"La Ciudadela no es para cualquiera": la historia del técnico que no soportó dirigir a San Martín
HISTORIAS CIRUJAS
“Vos podés salir campeón en todos lados, pero acá es distinto: San Martín es muy grande. Inmenso. Hay que tener huevos para estar y además conocerlo al club".
El Federal A dejó malos recuerdos de la historia de San Martín. Fueron cinco años entre el 2011 y el 2016 en la que la institución tambaleó en más de una ocasión.
Son miles las anécdotas, hoy graciosas, que se desprenden de aquellos años. Una de ellas se remonta al año 2015, cuando un técnico abandonó el barco a la primera tempestad, cuando había cosechado la segunda derrota en 11 partidos, habiendo conseguido cinco triunfos y cuatro empates.
San Martín jugaba su cuarto año en el Federal A y la paciencia era cada vez menor. Hacía pocos meses se había desperdiciado una oportunidad en un torneo que ofrecía siete ascensos al Nacional B. La paciencia no abundaba en el Pueblo Ciruja y sus dirigentes lo sabían.
Claudio De Camilo, quien era el vicepresidente, lo recuerda en charla con eltucumano.com: “Contratamos a Darío Tempesta que era el técnico más cotizado de la categoría. Le trajimos todos los jugadores que nos pidió. Armó el plantel que quiso y cómo quiso. Yo no estaba tan de acuerdo con eso. Yo creo que los dirigentes debemos ponerles límites a los técnicos porque si no, se van en cinco fechas y quedás con las deudas”.
Tempesta había ascendido con Patronato, Guillermo Brown de Madryn y Douglas Haig de Pergamino, en los últimos años. Se había convertido en una especie de garantía de éxito que en Ciudadela estaba por verse.
“Recuerdo que sus entrenamientos eran extremadamente cortos. Lo normal es entrenar en turnos de dos o tres horas, él los hacía de menos de una hora. Una vez se lo recriminé y su respuesta fue que los entrenamientos no eran lo importante, sin que lo más importante era la fe. Era muy creyente e iba todos los días a misa, hasta cuando estábamos de viaje”, revela De Camilo.
“Una vez le dije: 'Mirá que yo también soy cristiano apostólico romano, pero me parece que Dios tiene problemas mucho más importantes para resolver que el resultado del partido entre San Martín y Américo Tesorieri de La Rioja'. Él me contestó que yo había perdido la fe en él”.
Esas respuestas no le gustaban al directivo que, al igual que la hinchada iba perdiendo la paciencia, y si bien al comienzo los resultados no fueron malos (cuatro triunfos y dos empates en las primeras seis fechas), el rendimiento iba desmejorando y en la séptima apareció la primera caída: fue derrota en Salta frente a Juventud Antoniana en un partido en el que San Martín fue una sombra.
El sábado 9 de mayo otra mala actuación ante San Lorenzo de Alem, Catamarca, dejaba al técnico al borde del abismo. Esa noche un zapatazo de Lucas Bossio parecía dar el triunfo al equipo, pero en tiempo de descuento llegó el empate que tenía sabor a nada.
El playón de estacionamiento estaba repleto de hinchas enardecidos con el equipo. La turba iracunda y Ciruja quería llevarse puesto al vallado policial que resistía, mientras puertas adentro del vestuario, jugadores, cuerpo técnico y De Camilo aguardaban que volviera la calma.
“Yo decidí resguardar a los jugadores y los hice salir uno por con custodia policial”, recuerda el doctor y agrega: “Tempesta estaba asustado, no quería saber nada con lo que estaba pasando. En un momento hizo cálculos y me preguntó: ‘¿Con quién salgo yo?’ y le contesté que él salía conmigo, los dos solos, total él tenía mucha fe, que era lo más importante”.
“Yo no tengo tanta fe como usted, Tempesta, pero confío en la fe suya, así que salimos juntos y sin custodia. Yo tengo la camioneta a dos cuadras, vamos caminando que con fe, no nos va a pasar nada, es cuestión de fe”, le dijo De Camilo al técnico.
Son miles las anécdotas, hoy graciosas, que se desprenden de aquellos años. Una de ellas se remonta al año 2015, cuando un técnico abandonó el barco a la primera tempestad, cuando había cosechado la segunda derrota en 11 partidos, habiendo conseguido cinco triunfos y cuatro empates.
San Martín jugaba su cuarto año en el Federal A y la paciencia era cada vez menor. Hacía pocos meses se había desperdiciado una oportunidad en un torneo que ofrecía siete ascensos al Nacional B. La paciencia no abundaba en el Pueblo Ciruja y sus dirigentes lo sabían.
Claudio De Camilo, quien era el vicepresidente, lo recuerda en charla con eltucumano.com: “Contratamos a Darío Tempesta que era el técnico más cotizado de la categoría. Le trajimos todos los jugadores que nos pidió. Armó el plantel que quiso y cómo quiso. Yo no estaba tan de acuerdo con eso. Yo creo que los dirigentes debemos ponerles límites a los técnicos porque si no, se van en cinco fechas y quedás con las deudas”.
Tempesta había ascendido con Patronato, Guillermo Brown de Madryn y Douglas Haig de Pergamino, en los últimos años. Se había convertido en una especie de garantía de éxito que en Ciudadela estaba por verse.
“Recuerdo que sus entrenamientos eran extremadamente cortos. Lo normal es entrenar en turnos de dos o tres horas, él los hacía de menos de una hora. Una vez se lo recriminé y su respuesta fue que los entrenamientos no eran lo importante, sin que lo más importante era la fe. Era muy creyente e iba todos los días a misa, hasta cuando estábamos de viaje”, revela De Camilo.
“Una vez le dije: 'Mirá que yo también soy cristiano apostólico romano, pero me parece que Dios tiene problemas mucho más importantes para resolver que el resultado del partido entre San Martín y Américo Tesorieri de La Rioja'. Él me contestó que yo había perdido la fe en él”.
Esas respuestas no le gustaban al directivo que, al igual que la hinchada iba perdiendo la paciencia, y si bien al comienzo los resultados no fueron malos (cuatro triunfos y dos empates en las primeras seis fechas), el rendimiento iba desmejorando y en la séptima apareció la primera caída: fue derrota en Salta frente a Juventud Antoniana en un partido en el que San Martín fue una sombra.
El sábado 9 de mayo otra mala actuación ante San Lorenzo de Alem, Catamarca, dejaba al técnico al borde del abismo. Esa noche un zapatazo de Lucas Bossio parecía dar el triunfo al equipo, pero en tiempo de descuento llegó el empate que tenía sabor a nada.
El playón de estacionamiento estaba repleto de hinchas enardecidos con el equipo. La turba iracunda y Ciruja quería llevarse puesto al vallado policial que resistía, mientras puertas adentro del vestuario, jugadores, cuerpo técnico y De Camilo aguardaban que volviera la calma.
“Yo decidí resguardar a los jugadores y los hice salir uno por con custodia policial”, recuerda el doctor y agrega: “Tempesta estaba asustado, no quería saber nada con lo que estaba pasando. En un momento hizo cálculos y me preguntó: ‘¿Con quién salgo yo?’ y le contesté que él salía conmigo, los dos solos, total él tenía mucha fe, que era lo más importante”.
“Yo no tengo tanta fe como usted, Tempesta, pero confío en la fe suya, así que salimos juntos y sin custodia. Yo tengo la camioneta a dos cuadras, vamos caminando que con fe, no nos va a pasar nada, es cuestión de fe”, le dijo De Camilo al técnico.
“El miedo que tenía ese hombre, pobre, yo lo hacía para hacerlo asustar un poco. Tenía la camioneta ahí abajo nomás y por supuesto que no lo iba a dejar solo. Yo sabía que tenía salir y dar la cara por San Martín como hice siempre y que me iban a putear de todos lados, pero había que salir, así que salimos juntos. Él iba pálido”.
Después de esa noche, el Santo jugó tres partidos seguidos de visitante: triunfo ante Andino en La Rioja, empate en Concepción ante los Cuervos y derrota en Palpalá ante Altos Hornos Zapla: “Yo no viajé a Jujuy porque él había declarado que se sentía muy presionado por la dirigencia. Yo sabía que lo decía por mi , así que preferí no ir para que se sienta tranquilo. Perdimos dando asco, fue un desastre el equipo y allá mismo renunció. No quiso volver nunca más a Tucumán, no estaba dispuesto a vivir otra noche como esa de la custodia”.
El argumento de Tempesta fue que faltaba un cambio en la conducción del grupo y pegó el portazo para nunca más volver: “Cuando nos juntamos para rescindir el contrato él me admitió que jamás había vivido una cosa así. Que él no tenía idea de la magnitud de San Martín, confesó que el club lo había pasado por arriba, lo había desbordado completamente, nunca más volvió a dirigir en el país”, cuenta De Camilo sobre el DT que tras un breve paso por el fútbol uruguayo ya lleva cinco años radicado en Ecuador.
“Vos podés salir campeón en todos lados, pero acá es distinto: San Martín es muy grande. Inmenso. La Ciudadela no es para cualquiera. Hay que tener huevos para estar y además conocerlo al club. Yo lo conozco muy bien porque mi crié en el club, pero San Martín no es para cualquiera”.

Darío Tempesta.

Claudio De Camilo.








