Empate y punto: San Martín, el problema de la presión alta y su propia trampa
El Santo pudo haberlo ganado, como también perdido ante Chacarita. Errores repetitivos, insistencia en una propuesta que no siempre sale bien y un resultado que recién mañana, cuando juegue Belgrano, se terminará de cotizar.
“Partido ganable”, pensás y todavía te lamentás que Miritello no haya embocado la última, mejor dicho la única que tuvo este 9 que juega más afuera del área que adentro. Tenés razón en lamentar porque el partido era ganable, pero también perdible, porque Chacarita hizo lo suyo, buscó con sus armas y estuvo cerca que quedarse con todo.
En otros tiempos un empate contra Chacarita en Buenos Aires hubiera sido festejado, valioso, y no hubiera habido quien no apriete un puño cuando el árbitro marque el final. Pero hoy no es así. Hoy, después de ese tiro libre que Droopy prentendió mandar a guardar como contra Godoy Cruz, pero que no terminó en nada, el referí dijo basta y el 0 a 0 tuvo sabor a poco en la boca del Pueblo Ciruja que quiere más, que siempre quiere más y que mira a Belgrano con desesperación sin poder alcanzarlo.
Es la misma sensación que contra Chicago, Agropecuario y Defensores de Belgrano: fueron empates que podrían haber sido triunfos, pero también pudieron ser derrotas; empates que parecen no alcanzar, no servir, en un campeonato que avanza rápido como la liebre que siempre se corre desde atrás.
Ya hemos hablado de la vara alta que este equipo tiene, de las expectativas que genera y que no siempre termina de colmar, de las necesidades y urgencias de los hinchas por ascender con 10 fechas anticipación. Hemos repetido muchas veces que este San Martín está para pelear y que está pelando. Hoy lo ratificamos y lo sostenemos, pero también hay que hablar de ese cinco pal peso que le falta y que le ha llevado a perder puntos, a perder oportunidades y, sobre todo, a perder tiempo.
Hay que apuntar a los modos, a las maneras, a los patrones repetitivos que parecen calcados de un partido al otro, que siempre se evidencian y no se corrigen, no se cambian, como si el plan fuera más importante que el objetivo y como si se dijera "que los demás se adapten a lo que el Santo propone". El problema se suscita cuando el rival no solo se adapta, sino que contrarresta, como hoy lo hizo Chacarita con la simple fórmula de presionar alto, de marcar arriba para forzar los errores que sabía que San Martín iba a terminar cometiendo, porque los comete todos los partidos.
El Santo cae en la trampa, en su propia trampa, en la que se tiende solo, solito, porque cree que porque a veces los rivales le dan espacio para salir cómodo desde atrás, lo va a poder hacer siempre en cualquier circunstancias, como si fuera el Barcelona del 2009, como si le sobrara jerarquía para arriesgar aun con la marca encima.
Sucede que esos equipos Guardiolistas que pregonan el fútbol que nace en los pies del arquero y que toca la pelota desde abajo en todos los partidos, no lo hacen solo porque saben y pueden hacerlo, sino porque tienen margen, porque si se equivocan, no pasa nada; porque si les hacen un gol, lo dan vuelta; porque si no lo dan vuelta, ganan los otros 37 partidos y salen campeones igual; porque si no salen campeones un año, no importan porque salieron campeones los últimos cinco y saldrán campeones los próximos cinco y tiene mil títulos en sus vitrinas. San Martín no tiene ese margen, al contrario, vive desesperado viendo cómo descontarle dos puntitos a Belgrano, vive pensando cómo volver a Primera ya mismo.
Entonces, cuando Sand se la da González que está marcado o a Herrera que está de espalda con dos tipos encima, cuando Sand se apura en salir rápido y corto en lugar de darle respiro a los defensores que las están pasando mal, pone mucho en juego, mucho más quel Barcelona del 2009.
Encima, esa misma insistencia en salir desde tan abajo cuando no se puede, además de llevar peligro al arco propio, aleja del peligro en el otro, porque son muchísimos los minutos que le termina tomando a San Martín prosperar en el campo. Es como un riesgo innecesario, bastante tonto, digamos. Es como apostar mucha plata a un caballo perdedor que encima paga poco. No hay ganancia posible.
No está mal intentar jugar la pelota, ni hacerse cargo de la tenencia, ni la búsqueda a través de las posesiones largas, el error radica en no saber leer que hay momento para jugar largo, pelear la segunda pelota para ganar terreno y así plantarse más arriba.
La duda que surge es si esa actitud persistente y visiblemente terca proviene de un pedido del técnico, que hoy justo estaba en el baño en el peor momento del equipo y tal vez no pudo pegar un grito a tiempo, o simplemente pasa por decisión de los jugadores que sostienen una idea de juego pase lo que pase, cueste lo que cueste.
Entre errores y salvadas, también hay virtudes, hay momento de buenos toques, buenas proyecciones y buenos ataques, porque lo repetimos: San Martín es un buen equipo. El problema está que a mitad de campeonato no termina de ajustar las tuercas que hace rato vemos sueltitas.
A la hora de atacar, el carril rápido estaba por derecha, sobre todo en el primer tiempo, donde Jourdan y Sansotre se pasaron de revoluciones varias veces y por eso no resolvieron bien. Espacio y tiempo había, precisión no: siempre un centrito mal tirado, un pase apenas cortito o largo, siempre faltó ese centímetro que se necesitaba para la jugada termine bien.
También hubo malas decisiones, como la Imbert que eligió el arco cuando Miritello y Sosa estaban solitos por la izquierda, después vino el centrazo de Diarte y cabezazo del mismo Imbert al pecho del arquero.
La izquierda fue poco explotada, porque desde la derecha nunca la cambiaban en tiempo y forma y así se desaprovechaban avance tras avance sin que terminen de ser ataques. “No es lo mismo concurrir que atacar”, decía algún viejo periodista.
Chances para ganar hubo, para perder, también. Estaba para cualquier y no lo ganó ninguno. La pregunta tan trillada como efectivas del periodismo deportivo nunca tiene una respuesta y siempre abre debates: ¿Se ganó un punto o se perdieron dos?
Las opiniones estarán hoy más divididas que nunca, los más conformistas dirán que se sacó un empate contra uno de los grandes de la categoría y que perder estuvo más cerca que ganar. Al fin y al cabo se rescató un punto de una cancha históricamente difícil en la que solo se registra un triunfo Ciruja.
Otros, más exigentes, pensarán que se perdió una chance de meterle presión a Belgrano, de acortar diferencia, de que una vez ellos jueguen sintiendo que le soplan la nuca. Que el rival de hoy es mediocre, que venía de cuatro sin ganar, con tres derrotas, que tenía varias bajas y que con un poco de decisión se lo ganaban.
Ambas posturas tiene sus razones y argumentos válidos. Pero al fin y al cabo que cada uno lo tome como quiera o como pueda. El partido de Belgrano de mañana determinará el valor de este resultado, mientras tanto, fue empate y punto.








