Geografía existencial: el canto a un estado mental al que no podés evitar volver
Agustín González Goytía, músico y pintor, pretende conservar el equilibrio en un proyecto artístico que se mueve en diferentes sentidos. Se presentará mañana miércoles con su banda en el Teatro Rosita Ávila. Entrevista por Jerónimo Cipriani.
Agustín Goytía, por Alina Bardavid.
Agustín me invitó a su taller en la 24. Hermosa calle para pasear, para comprarte unas alpargatas, para afilar un cuchillo o arreglar el celular. Venden pollitos, calefones, panchuques y mentisan (la pomada que lo cura todo). Venden lo que quieras.
Una calle viva la 24. Antes de llegar me crucé con dos tipos que iban a contramano por la calle tirando un pony uno, y tirando una llama el otro. Pensé si esa llama estaba acostumbrada o sufría el ruido y los autos que pasaban tan cerca. No sé porque no pensé en el pony. Pensé también en la particularidad del trabajo de esos hombres. Muy diferente, pero no tanto, a un domador de tigres.
Agustín me saluda desde la puerta y cruzo. Entramos por un pasillo y mientras abrió puertas y ventanas, me mostró la casa y la terraza, se hizo de noche. Ahora estamos sentados en un patio interno aislados totalmente del sonido de la calle.
-Contame de la fecha de este miércoles en el teatro Rosita Ávila.
-Esta es como la segunda fecha de presentación del disco. La primera fue en el Virla en diciembre. Pegamos un subsidio de nación (impulsar II) para hacer dos fechas. Conseguimos para estas dos fechas, para hacer en lugares con aforos de 300 personas. Como no se podía completar el cupo, te dan algo de guita para que no sea un desastre absoluto ($)
- ¿Se saca algo de eso? ¿En el Virla como te fue?
-No se saca un mango, he puesto plata de mi bolsillo. Es una inversión. Esta vuelta también va a ser poner plata de mi bolsillo. Para que sea redituable tenés que meter mucha gente. Encima hemos hecho un espectáculo con todo. Yo he puesto los telones, he pagado las luces, el sonido. Ahora estamos laburando más todavía, estamos laburando con Aida (Navajas), que va a hacer toda una puesta de luces con un mapping sobre un telón, y el Oli Alonso, uno de los creadores de La Zona, el mítico lugar. Él viene del teatro y también hace luces. Así que Aida está laburando con él. Arquitecta, pero con especialidad y orientación hacia lo escénico.
-Es una apuesta mayor a la del Virla.
-Claro, hablamos con Fernanda Obeid para que nos oriente en la producción de la fecha. Nos juntamos y hablamos de que ha pasado la fecha anterior, qué ha andado mal y qué ha andado bien, que se podría mejorar. Ella nos propuso trabajar con Aida.
-¿Se mantienen lxs mismxs integrantes?
-Es la misma formación. Marcelo Piñero en batería, Cristóbal Cadierno en bajo, José Villafañe en guitarra y teclado, Paulo Vera en guitarra y teclado, Pupy Nagle en pads y teclados. Esa la formación estable. Y se suma la Juli Isas que ya se sumó al Virla.
- ¿Canciones de los dos discos se tocarán?
-Sí. Serán 3 bloques, un bloque de Geografía existencial, en el bloque del medio El camino casi entero y después la segunda parte de Geografía existencial.
-Soy fan de Michael Stuar - Declara la paz mundial. ¿Qué opinas del primer disco de Michael Stuar?
-Yo creo que tiene toda la magia de gente queriéndose divertir mucho, saliendo de la adolescencia y haciendo las cosas con lo que tienen. De tener tiempo y colgarnos un montón improvisando y pasándola bien. Sin muchas pretensiones más que eso. Pretensiones creativas y de pasarla bien. Más la posibilidad de poder grabar en la casa de Seba con la computadora de sus viejos. En un altillo que era como la oficina de la familia. Probando cosas y sin prejuicios. Lo que rescato de ese disco, que estaba muy bueno y que hemos perdido en el segundo, es esa frescura y esa espontaneidad. Lo hemos hecho muy rápido, en seis meses. Sobre todo, en comparación con el segundo que ha sido de años. El disco aparte era un momento pre explosión de internet, las herramientas que hay ahora a ese momento es muy diferente. Es una revolución infernal, uno no se da cuenta de la revolución de internet, de lo que ha habido.
¿Cómo es tu relación con el segundo disco de Michael?
-La grabación del último disco se extendió mucho. El proceso ya era insoportable. Yo también estaba en esa en un momento, pero en otro, había que decir basta. Yo ya estaba en otra y quería pasar a otra cosa. Seba (Man) estaba más enganchado y quería seguir con la grabación. Querer seguir dándole vuelta a una tuerca, a un material que venía dándosele… O sea, a ese disco lo hemos grabado dos o tres veces. Lo hemos grabado una vez solos con Seba, como habíamos grabado el primero, después hemos decidido abrirnos a la producción de Juan Cruz. Y ahí empezó otro proceso, con otra gente, con las mismas canciones, pero volverlas a grabar de otra manera. Esta bueno, es válida la búsqueda larga, pero cuando se vuelve tan largo y tan tortuoso… y dadas las situaciones de la vida que se han ido explotando por todos lados. Qué se yo, no es un disco con el que yo me sienta tan representado, por algo he vuelto a grabar otras canciones de ese disco de nuevo. En este disco (Geografía existencial) hay dos canciones que son de ese disco. Cambié letras, cambié tonos.
-¿Y sentís que en las canciones solistas se perdió la frescura?
-No, creo que uno va aprendiendo cosas. Siento como que del primer disco de Michael al segundo hay un verdadero avance en la composición. Las del segundo disco ganan en longitud, en partes, es valioso eso. Creo que ha sido la práctica de componer. En ese momento empezaban a salir más cosas que tenían más forma de canción, que daban para más desarrollo instrumental y más texturas. Siento que algo parecido ha pasado en estos dos discos míos de solista. El camino es como la concreción de un proyecto truncado de hace varios años. Canciones que tenían 10 años por lo menos. Porque ese disco lo hemos empezado a grabar con el Mocho (Federico Orio), con José (Villafañe) y con Juan Cruz (Palacio). Ha sido lograr concretar ese grupo de canciones que ya estaban re mil tocadas y craneadas. Es más, Amigo, es del segundo de Michael y teníamos una versión que no quedó.
-Me parece que te sentís bastante cómodo laburando con Paulo Vera y José Villafañe, ¿no?
-Sí. Son colaboradores, son productores y arreglistas. Siento que la producción la trabajamos entre los tres, pero yo cedo bastante a ellos. “Veamos qué pasa”. Me gusta la idea de delegar cosas, “a ver q onda, ¿cómo van estos coros?”. “¿van bien o no? Hasta dónde hay que llegar. Encontrar esa gente que te pone límites, que te devuelve cosas.
-¿Moverías ese formato y trabajarías con otra gente para un próximo disco?
-Sí. Me parece que sería una linda experiencia. Me encantaría laburar con otra gente.
-En el proceso de hacer tu música ¿Estás al tanto de lo que está sonando para buscar frescura y despegarte de alguna forma?
-No escucho muchísima música actual. Me gusta Ariel Pink, pero lo que veo es que lo que hago es bastante clásico. Rescatar un sonido clásico de canción, el rock clásico.
-¿Por qué nombrás a Ariel Pink como referencia?
-Siento que él reúne montón de cosas que son buenísimas de la música. Hacer las cosas con lo que tenés ahí, como una porta estudio. La capacidad que tiene para componer melodías. Tiene una magia que para mí es la que tenía Bowie haciendo discos. Que por ahí lo escuchas en vivo y decías: no, es el disco, ahí logra una cosa increíble. Pero Ariel Pink me parece que logra una cosa increíble también en el vivo, me parece que lo supera. Malkmus también podría nombrarlo. Me parece un capo compositor. Tiene esa cosa del indie pero también esa cosa del blues, de la melodía. Tiene una guitarra increíble, toca en afinación abierta. Es un montón como guitarrista y como compositor.
-Y de algo que esté dando vuelta ahora en los últimos tres años, ¿qué te parece interesante?
-Me gustan mucho los Ases Falsos. Cristóbal Briseño me gusta mucho. Me parece muy impresionante y prolífico.
-Muy amplio su aspecto de canciones, ¿no?
-Es rock, se va del rock y puede hacer de todo con el legado de la canción latinoamericana. Un tipo que te puede hacer 100 canciones en un año, no sé, es monstruoso. La movida chilena es una locura.
-La movida chilena es impresionante, pero siento que se podría cerrar ese ciclo y refrescar la música, aunque sea con una intención. El electro pop, el sonido de sintetizadores y programaciones lleva mucho tiempo y es cansador. Termina de alguna manera quitando carácter a los músicos y músicas. Suenan todos parecidos, con ligeras diferencias, pero básicamente lo mismo. Súper estándar y súper afeitado, poco y nada de frescura queda ahí. Es más interesante en la música lo que sucede en las excepciones. Y por eso pienso en Michael Stuar como una banda que aún hoy, suena fresca.
-Me parece que es la búsqueda de poder entrar en ciertos lugares. Y que también está bien. Tengo la convicción de que si no cantas de cierta manera no te van a escuchar.
Lo que me parece muy bueno de Michael Stuar y toda esa movida tucumana era como querer hacer canciones desde acá, desde Tucumán. Cantando de una manera particular, sin querer parecer una banda porteña, por más estúpido que parezca esa premisa, es un montón. Cosas de lucha de los 90’s, del hardcore (y nos reímos). Yo soy consciente de que esto es un proyecto artístico 100% y que no va a tener las diez mil millones de escuchas en Spotify. Son canciones y también son un montón de otras cosas, son mis pinturas, es lo que hago como artista. No sé si va a ser así masivo y también sé que no me dedico 100% a la música, aunque lo hago de manera óptima y comprometida cuando lo hago. Pero soy consciente de que voy a salir a buscar o querer entrar en determinado público. No voy a ser Las pastillas del abuelo.
- ¿Ni siquiera como un giro loco de la suerte?
-No sé, tal vez siii jajaja. Tal vez la pegamos.
- ¿Que sería pegarla como músico, como artista?
-Tal vez pegarla es que todo se sostenga un poquito más. También son cosas de las que soy consciente y tengo la convicción de que van a llegar con el tiempo, también uno es joven. Soy consciente de que tengo dos discos y que tampoco he tocado tanto como Mi amigo invencible. Mi proyecto artístico se mueve en diferentes sentidos y tiene varias ramas. Pretendo conservar el equilibrio y poder unirlas cada vez más, que es un poco lo que intento en las puestas en escena. Pero que también llevan un montón de producción. Hacer un show con esos telones, esos visuales, es diferente a hacer un show en un bar, que está buenísimo, que lo vamos a hacer y que lo hacemos.
- ¿Por qué la decisión de elegir para tus recitales lugares más especiales que un bar?
-Creo que se dio de manera natural porque la propuesta de la pintura y la música llegan a un lugar escénico, a una puesta en escena. Y bueno, hay que ir a tocar a un teatro, a un auditorio. Es el contenedor natural de eso.
-Pienso que el sonido en Argentina está muy homogeneizado, por no sé qué razones, hay poco carácter. Supongo que por las redes sociales y un montón de otras razones que no las sé, sin querer y viendo afuera tanto unx se abandona. Desde la forma de hablar, de vestirte, de las cosas que elegís, la música que escuchas y como haces tú música o lo que sea que hagas. Ser creativo es más difícil.
-Siento que se escucha la música que se hace en Buenos Aires. Por eso hablo de Ases Falsos. Personalmente me siento mucho más cercano a Chile a Bolivia o Perú que a Buenos Aires. Por la idiosincrasia, aunque Tucumán tiene una idiosincrasia violenta porteña. Pero hay otros problemas, esa cosa de la cercanía con la montaña, con lo andino, toda la historia que tiene Tucumán con el Camino del Perú, con la colonia. O sea, siento que es mucho más fuerte lo que tira para Latinoamérica que para Buenos Aires. Son otros problemas, hay otra geografía.
- ¿De qué hablás cuando hablás de Geografía existencial?
-Es como esos lugares a los que siempre vuelve uno. Los que no podés evitar volver.
- ¿Es un espacio físico o interior y espiritual?
-Los dos me parece. Es un estado mental, que seguramente tiene que ver con una atmosfera particular, al que podés volver estando en la China. No sé, no quiero volver hablar de la pandemia y todo esto. Pero como que la pandemia ha tirado todo eso de “¿adónde nos vamos a meter ahora?”. El single tiene un poco de ese sentimiento de “qué ganas de volver a ese lugar”.
- Ahora que salió el disco, ¿lo seguís escuchando?
-Sii, lo re escucho. A veces me sorprende, “¿por qué lo escucho tanto?”.
- ¿Tenés una canción favorita de tu parte solista?
-Me gusta mucho El camino. Esas canciones son como paradigmáticas del disco. A Estación le tengo mucho afecto. Me parece que plantea esa cosa de la ciudad y el vagabundeo.
- ¿Me da la sensación de que siempre le cantas a un alguien, usando la tercera persona?
-Puede ser. Tiene algo lindo la perspectiva de hablarle a otro. Abre un espacio de profundidad donde pueden haber pasado otras cosas. Más que cuando te ponés en primera persona. Creo que también es una forma que pasa también en las pinturas. Intentar generar una profundidad-espacio donde poder meterse. En la canción también de habitar ese lugar del relato, del sonido. No sé, pienso en los primeros dibujos que hacía, que era como un espacio gigante había un montón de personajitos que se perdían, que se perdían, que se perdían. En las pinturas que estoy haciendo ahora, están bien metidas en la cuestión del espacio. Estoy tomando como referencia a unos telones que eran de un estudio de fotografía que se llamaba Luz y Sombra, estaba en la Maipú y Santiago. Un estudio que laburo todo el siglo XX y que tenían unos telones escenográficos, unos fondos para sacarte fotos. Son interiores de palacios, lugares de exterior, hay varios. Cerró el estudio y Darío Albornoz, fotógrafo e investigador, rescató los telones del olvido y los donó al MUNT. Entonces ahora estoy laburando en referencia a esos telones, creando nuevos espacios que son bastante oscuros. El telón de la puesta del Virla y de ahora en el Rosita es una versión de uno de esos.
- ¿Dónde tocaste antes de Michael Stuar?
-Yo toqué primero en Norman Bates, banda del Chueco (Eduardo Ferrer) que arranca con Bruno Masino, Gercho, Atilio Binaschi y Mariano García. Se va Bruno y estaban buscando guitarrista. Yo estaba haciendo teatro en El Círculo de la Prensa con Reyes y no sé porque lo conozco a Mariano en esas circunstancias de teatro y me dice: - ¿vos tocás? – sí, algo toco. Y empezamos. Era algo así como año ’97 ’98. Simultáneamente entro a tocar en Estación Experimental.
-¿Un disco tucumano?
-Los Chicles – Los chicles (2000)









