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Del mejor comienzo al peor final: San Martín, el gol y nada más

análisis

El Santo lo ganaba desde el vestuario con un golazo de Jourdan, pero se enamoró demasiado rápido de un resultado que nunca terminó de construir y lo pagó con una justa derrota ante un rival que puso más entusiasmo que fútbol.





Los suplentes no se habían terminado de acomodar en los bancos, los titulares estaban todavía fríos, los hinchas seguían renegando, tratando de conectar el odioso TyC Play, cuando Jourdan ya festejaba el gol de San Martín. 

A penas un minuto iba, cuando Herrera la robó, Escalante mostró credenciales de crack y habilitó a Federico que definió perfecto entre las piernas del arquero Fernández que salía desesperado, despatarrado a evitar lo inevitable. 

Ese comienzo arrasador, ilusionaba, entusiasmaba, se veía venir un tarde fiesta, de toques, de goles, de nuevo triunfo, de tres puntos de oro. Parecía un mensaje al pasado y para el futuro, porque el San Martín de De Muner arrancaba ganando en la única cancha en la que había perdido, y con un gol tempranero, misma medicina con las que ellos, los de Alvarado, habían madrugado hace unos meses. 

Ese piñazo al mentón, que maduraba KO, no fue suficiente, ni contundente, porque el Santo pensó que con eso bastaba, y en lugar de buscar derribar para siempre a su rival, de liquidar el pleito y enterrar la diputa, se replegó, se resguardó en su rincón, a esperar, a defender, a confiar demasiado en la solvencia de siempre y en las impericias ajenas. 

La presión que había rendido frutos ni bien empezó el partido fue menguando, vaya a saber por qué: ¿Se cansaron las piernas? ¿No se pudo sostener la intensidad? ¿El rival se supo reponer, ajustar el control y no volvió a fallar? 

La respuesta tiene que ver un poco con todo eso: San Martín se enamoró demasiado temprano del resultado que estaba obteniendo, Alvarado con simpleza, paciencia y serenidad hizo pie en el partido, y para los 25 de la primera mitad ya dominaba la pelota de sin problemas, aunque sin profundidad. 

No le llegaban al Santo, esos es cierto, pero si lo dominaban, le movía la pelota de lado a lado: Vitale se hizo el eje de los locales, Chaves lo acompañó con calidad de siempre y Menéndez fue un problema sin solución en el terreno de Sosa y Diarte. 

Se extrañaba a Tino, se lo extrañaba horrores, porque aunque Larralde lo intentó, no hubo quién supiera congelar la pelota, tenerla un ratito, manejarla para frustrar a los del frente, para quitarles intensidad, para frenarles el crecimiento. No hubo nadie que cumpla esa tarea y San Martín perdió por escándalo la posesión del balón por primera vez en el torneo. 

Ya en el segundo tiempo, la cosa fue parecida, Alvarado ganaba las divididas, manejaba la pelota y San Martín hacía excesiva gala de su oficio para defender, como si el rival no jugará, como si con un gol al minuto y nada más, bastara para sumar de a tres. 

Hubo alguna contra, una de Sosa que terminó en el palo, otra que Abregú le metió un cañonazo que se fue cerquita. En esas dos chances pudieron haber marcado el segundo, el de la tranquilidad, pero no lo marcaron y Alvarado encontró en el banco de suplentes en dos minutos todo lo que había buscado durante 70 con los titulares. 

Mieres y Molinas, los dos recién ingresados se combinaron y la mandaron a guardar para empardar el resultado. Mérito de coyette, que resolvió con los cambios.  

Todo había nacido por un saque de arco de esos que están de moda ahora: un defensor se la mueve cortita al arquero y de ahí intentan salir jugando. No siempre se puede y esta vez salió mal, Sand apurado la lanzó sin mucha fuerza, en mitad de cancha se impusieron ellos, Diarte estaba adelantado, esperando la salida, se la abrieron a Mieres y ahí estuvo el empate que ya contamos. 

Ahora la piña fue al mentón de San Martín, y Alvarado supo que era su momento, se lanzó sobre el arco de Sand y otra vez Molinas encontró el ángulo y el triunfo. Dos minutos fatales que llevaron del 1 a 0 al 1 a 2 sin dar tiempo a la reacción. 

Ahora hay que buscar el empate, hay que remarla de atrás, pero no hay fuerza, ni lucidez, ni nada, por eso, llega el tercero: otro contragolpe, otra vez por la derecha, otro centro de Mieres, esta vez el que se la lleva puesta es Sosa. Gol en contra y partido liquidado. 

Manos vacía en una tarde que pintaba para otra cosa para un equipo que no supo aprovechar un comienzo de partido inmejorable ¿Exceso de confianza? Tal vez, a las respuestas las buscará el entrenador y también el plantel, porque lo único cierto es que hoy San Martín fue el gol y nada más y con eso solo no alcanza.