"Estaba seguro de que lo vi": un hincha de San Martín confesó lo que vivió en Ciudadela
Se trata de un hecho sin precedentes y ahora se atreve a romper el silencio y contar en primera persona lo que le pasó mientras jugaba el Santo.
Ciudadela, el Estadio Más Caliente del País.
“Señores yo soy del Ciruja, Ciruja me voy a morir / Y cuando me llegue la muerte, así me voy a despedir / Me iré en un cajón rojo y blanco, paseando por la Ciudadé / envuelto en una bandera del único Santo que amé, y cuando el tiempo haya pasado y nadie se acuerde de mí / mi cuerpo estará en una tumba y mi alma con vos San Martín”.
Esa canción que emociona a cada hincha de San Martín, ese himno que pone la piel de Ciruja, ese grito de guerra que toca cada fibra, todo eso tiene antecedentes, un pasado, un presente y un futuro. En este caso es el templo de Ciudadela, el Estadio Más Caliente del País, pero ha sucedido en canchas de todo el país.
Uno de los deseos más profundos de muchos hinchas cuando parten de este mundo terrenal es que sus cenizas sean esparcidas por el verde césped que tantas veces soñaron con pisar y que tantas emociones les han provocado desde detrás del alambrado. O como dice un hincha de San Martín que confiesa por primera vez lo que vivió en Ciudadela: “Lo que me pasó me demostró que las almas se despiden de nosotros y de lugares donde fueron felices”.
Para conocer el origen de esta historia debemos remontarnos al año 2004, cuando al equipo lo dirigía el gran técnico Carlos Roldán, quien ascendió a San Martín desde el Argentino B hasta Primera. Uno de los hinchas de ese equipo era este Ciruja que cursaba el 1° año de secundaria en la Escuela 259 ubicada en la calle Libertad antes de llegar a Lavalle justo al lado de la escuela Belgrano.
“Un domingo por la tarde-noche jugaba San Martín. La cancha estaba repleta. Yo estaba ubicado en el codo de Pellegrini y Rondeau cuando un poco antes de mitad de la tribuna vi a un ex compañero de mi escuela pasar. Iba con una bandera roja y blanca atada como una capa de superhéroe. Él me miró, me sonrió y me saludó con la mano en alto. Yo hice exactamente lo mismo mientras veía cómo se perdía entre la gente que iba ingresando a la cancha”, relata el fanático del Santo en la página de Tucumán Paranormal.
Lo conmovedor del caso llegó al día siguiente, el temible lunes a la mañana: “Como de costumbre, llegué a la mañana a la escuela y me encontré con otro compañero sentado que estaba muy triste. Le pregunté por qué estaba así, que le pasaba. Con lágrimas en los ojos me dijo: ‘El Chalita falleció’. Lo mire y le dije que con eso no se jugaba porque lo había visto en la cancha el día anterior y que estaba equivocado”.
“Grande fue la sorpresa que me llevé cuando nos dijeron que nuestro amigo realmente había perdido la vida en horas de la siesta del domingo antes del partido, en un accidente en la avenida Alem cuando volvía a su casa para ir a ver el partido. Obviamente me costaba creer porque estaba seguro de lo que yo lo vi”, relata el hincha del Santo.
Esa mañana de lunes no hubo clases. Chalita no fue a clases, pero el fanático Ciruja insistía: quizás todos estaban equivocados. Pero no. Había fallecido unas horas antes del partido y había pasado a despedirse por Ciudadela: “Junto a un grupo de profesores fuimos a la sala velatoria a ver a nuestro compañero y amigo. Yo les contaba a mis compañeros que yo lo ví, que lo había saludado. No sé si me creyeron. Lo que sé es que a veces Dios obra de maneras extrañas y de algo estoy seguro: algún día nos volveremos a ver”. Y vos, ¿viviste alguna vez algo parecido?









