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Noche negra: el lado oscuro del equipo y el brillo de la hinchada

análisis

San Martín no fue ni la sombra de lo que había sido en Caballito y recibió una goleada tan contundente como inobjetable ante un rival que dio una lección de practicidad futbolísitica. Solo el Pueblo Ciruja desde las tribunas colmadas le puso color y algo de luz a tanta oscuridad.





Ni con las luces renovadas de La Ciudadela, ni los fuegos artificiales que estallaron en el recibimiento, ni con los flashes de los miles de celulares que se encendieron cuando San Martín salió a la cancha, ni con el resplandor de la actuación del sábado pasado, con nada de eso se pudo aclarar esta noche negra, oscura de comienzo a fin. 

Se empezó a oscurecer a los tres minutos, cuando Daniel González, ese que por acá pasó sin penas ni gloria, le rompió el arco a Sand que no sabía a esa altura que casi sin tocar la pelota iba a sufrir la primera goleada desde su llegada. 

El pobre Sand es el único nuevo de los cinco más defensivos del equipo, porque todos los otros ya vienen desde el año pasado, cuando lograron conservar la racha invicta en más 20 partidos, cuando custodiaron el arco que menos goles recibió en toda la categoría. 

Pero no se confundan, porque Sand es el único nuevo, pero los otros tampoco son lo mismo del años pasado porque hoy toca hablar de la defensa, de toda la defensa, esa misma línea de cuatro que De Muner pidió conservar (y con argumentos más que válidos) y que tantas veces hemos destacado desde aquí y que hoy mostró su cara más endeble, más frágil. 

Todo empezaba con una pérdida de Diarte, con un caño a Lópes, con un centro atrás perfecto y con la bomba de Gonzáles que decreta la inexorable Ley del Ex. 

Golpe inesperado y tempranero que cambia los planes ¿Cambia los planes? Parece que no, porque Mitre se aferra más a la idea de marcar y morder en toda la cancha, de recuperar y salir rápido. San Martín tampoco cambia, sigue con lo mismo de siempre, pelotas cortitas que buscan pies de compañeros pero encuentra pies de rivales, hay mucho pase entre los centrales, mucho intento por las bandas, pero todo es impreciso, hasta Larralde se equivoca más que nunca ¿Y Escalante? bien gracias. Se lo extraña demasiado a Tino, hoy más que nunca. 

Para colmo cada vez llueve más, la cancha se pone rápida y nadie controla la pelota y sobre llovido, mojado,  porque Mitre hace el segundo en un corner en el que el 10 aparece solito en el primer palo para mandarla de pique al suelo. 2 a 0 y todo se oscurece más. 

Había que cambiar, pegar el golpe de timón en la cancha, mejorar la actitud, mover piezas. Lo pudo haber hecho De Muner con alguna modificación a tiempo, pero todo sigue igual, todo sigue igual de mal. 

Por eso llega el tercero que ya había sido anunciado unos minutos antes, otra vez por el lado de González, que tiene la mejor actuación que jamás se le haya visto en esta cancha. 

“Qué termine ya el primer tiempo”, pide un hincha que sabe que el cuarto está al caer, pero que no cae antes del descanso. “No es ningún secreto que no somos un equipo sólido”, lanza en el entretiempo un Ciruja de mil batallas en Ciudadela.

Después agrega “Me gustaría que dominemos menos y controlemos más”. Tiene razón. Este equipo está mucho más descompensado que el del año pasado: juega mejor y domina mucho la pelota y en general supera con más holgura a sus rivales, pero cuando lo atacan sufre, sufre muchísimo y le marcan casi siempre, hasta con nada, como Quilmes y Ferro, y con un poquito de criterio, como el de Mitre o Alvarado, lo golean. 

Si había algo de esperanzas de una remontada, pasaba por un gol tempranero en el complemento, un gol en los primero minutos que haga tambalear la comodidad santiagueña e impulse a San Martín a la heroica.

Buscando eso, De Muner mandó a Celiz a la cancha que entró con ganas y tuvo un cabezazo que le atajaron, después hubo un buen intento de Sansotre. Mucho empuje y poco fútbol, poquísimo. 

Tenía que caer ese golcito que achique la diferencia, pero pasó lo contrario, Celiz la perdió, se la filtraron al 9 por el medio de los centrales que hoy solo la vieron pasar, y el delantero sacó un zurdazo que ni él imaginaba para marcar el cuarto. Ahora sí, partido liquidado. 

El resto estuvo de más, solo hubo algunos intentos de Sosa, algunas subidas de Diarte, algunas atajadas del arquero santiagueño, pero nada importante. El partido se termina a los 93, pero se había terminado mucho antes. Noche oscura, noche negra. 

En cualquier otra cancha hubieran llovido los silbidos, pero La Ciudadela es distinta: acá los cuatro costados saltan, cantan y alientan, cualquier desprevenido confundiría al  ganador.

“San Martín es un sentimiento que se lleva, se lleva bien adentro”, es el grito ensordecedor que trae un mensaje a los jugadores de cara al futuro: “Vamos Ciudadé, que vamos a volver”, completa la arenga masiva. 

Es Pellerano el que lo percibe y frena a sus compañeros que se van cabizbajos la vestuario, los para y les dice que miren, que escuchen, que entiendan dónde están, que ese lugar es único, que como esa cancha no hay otra, que esa hinchada es un privilegio,  los jugadores lo entienden,  aplauden y levantan las manos, agradeciendo tanta lealtad. 

El torneo es largo y es solo una derrota. Por fin hay algo de luz y la noche deja de ser oscura: “Esta hinchada se merece, se merece ser campeón”.