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"Es un baño de realidad": el agradecimiento de Víctor tras el calvario del Covid

Historias de pandemia

Víctor Tendler vino a Tucumán para participar del rodaje de una película y contrajo el virus. Ante el desentendimiento de su obra social, fue internado en el hospital modular de Banda del Río Salí. Los momentos críticos que vivió y las palabras para el personal de salud que le salvó la vida.

Víctor, agradecido con el personal de salud tucumano.





Solo, con 39 grados de fiebre y a más de 1200 kilómetros de su casa; la situación de Víctor Tendler al contraer Covid era desesperante. Cuando su salud comenzó a empeorar, no tenía cómo salir del hotel donde se encontraba cumpliendo con el aislamiento ni conseguía que una ambulancia lo busque para llevarlo a un centro médico. “Quedé muy solo porque la obra social no tiene cobertura en Tucumán y los de la ART no me daban ninguna respuesta. Uno queda en una situación muy endeble. No tenía cómo salir del hotel… Era algo muy kafkiano; una cosa muy burocrática que no tenés cómo superar porque no tenía forma de moverme”, explica el sonidista de 52 años que había venido desde Buenos Aires a la provincia para participar del rodaje de un documental de la directora salteña Lucrecia Martel. De la angustia y la desesperanza de los primeros días, a la calidez que encontró en el personal de salud que lo atendió mientras estuvo internado. De ese calvario que parecía sin salida al agradecimiento con quienes lo ayudaron en las horas más difíciles.   

Víctor llegó a Tucumán el 21 de mayo para trabajar como sonidista del equipo de filmación de la directora Lucrecia Martel, tarea que realizó en algunas películas emblemáticas del cine nacional como “Diarios de Motocicleta”, “El aura”, “Zama”, entre otras. Como indican los protocolos para los rodajes cinematográficos, los integrantes del equipo se realizaban hisopados día por medio y el 24 de mayo aparecieron los primeros casos positivos de Covid. Víctor supo que se había contagiado el virus tres días después mientras cumplía con el aislamiento en la hostería Atahualpa Yupanqui de Tafí Viejo. “Estuve ocho días en el hotel aislado. Estaba con mucha fiebre, con 39 grados permanentemente, aunque el oxímetro me daba que estaba saturando bien. Yo no lograba salir del hotel para hacerme los estudios porque la ART no me mandaba una ambulancia y tampoco me podía subir a un taxi contagiado”, relata lo que vivió los primeros días.

Por intermedio de la jefa de producción del film, consiguió que lo trasladaran hasta la Policlínica Municipal de Tafi Viejo donde le realizaron los primeros estudios que arrojaron que padecía una neumonía bilateral a causa del Covid. Como su cuadro requería de estudios complementarios, lo derivaron al área de febriles Hospital Avellaneda: “Ahí me trataron muy bien. Yo iba a hacerme el análisis nada más, pero cuando me examinaron me dijeron: ‘pará, sentate, vos no estás bien, tenés la oxigenación bajísima y bastante fiebre”. Dado que su estado de salud empezaba a complicarse, decidieron trasladarlo al hospital modular de Banda del Río Salí. Ahí pasó los momentos más críticos de la enfermedad.

“La pasé fulero. No llegué a la terapia, pero sentí que estaba cerca de la muerte”, confiesa Víctor que, en medio de lo desesperante de su situación, encontró en el personal de salud la contención y los cuidados para salir adelante durante la semana que permaneció internado en el lugar: “Sentí que los profesionales hacían lo que tenían que hacer. Todos tienen un nivel profesional y humano impresionante. El nivel de atención profesional fue espectacular. Uno sabe los sueldos que cobran y las condiciones tan duras en que trabajan y es muy meritorio lo que hacen. Es una realidad muy dura la que se ve porque la mayoría de los que van a parar ahí son los caídos del sistema y uno valora la onda que le ponen porque, a pesar de todo, lo hacen desde una empatía que es muy emocionante. Por ejemplo, ver a un médico sentado en la cama y conversando con un viejito que está solo. Fueron pequeños gestos que se valoran mucho”.


“Siento la necesidad de visibilizar el laburo que hacen y la empatía que tienen con todos los internados. A mí no me dieron el alta hasta que se cercioraron que estaba bien, trabajan con mucha responsabilidad… los médicos, las enfermeras, el pibe que te lleva la comida, todos… Me saco el sombrero. No sólo trabajan profesionalmente, sino que lo hacen desde un lugar de mucha calidez. Y no sólo conmigo, sino que lo hacen con todos”, destaca Víctor que, una vez recuperado y de vuelta en su hogar en Buenos Aires, lo primero que hizo fue crearse una cuenta de Facebook para publicar una carta en agradecimiento al personal de salud por el trato recibido. Y en esas palabras de profunda gratitud no quiere olvidarse de ninguno de los que lo ayudaron a salir de ese mal trance: los doctores Ignacio Messina, Cecilia Valdez Mibelli, Enzo Lorenzetti, Gustavo Sánchez y la Doctora Valdecantos. Al jefe de Enfermeros, el Licenciado Gómez, y el equipo de enfermeros de la guardia nocturna: Marcelino Vilca, Sofía Gómez, Daiana Vega, Paola Ruiz, Marta Ruiz. También a los auxiliares, a los kinesiólogos y al chico que le llevaba la comida del cual no recuerda el nombre.

“Creo que es un baño de realidad del país que tenemos. Con la pandemia, estamos en una situación muy frágil y, en el medio de eso, hay muchas cosas que son muy valorables. La verdad que yo estoy súper agradecido con la salud pública. Cuando las papas queman es el Estado el que está ahí”, dice Víctor y suspira ahora con el pecho henchido de aire y de agradecimiento para quienes lo salvaron cuando estuvo en juego su vida.