"Le pedíamos a Dios que no nos golpeara nada más": la pesadilla de una policía tucumana
La mujer estaba sola de guardia cuando llamó a su marido, también oficial policial, para que la acompañara. “Iluminamos con las linternas y venían de todas las direcciones”.
Policía de Tucumán, testigos de momentos de terror.
La Policía de Tucumán guarda entre sus historias cientos de momentos que atormentan a sus efectivos durante las noches más largas. Es un trabajo difícil, una tarea que demanda muchas veces acceder a lugares inhóspitos, solitarios, vacíos, hasta que algo sucede…
De hecho, durante algunas transmisiones de Tucumán Paranormal, ha sido necesaria la presencial policial en las inmediaciones de cementerios, casas abandonadas y rutas de la provincia como la 307, una de las más vinculadas a testimonios estremecedores como los que compartió una mujer policía, de la comisaría de Acheral, quien recibió un llamado de urgencia, fue acompañada por su marido, también oficial de las fuerzas, y ambos fueron testigos de una pesadilla.
“Nos tocó vivir una situación de mucho miedo. Se trata de una familia del pueblo que vive sobre la ruta. Constantemente decían que por las noches, entrando la madrugada, les arrojaban piedras al techo. Yo estaba de guardia sola y en ese momento llamaron así que fuimos los dos. Recorrimos todo el terreno con linternas mirando y creyendo que a lo mejor eran personas que molestaban a esta familia, lo que desde ya nos parecía extraño porque generalmente, a las 2.30, la gente en el campo a esa hora ya descansa”, relata la efectiva.
“Nos quedamos en el lugar más o menos unos 15 minutos: conversamos con los dueños de la casa haciéndoles preguntas, en el hogar no había gatos y en las casas vecinas vivían gente adulta y de la tercera edad nos dijeron. Descartamos que sean niños o jóvenes los que arrojaban las piedras al techo de esa casa”, agregó, pero antes de regresar a la comisaría sintió el terror en carne propia.
“Antes de retirarnos volvimos a recorrer por afuera el lugar. No había nadie, solo se escuchaban los ladridos de los perros de la zona. Hasta ahí todo estaba en total tranquilidad y fue en un instante en que empezó una lluvia de piedras. Los animales se pusieron nerviosos y nos refugiamos en una galería de la casa. Fueron los minutos más largos de mi vida y el ruido era estremecedor. Fuera lo que fuera, nunca cesó de tirarnos piedras que parecían enormes por cómo caían sobre el techo. Todos estábamos asustados: iluminamos con la linterna y venían de todas direcciones”, indicó.
Y concluyó: “Fue aterrador lo vivido y terminé de creer que lo que producía eso no eran personas porque anduvimos todo el terreno y jamás vimos a nadie. Entre las piedras le pedía a Dios que no nos golpeara nada más. Fue terrible. Nos retiramos del lugar diciéndole a esta gente que lleven un cura para bendecir el lugar. Mucho miedo y preguntas sin respuestas”. De terror.









