi un plebiscito de la gestión de Sagra.
El presidente dice que deja un club sin deudas y también deja a uno de sus hijos como dirigente y a varios de los que lo acompañaron estos casi 4 años.
Soplan vientos de cambios y continuidad en dosis que parecen ser medidas. Es un coctail que tiene la receta justa de seguir con lo que hizo bien y mejorar lo que hizo mal, pero, como ya se sabe, de los dichos al hecho hay un largo trecho. Trecho que empieza esta semana y que desde el día uno hasta el último día de mandato, cuando los socios, ojalá que sean muchos más, elijan en otro domingo Ciruja y democrático a las siguientes autoridades.
Para eso falta mucho, demasiado, son más de 1000 días de trabajo y construcción de unos de los clubes más grandes de la Argentina los que se vienen por delante. El Pueblo Ciruja ya le entregó su confianza y las llaves a Moisello, Cisneros y compañía, y será el mismo Pueblo Ciruja quien los audite, supervise y revise en cada una de sus acciones. La mesa está servida y cita con la historia es ineludible, de ellos, de la nueva Comisión Directiva, dependerá que dirán las páginas del libro que se viene escribiendo hace más de 111 años.









