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Los brutos intentaron, pero no pudieron

OPINIÓN

El periodista Daniel Villalba reflota una parte triste de su vida, que se remonta a la década del 70, cuando la dictadura le arrebató a más de un ser querido. Con un sentido texto, homenaje a los suyos que ya no están físicamente, pero que permanecen en su memoria y en su corazón.

Foto de homenaje a desparecidos, un 24 de marzo. (Foto: La Tinta)


Hace un tiempo, en el Jardín de la República, los árboles, las flores y los jóvenes tenían la misma fuerza para crecer y embellecer la ciudad. Todo se llenaba con sus presencias, colores, perfumes y rebeldías. Vinieron unas nubes sin colores que taparon todo aquello y con gran capacidad destructiva quisieron fundar una ciudad gris.

Esas personas violentas y destructivas deseosas de poder se metieron por la fuerza en medio de lo que debía desarrollarse naturalmente.

Y desde ese lugar comenzaron a destruir todo lo que a ellos les parecía lindo e inteligente. Por la fuerza entraron el cuerpo de muchos para romper con la idea de lo sutil. Por el miedo se metieron en el pensamiento de otros y con la soberbia y la violencia del poderoso empezaron a destruir la libertad de lo natural.

Pero la mayoría de esos jóvenes, flores y árboles siguieron dando en cada minuto de sus existencias sus presencias en defensa de la belleza de la libertad. Aparecieron poemas, cuentos, hojas más verdes y flores más bellas. Perfume de amor y convicción comenzaron a recorrer las calles del Jardín de la República. Algunas flores eran pisoteadas en la plenitud de su desarrollo, otras se escondían para seguir pintando con los más brillantes colores y las restantes sufrían cada vez, que los que nunca entendieron la belleza de la libertad, les quitaban los pétalos uno a uno.

Hasta el último suspiro aguantaban las agresiones de aquellos que no tuvieron la oportunidad de entender y disfrutar la hermosura imponente de un árbol, la palpable realidad de una flor y el libre pensamiento de un joven.

Pero hubo una vez que toda esa pesadilla dejó de serlo, entonces los árboles, las flores y los jóvenes tucumanos comenzaron a soñar de nuevo.

Por más que se quiera e intente de las formas más diversas voltear un árbol, destruir una flor o callar un joven no se podrá nunca.

La presencia, la belleza y la libertad no se perderá jamás. Es imposible puesto que a todos aquellos que intentan hacerlo no les alcanza la presencia, no disfrutan lo bello y no conocen la libertad porque no entienden la imaginación.

Tucumán siempre será un jardín a pesar de aquellos que todavía no conocen las flores.

 

En los 70 amigos y amigas, jóvenes, bohemios, soñadores, vivíamos buscando un mundo más justo. Lectura, cine, teatro, música, poesías y fútbol nos contenían. Pensábamos que con la palabra podríamos tener un país más justo, solidario. Militábamos en el amor y en los sueños. Vino ese ciclón que arrasó con la vida y el cuerpo de muchas y muchos. Estudiantes, artistas, deportistas, jóvenes, amigos y amigas de lo cotidiano, que en esos tiempos vivíamos y ahora ya no están. Otros se fueron del país, muchos tuvimos un " exilio interno", soportando, asustados, esperando sin saber cuándo nos tocaría irnos de la vida. Con miedos, con llantos, enterándonos cuando algún conocido, querido, ya no estaba. Tristezas y alegrías se mezclaban en cada día. Quedamos para contar a nuestros hijos y nietos. Agradeciendo poder seguir viviendo y regando con lágrimas las flores que nos quedaron en el corazón y en el recuerdo. Escribí ese texto hace varios años, cuando cubría los juicios a los genocidas. Lo guardé y cada 24 de marzo lo refloto, lo leo con esas lágrimas que no puedo contener.

Daniel A. Villalba

Pasando la barrera de los 70 años, con más de 50 de periodista andariego. Padre, abuelo y bisabuelo. Conductor y columnista de radio.