La grieta Ciruja: el ídolo con pies de barro de San Martín
análisis
Tras el gol errado ante Almirante Brown el lunes pasado, un sinfín de críticas e insultos cayeron sobre la figura de Gonzalo Rodríguez. La situación desencadenó la reacción de otros hinchas y jugadores que lo defendieron. Entre fanáticos y detractores, Turbo es el símbolo de una era marcada por las alegrías y las frustraciones.
(Foto: Corazón Ciruja)
Hay un cuento de Pedro Saborido que relata la relación entre un delantero ficticio de El Porvenir y su hinchada que no hacía otra cosa que putearlo independientemente de que juegue bien o mal: “Durante años Amuchástegui soportó ese coro de puteadas lanzadas desde la tribuna, aunque pocas veces les haya dado un motivo, ya que era un jugador de desempeño regular. Sin embargo, también era puteado cuando convertía un tanto. “Hiciste un gol, la puta que te parió” le gritaban los hinchas, que lejos de festejarlo, pedían al árbitro que lo anulara”, relata con gracia el escritor en su libro “Una Historia del Fútbol”.
En otro pasaje del cuento, el escritor agrega: “Este hecho, ya fuera de toda lógica, hizo que las autoridades del club sugirieran que, tanto Amuchástegui como los dos mil principales simpatizantes de El Porvenir hicieran terapia de grupo”. Cualquier similitud con la historia de Gonzalo Rodríguez y la hinchada de San Martín es mera coincidencia.
El lunes pasado, Turbo erró un gol increíble a pocos minutos del final lo que ocasionó un sinfín de críticas de una buena cantidad de hinchas que usaron las redes sociales para manifestar su enojo ante el futbolista.
Lo que diferencia a Gonzalo del Amuchategui de Saborido es que el tucumano no solo es blanco de puteadas, a veces exageradas e injustas, sino que también cuenta con defensores que a capa y espada recuerdan sus proezas e invitan al ejercicio de la memoria a quiénes lo insulten.
Fueron tantas las críticas e insultos que recayeron sobre el delantero que eltucumano.com las reflejó en una nota (vale aclarar que la nota se basó en la críticas y no al revés, como algunos parecen haber entendido). De hecho, las críticas y también insultos, existieron y eso es tan innegable como las alegrías que Rodríguez supo darle la hinchada Santa.
Por esto último es que hubo quiénes los defendieron, incluso, algunos ex compañeros también salieron al cruce de los detractores del aguilarense, entre ellos Ramón Lentini y Luciano Pons, dos que supieron conformar duplas recordadas con él.
Está claro que el delantero divide las aguas en el Pueblo Ciruja, la grieta entre Gonzalistas y Anti-Gonzalistas está más abierta que nunca y surge la pregunta: ¿Por qué causa tanto revuelo un gol errado por Turbo en un partido intrascendente?, ¿Los hinchas reaccionaron a este gol o hay algo más detrás de esas críticas?
Turbo debutó en San Martín hace ya más de 10 años, está formado en el club y vivió de todo con estos colores: descensos, frustraciones, ascensos, descensos, injusticias y nuevas frustraciones. En otras palabras, el jugador vivió en carne propia lo que vivió club y sus hinchas, que son lo mismo. El jugador es símbolo de una época que no es de las más felices de la historia del club, ni mucho menos.
Sobre Gonzalo Rodríguez recaen sentimientos muy marcados y muy pesados de la hinchada. En él convergen y conviven las frustraciones arrastradas durante casi 30 años, generaciones enteras que vivieron pocos momentos de gloria y muchas desilusiones; con la necesidad de tener un ídolo, un héroe, un nuevo Jacinto, un heredero de Carol, alguien a quién rezarle cuando la cosa viene jodida. Algunos esperan en un Gonzalo eterno, en blanco y negro, impoluto, intocable, como el Mariscal Blasco.
El problema es que Turbo no es ni una cosa, ni la otra: No tiene la culpa de que después de que muriera Mirkin la institución se la haya pasado a los tumbos, ni de que Ruiz Turitich haya errado el penal contra La Florida.
Cuando Gonzalo erra un gol, toda esa bronca que viene acumulada de años, brota por la piel de algunos, y es entendible, es esperable, es legítimo y, sobre todo, es el precio de no ser indiferente, de ser un símbolo. Que lo erre Noir, o Valentín Viola, o Ramiro Costa no es importante, porque nadie duda de su intrascendencia histórica.
Por el otro lado, están los fieles al delantero, los que no olvidan el gol en Andalgalá, o la corrida contra Sarmiento, el rendimiento en el clásico. Los que ven, o quieren ver, en Gonzalo a ese ídolo infalible, irreprochable.
Pero resulta que Rodríguez no es nada de eso, al contrario, es terrenal, mundano. Es ese jugador que cuando está en el banco el hincha pide que lo pongan, y cuando entra la tira afuera en un mano a mano. Es la esperanza que muchas veces es desilusión también. Siempre con entrega, siempre con sacrificio, con más errores que aciertos, pero se queda cuando todos se van, hasta Lentini y Pons, que hoy lo bancan, pero desde lejos.
Todo ídolo está idealizado, y el paso de los años enmarca en ese cuadro impoluto, tal vez a Gonzalo le llegue eso algún día. O Tal vez ya nunca, y ahora, en tiempos, donde hacer 10 goles te lleva, necesariamente, a otro club, haya que acostumbrarse a ídolos con pies de barro, rebatibles, discutibles, permeables a las críticas.
Tampoco es Rodríguez el primer jugador al que se le cae con injustas críticas y esto siempre corren con desventajas los tucumanos, porque más de una vez los hinchas pecan de cipayismo extremo y la paciencia con los jugadores de acá es mucho más acotada que cualquiera que viene de afuera. Sobran ejemplos históricos que avalan esta hipótesis: no tuvo la misma surte Lencina que el Anguila Gutiérrez a la hora de ser juzgados como los arqueros de los descensos; o alguien o no dejó mejores recuerdos, injustamente, Leone que Lucas Oviedo; solo por nombrar algunos.
Ojo, también hubo injusticias para algunos foráneos, como Bernal que la pedía siempre, que metió un gol en una final que venía mal parida, que pateó el penal más difícil de la historia, que nunca se escondía, que la rompía en los clásicos, pero que igual la gente no lo quería: Inexplicable. Pero a veces es así, la gente también se equivoca, y tiene derecho a equivocarse.
Si una de las grandes virtudes de Gonzalo es “estar siempre” y eso lo debería convertir en un intocable, me pregunto: ¿Los hinchas que lo critican, no están también siempre, acaso?, ¿No tendrás sus razones para criticar? Supongamos que algunas críticas hubiesen sido erradas, ¿No deberíamos perdonar o entender al hincha que da todo por el club, y a veces se equivoca con una crítica, tanto como a Gonzalo que da todo, pero a veces le erra al arco?
Ojo, también hubo injusticias para algunos foráneos, como Bernal que la pedía siempre, que metió un gol en una final que venía mal parida, que pateó el penal más difícil de la historia, que nunca se escondía, que la rompía en los clásicos, pero que igual la gente no lo quería: Inexplicable. Pero a veces es así, la gente también se equivoca, y tiene derecho a equivocarse.
Si una de las grandes virtudes de Gonzalo es “estar siempre” y eso lo debería convertir en un intocable, me pregunto: ¿Los hinchas que lo critican, no están también siempre, acaso?, ¿No tendrás sus razones para criticar? Supongamos que algunas críticas hubiesen sido erradas, ¿No deberíamos perdonar o entender al hincha que da todo por el club, y a veces se equivoca con una crítica, tanto como a Gonzalo que da todo, pero a veces le erra al arco?
Tal vez no sea tan descabellado lo que plantea Saborido en su cuento humorístico. Tal vez, Gonzalo Rodríguez y el Pueblo Ciruja deban hacer terapia de grupo, pera entender juntos que los tiempos de los ídolos inmaculados quizás nunca vuelvan y que Gonzalo no tiene la culpa de que hace muchos años las cosas no salgan.










