Más de 100 partidos, un gol, mil asistencias y las locuras de Arce que ya se extrañan en San Martín
El arquero se despidió del Santo donde disputó 102 partidos como titular. Dueño de una personalidad única y estilo que no negocia con nadie, El Negro supo ganarse el corazó del Pueblo Ciruja que hoy lo despide.
Es tiempo cumplido, Arce, al que le acaban de marcar el primer gol de la temporada en La Ciudadela, sube a buscar el empate. El centro del uruguayo Aguiar partirá de la esquina de Bolivar y Pellegrini.
La camiseta naranja flúor resalta en el área de Instituto, las cuatro tribunas repletas lo miran a él, al que nunca pasa desapercibido, se mueve y va sobre la pelota que ya vuela, se la lleva puesta, mitad muslo, mitas rodilla, pero es todo huevos. Arce lo empata, revolea la camiseta por el aire, mete pose de Hulk de cara a la tribuna y cumple con su sueño de arce un gol y al menos por un ratito sentirse delantero. Así se convierte en el primer arquero en anotar con la camiseta de San Martín, hasta ahora sigue siendo el único.
Con una personalidad pocas veces vista, Arce custodió el arco en más 100 partidos, ascendió, perdió el puesto y se fue, volvió y lo recuperó, mantuvo el arco menos vencido en dos temporadas, con récord de vallas invictas. En él caben todos los adjetivos que se le puedan endilgar a un arquero, todos los describen a medias, ninguno le termina de hacer justicia.
Capaz de dar pases gol con pelotazos de 90 metros, de tirar un gambeta en el área chica, de amagar ante la presión de los delanteros, Arce jamás fue tibio, mucho menos frío, la sobriedad no lo caracteriza, es para otros arqueros, no para él. Le pega tan bien a la pelota, que los centrales se la mueven a él en los saques de arco y no al revés, como hacen todos los equipos del mundo. A veces la tiene más que el 5 y se para en mitad de la cancha para mandarle equipo adelante.
Así, con pelotazos de él comenzó la remontada contra Dálmine y esa misma noche calculó mal, salió tarde y lejos, erró el manotazo y el equipo se quedaba a fuera por su culpa, pero Galeano lo salvó, y en las finales tuvo dos o tres atajadas claves para que Sarmiento no esboce siquiera una remontada.
En Primera no anduvo bien y Coyette lo prefirió afuera, Carranza aprovechó su ausencia y le arrebató el puesto. Se fue y volvió para ser pilar del equipo de la dupla, decidió quedarse tras la pandemia cuando otros se fueron.
El equipo se reconstruyó en torno a él y algunos más, la perdió dos veces contra Chacarita y costaron goles, pero se repuso y mantuvo 20 veces la vaya invicta y fue el mejor arquero de la categoría. Se animó probar de tiro libres, con el partido liquidado contra Gimnasia de Mendoza, lo que algunos tomaron como una gasta, pero no sabía que ya había hecho lo mismo ganándole por la mínima al campeón como visitante.
Con sus defectos y sus virtudes, Arce nunca renunció a su estilo, que como el mismo dice, fue puliendo, mejorando, pero jamás dejó de arriesgar, de ir al frente, de ser él mismo. “En San Martín lo di todo”, dice y no hay quien pueda dudarlo.
Te puede gustar o no, pero que Arce no es uno más en la historia de San Martín, ya no hay quien pueda negarlo. Arce es así, un poco de todo: el que te salva, el que alguna que otra vez te entrega, el que te infarta, al que puteas, el que despertaba un grito de “Buena Negro”. Arce es todo eso, y ahora también será el que vas a extrañar.
La trayectoria de Arce en San Martín
Nacho llegó a Ciudadela en 2017 de la mano de Diego Cagna, fue parte importante del equipo que consiguió el ascenso en el 2018. En Primera no tuvo buenas actuaciones, perdió el puesto con Jorge Carranza y migró a Instituto a mitad de campeonato también a pedido de Cagna.
Tras seis meses en Córdoba, el Negro volvió a San Martín para integrar el plantel conformado por Orsi y Gómez. Fue titular todo el campeonato, siendo la valla menos vencida de esa temporada que la AFA decidió suspender arbitrariamente. En ese torneo se convirtió en el primer y único arquero en hacer un gol jugando para el Santo.
Tras la pandemia, cuando parecía que dejaría el club se quedó a diputar el certamen transición como la temporada que se está terminando, donde volvió a ostentar la valla menos vencida del certamen, y llegó a cumplir los 100 partidos custodiando el arco Ciruja.
En total jugó 102 partidos, con 49 triunfos, 38 empates y 21 derrotas. Sostuvo el arco en cero en 47 partidos, marcó un gol y dio dos asistencias. Recibió 74 goles y es el arquero con el menor promedio de gol recibido de la historia del club: 0,74 por partido.








