"Por favor no me critiquen, lo que hice fue por mi hijo: ya no quiero que sufra más"
HISTORIAS URGENTES
Fabián es un joven padre tucumano y relata lo que viven muchísimos tucumanos: "Sé que no soy el único, pero por favor no me critiquen, no me queda otra, y lo que pasó fue el colmo".
Jeremías, de 1 año y medio, y Fabián, de 26.
El 11 de mayo, Fabián Juárez le contaba su situación crítica al diario eltucumano, lo hacía sin filtros, con todo el dolor del mundo, permitiéndose quebrarse, abriendo su pecho y relatando lo que viven miles de tucumanos y tucumanas: ser padre de familia y no tener un trabajo para alimentar a su hijo. “Ya no sé qué más hacer: mi hijo es chiquito y me necesita, pero ya no sé qué más hacer”, relataba el joven de 26 años, oriundo de Leales, quien se había mudado a Villa 9 de Julio con la ilusión de conseguir ese trabajo tan anhelado.
Aquella primera entrevista, cruda, durísima de contar, difícil de escuchar en la redacción, generó una amplia repercusión en los tucumanos y tucumanas, quienes en su mayoría le sugirieron que trabajara en el limón, trabajo que Fabián Juárez realizó, como el que hizo como golondrina también fuera de Tucumán, o el que hizo instalando antenas de DirecTV o changas en albañilería y electricidad. Pero no hubo caso: nada.
“Estaba viviendo en Villa 9 de Julio con mi señora y Jeremías, pero no conseguí nada y te juro que he buscado por todos lados, pero nada. No he conseguido nada aún. Lo último que se me ocurrió hacer es salir con una bolsa a juntar cartón, aluminio, botellas, chatarra y venderlo en un corralón de la calle Chile para comprar los remedios más que nada del gordito. Cambia el clima y se me lo enferma, no hay caso. Y encima: pasó el colmo”.
Hace unas semanas, Fabián volvió de la calle con su familia y descubrió que le habían entrado a llevarse todo en la calle Martín Berho: “Me han dejado sin nada, hemos salido y cuando hemos vuelto se llevaron la garrafa, dos cocinitas, una tele, las cosas de mi hijo, un lavarropas y secarropas, las cosas que habíamos logrado conseguir con tanto esfuerzo de años. Entonces decidí volver a Leales, a San Nicolás de Leales, adonde vivimos en una casilla, dormimos los tres en una cama de una plaza para estar más calientes y al alba no me queda otra: salgo a caminar 20 kilómetros por las vías viejas del tren buscando chatarra para vender”.
Mientras Fabián camina por las vías buscando lo que ya no sirve, piensa en muchas cosas y algunas de ellas las comparte en este diálogo: “Al igual que me pasó con la primera nota, lo único que por favor no me critiquen, lo que hice fue por mi hijo: ya no quiero que sufra más, yo estoy pidiendo trabajo y no quiero que la gente critique, hay gente que me critica por mi hijo, por qué soy papá, o cómo no voy a hacer cualquier cosa por él. Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por él. No es fácil la vida que estamos viviendo. Solo tenemos mercadería: fideos más que nada y vivimos a guiso”.
“Trato de no darle importancia a quienes me critican, pero sí duele que te digan cosas: yo sigo luchando día a día. Hoy he salido a juntar cartón, aluminio, caminando, en una bolsita, botellas, lo que sea para llegar a comprar un nebulizador para Jeremías, pero acá en Leales está todavía más difícil. Acá la gente son humildes, los delegados parece que no les importa nada, solo llenarse los bolsillos. Fui a pedir una comuna que me ayuden con un trabajito, con lo que sea, y te patean todo el tiempo: que vuelva la semana que viene, que vuelva la semana que viene, que vuelva la semana que viene y así todo el tiempo”.
“Mientras voy por las vías, voy pensando, todo el tiempo voy pensando: pidiendo que Dios me ayude, que me ayude con mi hijo, con mi familia, reniego. Pienso cómo puede ser que no le pueda dar lo que se merece a mi familia, pienso en que no puede ser un fracaso de persona y salir adelante. Lo veo a mi hijo y me da fuerza y sigo adelante, pero cada día es más difícil: he tenido que cambiar el número de teléfono anterior porque se me rompió la pantalla y ya no veía nada. Ahora tengo un teléfono chiquito que me lo regaló un amigo", dice Fabián, cuyo actual celular para quienes deseen contactarse con él es 3816 60-3992.
Aquella primera entrevista, cruda, durísima de contar, difícil de escuchar en la redacción, generó una amplia repercusión en los tucumanos y tucumanas, quienes en su mayoría le sugirieron que trabajara en el limón, trabajo que Fabián Juárez realizó, como el que hizo como golondrina también fuera de Tucumán, o el que hizo instalando antenas de DirecTV o changas en albañilería y electricidad. Pero no hubo caso: nada.
“Estaba viviendo en Villa 9 de Julio con mi señora y Jeremías, pero no conseguí nada y te juro que he buscado por todos lados, pero nada. No he conseguido nada aún. Lo último que se me ocurrió hacer es salir con una bolsa a juntar cartón, aluminio, botellas, chatarra y venderlo en un corralón de la calle Chile para comprar los remedios más que nada del gordito. Cambia el clima y se me lo enferma, no hay caso. Y encima: pasó el colmo”.
Hace unas semanas, Fabián volvió de la calle con su familia y descubrió que le habían entrado a llevarse todo en la calle Martín Berho: “Me han dejado sin nada, hemos salido y cuando hemos vuelto se llevaron la garrafa, dos cocinitas, una tele, las cosas de mi hijo, un lavarropas y secarropas, las cosas que habíamos logrado conseguir con tanto esfuerzo de años. Entonces decidí volver a Leales, a San Nicolás de Leales, adonde vivimos en una casilla, dormimos los tres en una cama de una plaza para estar más calientes y al alba no me queda otra: salgo a caminar 20 kilómetros por las vías viejas del tren buscando chatarra para vender”.
Mientras Fabián camina por las vías buscando lo que ya no sirve, piensa en muchas cosas y algunas de ellas las comparte en este diálogo: “Al igual que me pasó con la primera nota, lo único que por favor no me critiquen, lo que hice fue por mi hijo: ya no quiero que sufra más, yo estoy pidiendo trabajo y no quiero que la gente critique, hay gente que me critica por mi hijo, por qué soy papá, o cómo no voy a hacer cualquier cosa por él. Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por él. No es fácil la vida que estamos viviendo. Solo tenemos mercadería: fideos más que nada y vivimos a guiso”.
“Trato de no darle importancia a quienes me critican, pero sí duele que te digan cosas: yo sigo luchando día a día. Hoy he salido a juntar cartón, aluminio, caminando, en una bolsita, botellas, lo que sea para llegar a comprar un nebulizador para Jeremías, pero acá en Leales está todavía más difícil. Acá la gente son humildes, los delegados parece que no les importa nada, solo llenarse los bolsillos. Fui a pedir una comuna que me ayuden con un trabajito, con lo que sea, y te patean todo el tiempo: que vuelva la semana que viene, que vuelva la semana que viene, que vuelva la semana que viene y así todo el tiempo”.
“Mientras voy por las vías, voy pensando, todo el tiempo voy pensando: pidiendo que Dios me ayude, que me ayude con mi hijo, con mi familia, reniego. Pienso cómo puede ser que no le pueda dar lo que se merece a mi familia, pienso en que no puede ser un fracaso de persona y salir adelante. Lo veo a mi hijo y me da fuerza y sigo adelante, pero cada día es más difícil: he tenido que cambiar el número de teléfono anterior porque se me rompió la pantalla y ya no veía nada. Ahora tengo un teléfono chiquito que me lo regaló un amigo", dice Fabián, cuyo actual celular para quienes deseen contactarse con él es 3816 60-3992.
"Yo sé que no soy el único que la está pasando mal: por eso le pido a la gente que de corazón quiera ayudarme, con un trabajo, que lo hagan por mi hijo, no sé qué más hacer, amigo. Yo sé lo que estoy pasando, sé lo que estoy necesitando, es un trabajo: no me critiquen por favor, yo sé que Dios les va a devolver el doble, por favor y muchas gracias”.

"Aquí vivimos".








