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"¿Te acordás de mí?": después de 20 años, el teléfono sonó y Corina atendió

HISTORIAS DE ACÁ

El llamado que cambió su vida, el regreso a Tucumán, su trabajo silencioso con Alcohólicos Anónimos y un testimonio imperdible que, si tienen un minuto, merece ser leído.

Corina Carabajal.





La licenciada Corina Carabajal actualmente vive en Merlo, corazón del conurbano bonaerense. Volvió a su Tucumán querido por unas horas para el encuentro abierto y gratuito Transmitir es vivir en El Cadillal, organizado por Alcohólicos Tucumán. Es la Presidenta Coordinadora de Servicios Generales de la comunidad y su regreso viene cargado de memorias como aquel día que abrió la primera puerta a este mundo que trabaja con la enfermedad, el que comenzó con un llamado ocurrido hace 20 años, un llamado que Corina atendió: “¿Corina, te acordás de mí? Te pido perdón”.

“Pasaron 20 años de aquel llamado. Así empezó todo. Es el sentimiento que se trata en el paso 8 y 9 de los 12 pasos del programa de Alcohólicos Anónimos: es cuando el enfermo alcohólico, en este caso la persona que me llamó, hace un inventario de a cuántas personas ha dañado. Si suma y construye, lo hace. Si no es conveniente, no lo hace. Pero hacer ese inventario es necesario, cura cicatrices. Aunque la cicatriz queda en la piel, permite continuar. El programa es muy amoroso, contiene, suma, incluye, da esperanza, paradójicamente no tiene fisuras”, relata Corina en diálogo con el diario el tucumano.

Antes de ser presidenta de Alcohólicos Anónimos, Corina ha pasado por distintos roles y servicios en la comunidad: “Nuestro co-fundador Bill W. fue tan agraciado en armar el programa de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos que ha pensado hasta en  el principio de rotación: un miembro de la comunidad no puede estar más de cuatro años en el mismo rol. Esto permite continuidad y el objetivo de seguir en sobriedad y de llevar el mensaje al que está sufriendo: para ellos, la comunidad de AA es la vida, les permitió estar acá, que la familia los acompañe, recuperaron a su familia, volvieron a sentir esos abrazos que no podían disfrutar cuando estaban en carrera como se dice cuando no conocían Alcohólicos Anónimos”.

Pese a que Corina es un miembro de la comunidad no alcohólica, cumple un rol fundamental en la estructura de la misma: “No puedo hablar en primera persona porque no soy alcohólica. Sí te puedo decir que el enfermo alcohólico comprende al enfermo alcohólico y decide volver a nacer cada 24 horas. Es muy fuerte. Es como un niño que quedó suspendido en el tiempo”.

“Por eso es importante que la sociedad no lo vea como una población de descarte, empezando por la familia: a veces no se lo invita a una fiesta a ese individuo porque es el problemático, porque es el que comete faltas, pero es un enfermo que no tiene conciencia de su enfermedad hasta que la asume. Y hay que acompañarlo. Y la mejor manera de acompañarlo es estrechando esta orilla entre la comunidad de Alcohólicos Anónimos y el sujeto, lo cual no quiere decir que no acompañe un tratamiento psicológico o psiquiátrico”.  

“El alcohol no discrimina a nadie. Ni a pobres ni a ricos. La problemática del consumo del alcohol es para que tomemos conciencia como sociedad de que se está naturalizando ese consumo y muchas veces hacemos la mirada al costado”, remarca Corina con énfasis en este encuentro de camaradería organizado por la comunidad de Alcohólicos Anónimos que tuvo al doctor Gustavo Marangoni también presente.

“Es de eso que no se habla en la familia. De la población de descarte. Lo digo con mucho dolor: está tan estigmatizado el tema del alcohol que no nos permitimos ver que es una enfermedad que no tiene cura. Y no porque lo digo sino porque lo dice la Organización Mundial de la Salud: no tiene cura, pero sí tratamiento”.

“El que nos lea tendrá el privilegio de saber que Alcohólicos Anónimos es una comunidad de hombres y mujeres que tienen el deseo de dejar la bebida. Si tenés el deseo para dejar la bebida, en Alcohólicos no se cobran honorarios. Se aborda la problemática que mata al individuo pero también arrasa a la familia. Es muy doloroso porque de esto no se toma conciencia como tampoco de los factores de riesgo que causa esta enfermedad”, alerta Corina.

“Uno dice: ‘La causa es el beber, pero vos sabés que la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría manifiesta que las causas del beber son los instintos naturales del ser humano como la soberbia. Los defectos del carácter. Por eso es tan importante para el sujeto enfermo aceptar la enfermedad que es lo que se trabaja en el primer paso de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, esta aceptación, esta concientización”.

Sostiene y destaca Corina: “Hay más de 150 programas que han imitado el programa de Alcohólicos Anónimos, como Al-Anon, que es la estructura hermana, Alateen (para adolescentes), Narcóticos anónimos, Alco (contra la obesidad). La estructura es una pirámide invertida y está compuesta por comités conformados por profesionales. Todos los comités tienen la misión de estrechar las orillas entre la comunidad y este enfermo que sufre del alma. Digo que sufre del alma porque la sociedad puede ver solo la puntita del iceberg, pero debajo está una montaña de situaciones de tristezas y sufrimientos. Insisto: mata al individuo, pero arrasa a los que más quiere”.

Además del llamado que recibió 20 años después, Corina relata otra situación que la marcó para siempre y la unió a la comunidad: “En el año 2006 conocí a un alcohólico en la Facultad que me dio un folleto y me dijo: ‘Vengo a hacer información pública’. Me da el folleto, lo guardo. Al día siguiente, lo guardo. Y otra vez. Fue tan insistente que dije: ‘Otra vez este borracho’. Ahí me doy cuenta que tanto los profesionales como la sociedad tenemos una doble moralidad: hacia la vista, soy inclusivo, pero para dentro soy muy despectivo. Entonces de tanta insistencia, me dice: ‘Permítame que le hable’. Aparece con dos personas más, comienza a hablar de la patología, y me tocó el alma, me tocó como hija, como madre, esto de la previa, ¿somos parte o no somos parte? Me cambió. Me enamoré de la comunidad de AA”.

“Fui coordinadora en el comité de instituciones correccionales que para mí fue muy apasionado el servicio. Imaginate lo que para mí fue entrar al Penal de Ezeiza, al de Villa Las Rosas, de Salta, y poder permitirme ver a ese enfermo detrás de las rejas, detrás de los muros, que perdió su libertad quizás por el consumo del alcohol, por esta enfermedad, permitirme verlo, no juzgarlo, fue muy fuerte. Acá renacen cada 24 horas. Y como yo digo y que se entienda: ‘Enamorame todos los días’”.

¿Hasta dónde uno se involucra? “Son sentimientos. Y gracias a esos sentimientos son el motor y la fuerza para que el mundo conozca que en AA hay vida. He escuchado experiencias donde se han tocado el peor de los fondos, en situación de calle, mujeres. Lo hago por una cuestión de amor, estoy acá y lo disfruto: tiene que ver con una cuestión esperanzadora. soy madre y soy hija. A veces me dicen doctora, pero todavía no lo soy: soy enfermera. Quiero decirles a cada enfermera que llegara a leer esta nota y que trabaje en una institución de salud que sepa que es la que abre la puerta en una guardia, que es la que deposita en un box al paciente, quien le pone una vía para desintoxicarlo, quien le dice buen día, buenas tardes, y quien puede ponerle en conocimiento que existe una comunidad que se llama Alcohólicos Anónimos. Aquí estamos”.

Alcohólicos Anónimos Tucumán - Teléfono de guardia permanente: 0381-155379648