"A pesar de los problemas, todo es posible": su profesor creyó en él, y Máximo rompió los límites
En el Día del Profesor de Natación, te contamos la historia de Gabriel Marañón, quien logró lo que muchos pensaron imposible junto a Máximo, un alumno con sídrome de down que inspiró a miles: "Fue el día más feliz de mi vida"
Cada vez que llega el 13 de septiembre, Argentina celebra a sus profesores de Natación. Saber nadar, significa salvarse la vida, y en muchos casos, salvar otras vidas.
Este deporte que no solamente es de supervivencia, sino que también se realiza con fines recreativos, es para muchas personas un talón de Aquiles, pues la gran mayoría de los seres humanos no sabe nadar. Sin embargo, comprendiendo la importancia vital para la supervivencia de esta habilidad, es que cada vez más tucumanos y tucumanas deciden tomar este aprendizaje.
Aquí es donde nace la historia de Gabriel Marañón, un profesor de educación física que contó su mayor logro y orgullo durante esta edición de la Expo.Co.M 2022, la exposición de conocimiento monterizo, realizada cada año con el fin de inspirar a los estudiantes que están terminando el secundario a finalizar sus estudios pese a las adversidades que se presenten en el camino. Aquí, el docente de 31 años comenzó contando de qué manera la firmeza en la toma de decisiones fue fundamental para alcanzar cada uno de sus objetivos de vida. “Soy de acá, de Monteros. Estudié en la escuela Maternal Municipal, en el colegio Santísimo Rosario, en la escuela Normal. Jugué al fútbol, hice natación, hacía vóley, no paraba un segundo, era muy callejero, todo esto cambió un día que en la sala de espera de la odontóloga vi a un joven vestido con un uniforme que me llamó mucho la atención. Era el del Liceo Militar. Yo quería ser ese. Le insistí muchísimo a mi mamá y me llevó a conocer”, contó para un público de adolescentes en el cine teatro Marconi el 25 de agosto.
A pesar de que la situación económica no le permitía a este adolescente de 13 años comenzar sus estudios en esta institución privada, fue tanta su insistencia que, tras un año de espera, pudo internarse a realizar su secundario aquí, a 60 km de su casa.
Al finalizar sus estudios secundarios, Marañón dio un trastabillado paso por dos carreras: agronomía y mecatrónica, sin éxito alguno: “Empecé a vivir un momento sensible, a pesar de que ya trabajaba, estaba en crisis por haber dejado dos carreras” remarcó.
“Un día vine a Monteros y mi mamá me sentó y me dijo que por qué no buscaba mi camino en un profesorado, en la docencia. En ese momento le contesté muy mal, empecé a expresarle todo mi desagrado por lo que me había propuesto de ser profesor. Ella esperó que termine y me dijo: ‘Hijo, con la docencia les di de comer, las vestí y las eduqué a vos y a tus hermanas’, esa fue la primera vez que la escuché a mi madre, y me dije ‘Voy a estudiar para ser profesor’”, se acuerda.
El deporte siempre había sido parte de la vida del monterizo, por lo que decidió avocarse a esta rama de la educación, en el instituto Norte Argentino, en donde podía cursar a la noche y seguir con su trabajo a la mañana, a los 18 años. En el 2013, cuatro años después de haberse inscripto, el joven se recibía de profesor de educación física con el honor de portar la bandera de su instituto al ser el primero en su clase: “Yo creía que los colegios se iban a pelear por tenerme como profesor y no fue así. Entré en esa pos recibida, comencé a armar CV y presentar, creo que presenté más de 100, y hasta hoy no me llamaron de ningún colegio”, confesó a los presentes.
Sin embargo, un curso que Marañón había tomado poco antes de recibirse, fue lo que definitivamente cambió el rumbo de su destino: guardavidas. En un viaje a Buenos Aires, se incorporó al servicio nacional de rehabilitación, y me incorporé en un equipo de profesionales en Buenos Aires por un tiempo, me involucré con la temática de discapacidad al 100%, ellos hacían adaptación y rehabilitación. En esa experiencia aprendí un montón y me pude quedar en Buenos Aires, pero decidí que no, que quería estar en Tucumán. Volví y empecé a tener alumnos de natación, tenía cada vez más y tuve que sumar a otro profe”, dijo.
Y un día llegó Máximo
La vida de Gabriel como profesor de natación continuaba con normalidad, pero su deseo de sobresalir como pionero no se agotaba en esa experiencia de enseñar: “A una de esas clases llegó Máximo, un niño con síndrome de down, y me aventuré a hacer algo diferente, a ser pionero en algo. Yo en ese momento hacía aguas abiertas en Tucumán, comenzamos a probar con Máximo. Fue un proyecto de 9 meses en donde entrenábamos juntos 3 o 4 veces por semana, un proyecto progresivo con objetivos a corto plazo. Entrenamiento por entrenamiento, él iba marcando su impronta” aseguró.
“Cuando le dije al padre me dijo ‘profesor usted está loco, mi hijo no va a hacer eso’, lo convencí, porque el objetivo de esto era romper los límites y leyendas que hay sobre las personas con discapacidad”
“El día que llegamos al Cadillal de prueba, con el acompañamiento de la fundación Cuidarte y del Ministerio de Desarrollo Social, Máximo empezó a nadar, cuando salió de su bautismo me dijo, ‘si, lo puedo hacer’. Fue el día más feliz de mi vida junto con el nacimiento de mis dos hijas”, confesó. En esa ocasión, un día 3 de diciembre del 2017, precisamente cuando se conmemoraba el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, Máximo nadó en aguas abiertas en El Cadillal. Inspiró, conmovió y sorprendió a cientos de personas. El evento, desde ese momento, se ha convertido en un clásico del primer domingo de cada diciembre tucumano, llegando a tener 130 participantes en la edición del 2021.
“Actualmente soy director de los Talleres Protegidos del Ministerio de Desarrollo Social, a donde asisten personas con distintas discapacidades, es un equipo fantástico donde día a día vela por la inclusión de las personas con discapacidad. Estoy convencido de que a pesar de las adversidades y los problemas que la vida presenta, todo se puede. Es muy importante tomar decisiones, estoy convencido de que a pesar de las adversidades y de los problemas que la vida presente, se puede, todo se puede con decisión, con objetivos, acompañando esos objetivos con disciplina, con orden, con actitud y con hábitos, y, sobre todo, dejarse acompañar con las personas que nos rodean y desean el bien para cada uno de nosotros. Yo elegí ser pionero de mi vida, y así generar mis propias oportunidades”, cerró el joven profesor.









