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San Martín, la vara alta, el respeto ganado y un empate con sabor a poco

análisis

El Santo se trajo un empate de Matederos que en otros tiempos hubiera sido festejado. Hoy, este punto tienen sabor a poco para los visitantes y fue festejado por los locales que se sintieron menos de comienzo a fin y no tuvieron ambición para ganar el partido.





“¡Tirala al áreaaaaa!”, se escucha hasta en Mataderos. Es el grito del Pueblo Ciruja, que desde Tucumán, o cualquier rincón del mundo, le dedica a Jourdan, que demora, que no se anima, y la manda para atrás propiciando una contra para Chicago en tiempo de adición. 

Al final no pasó nada, la contra se diluyó y el partido se esfumó, con un cero a cero que nadie hubiera firmado en el arranque, y es por eso que el empate es insulso, con gusto a poco, porque desde hace un tiempo que San Martín se planta como protagonista, dando la sensación de que lo puede ganar, que siempre los tres puntos están al alcance de la mano. 

En otros tiempos, un empate en Mataderos se hubiera festejado, este mismo análisis hablaría de “un punto de oro en una cancha difícil ante un rival siempre candidato”, pero hoy no, hoy no decimos eso porque San Martín elevó esa vara y empatar de visitante, tras un triunfo de local, sabe a muy poco, a casi nada. 

Es buen síntoma, habla de un equipo que genera expectativas, del que el hincha espera siempre más, habla también de una intención permanente por imponerse en el juego y en el resultado. 

Todo esto no solo se refleja en virtudes propias, sino en actitudes ajenas, porque ¿Cuánto hizo Chicago para ganar?, nada ¿Qué ambición mostró para quedarse con los tres puntos? Ninguna. El relator Julián Bricco de TyC Sports lo resume: “San Martín lo quiere ganar porque es más, es superior, no sé si tanto hoy, pero San Martín es más que Chicago”, el comentarista Lavecchia aporta: “Le sienta bien el empate a Chicago, no tiene apuros ni intenciones de arriesgar”, a eso lo percibimos todos, periodistas, relatores, hinchas de uno y de otro equipo, por eso desde las populares hay festejos cuando el partido se está por terminar, cantan, gritan como si fuera un triunfo. 

Hoy también San Martín es más que Chicago, por eso De Muner pone dos delanteros de área y deja una línea de tres atrás, porque quiere ganar, sabe que puede, por eso los locales no pasan mitad de cancha, se meten atrás, y aguantan, sin sufrir mucho porque San Martín se entretiene demasiado en pases entre los centrales y el arquero, a veces arriesgando sin sentido, porque cuando llega a los últimos metros siempre hay un toque de más, cuando la jugada pide resolución. Falta polenta arriba, más empuje, más peso. Falta decisión, esa es la palabra: decisión para llevarse tres puntos merecidos. 

Hay dos nueves de área, Maggi y Miritello, pero no hay centros, no se anima Diarte, tampoco Jourdan. A veces tantos toques salen bien, a veces se construyen buenas jugadas, muy buenas, pero lleva demasiado tiempo, y al final el rival asustado nunca termina de sentirse acorralado. 

Si estamos pidiendo mucho es porque este equipo invita a que se le exija, se sabe capaz de más, y nosotros también lo sabemos y lo exigimos. 

Pero lo que pasa hoy con Chicago pasa con todos los rivales: San Martín se muestra mejor, los otros se sienten menos, a todos les sienta bien el empate, a ninguno le interesa arriesgar demasiado. Es el respeto que infunde la roja y blanca en una categoría que le queda chica. El tema es que los jugadores se lo crean, no pedimos soberbia, no, al contrario, pedimos confianza en las capacidades que todos vemos. 

De Muner quiso ganarlo, hizo los cambios que pedía el partido aunque a Celiz y a Cano no le hayan gustado, esos eran los cambios. Después se lesionó Abreliano, debutante, más firme marcando que con la pelota en los pies, y ahí se animó a la línea de tres que no duró mucho por la amarilla de Herrera, pero alcanzó para plantar dos 9. No hay dudas, De Muner quiso ganarlo, y casi lo gana al final, con dos seguidas de Jourdan. No entraron y fue empate nomás, y no está mal, nada mal.