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"Desde los 6 años quise usar ropa de mujer": la valiente verdad de Violeta Olea

VISIBILIDAD TRANS

A sus 47 años, Viole dejó atrás a Francis Olea, el hombre que escondía a quien era de verdad, pero que terminó por liberarla: represión, vergüenza, abuso, liberación, lucha y mucho orgullo detrás de la primera mujer trans con DNI de Monteros.





En el Día de la Visibilidad Trans, la idea y el objetivo es precisamente esa: hacer visibles a las historias. Esta idea que surgió inicialmente de la activista trans Rachel Crandall, co-fundadora de la organización Transgénero Michigan, busca generar conciencia y reflexionar sobre las condiciones de vida de las personas trans.

Mostrarse al mundo con el género autopercibido es algo que de una u otra manera se ha hecho a través de la historia, pero siempre bajo el estigma. Sin embargo como nos dice Violeta Olea, “Los tiempos no siempre lo permitían”. El relato de Viole puede parecer similar para muchas personas, pero como cada relato, es especial.

A sus 47 años de vida, Violeta decidió dejar atrás a Francisco, su antigua identidad. De un momento a otro decidió mostrar su verdadera imagen, esa imagen que llevaba más de 40 años reprimida: “Desde los seis años quise usar ropa de mujer”.

Un día, cuando era una niña encerrada en la imagen de un niño, Violetta abrió un cajón en casa de sus padres y econtró algo que la fascinó: una foto de hombres vestidos como mujeres. “Uno de los hombres de la foto era mi papá, pero para ellos era un disfraz, ridiculizaban la mujer, era como para una obra de teatro, tenían pomelos para simular tetas”.

Durante varios días de su vida, Violetta abría el cajón del placar en donde estaba esa foto y la miraba: “Mi mamá un día se dio cuenta y me ha retado mucho, mucho. Ella era muy represora, me daba muchas palizas”.

Así fue como comenzó la represión: “No me dejaban hacer cosas de mujeres como aprender a cocinar, lavar la vajilla, nada. Por mi forma de ser no me mandaron al preescolar, me decían que era un degenerado”. Sin embargo, de alguna manera se daba maña para cumplir sus deseos de sentirse una nena: “Me juntaba con las chicas en el recreo, yo quería ir al baño de las mujeres no al de los varones, lo que hacía era no ir en el recreo, pedía permiso en hora de clases para entrar al baño de mujeres. A los 13 años ya me afeitaba las piernas, me probaba ropa de mi mamá, inventaba ropa con la funda de la almohada”.

Aquí, en esta parte del relato, a Violeta le pareció oportuno confesar algo que le sucedió cuando tenía 13 años: “Yo pasaba mucho tiempo sola… a esa edad me invitó un hombre que estaba pintando la casa de mi mamá a ‘debutar’, es decir a ‘estar con mujeres’. El me invitó a su casa, supuestamente iba a haber una chica, cerró las puertas con trancas y sufrí un abuso a esa edad, de parte de ese hombre. En ese tiempo era vergonzoso tener un hijo abusado… hoy en día se visibiliza y se cuenta y el violador va a la cárcel. En cambio a mí cuándo me veía el abusador me ridiculizaba”.

Los años pasaron y Francis continuaba ocultando a Violeta, bajo la represión familiar y social del entorno en su Monteros natal: “Yo en las mujeres veía que ellas tenían hijos, siempre deseé tener un hijo, sabía que estar con una era mi manera, les miraba las facciones para ver cómo sería mi hija. Yo nunca pude satisfacer a una mujer, podía procrear, pero tenía fimosis, y era muy feo para mí y las mujeres se fueron dando cuenta de esto y me dejaban, o me metían los cuernos, me hacían creer que era estéril. Hasta me llegué a casar, confieso que le regalaba la ropa a mi esposa y cuando se descuidaba me la ponía yo”.

“Una vez mi papá me vio bajar de la camioneta vestida de mujer, me cambié la ropa rápido en mi gimnasio, yo ahí tenía de todo en una pieza y me prendió fuego todas mis cosas de mujer y me amenazó que me iba a dejar en la calle, que me comporte como hombre o quedaba en la calle y me desheredaba”, revela Olea a eltucumano.

Un día, cuenta Viole, se le ocurrió que para apaciguar el enojo de su familia sería presentar una novia, cuando le propuso a una amiga con la que se prestaba ropa que fingiera una relación amorosa, a cambio de darle una vida más digna.

Mi papá no se conformaba con que yo tenga una novia, quería que le demuestre todo teniendo un hijo. Cómo Dios me ayudó engendré a mi hija, ya estaba operada de la fimosis, así que bueno, ni bien nació mi bebé me la entregaron, así que la crié yo. Yo me hice cargo de todo. Disfruté mucho criándola”, confiesa.

El 4 de junio del 2011, fallecía el papá de esta valiente monteriza. Justo un año después, en 2012, salió la Ley de Identidad de Género, oportunidad en la que Violetta se convirtió oficialmente en la primera mujer trans de Monteros con rectificación de DNI: “La que me hizo el DNI me dijo que nadie me podía exigir nada. Me pidió el DNI de hombre para destruirlo, lo cortó con una tijera y me dijo ‘ya no sos más hombre’. Entré al gimnasio de mujeres y entró mi hermana y me insultó… ahí empezaron los problemas de querer alejarme de mi hija, pasé mucho tiempo sin poder verla, hubo juicios de por medio… fui mucho en esa época al Inadi en Tucumán, perdí seis años viajando y pidiendo al menos una visita. Ahora la veo cada un mes o dos meses, ya es una adolescente, y nos llevamos bien, el problema no es ella sino otras personas que se meten”.

Hace algunos años, en Tucumán saltó un gran escándalo a raíz del descubrimiento del paredero del ex prefecto del Seminario Menor de Paraná, Justo José Ilarraz, acusado de abusar de 50 seminaristas, que casualmente marcó un antes y un después para esta mujer trans: “Ahí me dije, este es un degenerado, no yo… Eso me liberó, me di cuenta que yo no le hacía daño a nadie. Ahí en la iglesia está lleno de gente que violó y se hace la gente culta y de bien, como otro que también me abusó y que vivía en la misma Parroquia de Ilarraz”.

Para cerrar, Olea reflexiona: “Yo tenía 47 años cuando me convertí oficial y legalmente en mujer, cuando dejé atrás a Francis. Me da mucha alegría ver a las chicas de jóvenes que salen ahora, ya estoy vieja, salí del closet vieja y no tengo la lozanía como la de una mujer joven. Me da mucha alegría que todos los géneros se identifiquen temprano, he tenido que leer mucho, ni yo sabía lo que yo era. Hay muchísima diversidad. En un momento hasta llegué a darle la razón a mi familia de que yo era un degenerado, un fenómeno”.

Recomiendo que se animen, que sean felices, si le das tu energía a lo que dicen los demás nunca vas a ser feliz… hay que juntarse con gente de mente abierta que es lo que te abre el camino a que salgas adelante. Me gustaría que saquen de los cargos públicos a esa gente de mente cerrada de tribunales, escuelas, policía, municipalidad, si no los sacan nunca va a crecer la sociedad, necesitamos que nos vean que estamos así dejemos de estar encerrados en la casa”.