"Siento que se me van rápido los años": la confesión de un tucumano y el deseo para el resto de su vida
“¿En qué momento?”. No son pocos los tucumanos y tucumanas que piensan de esta manera y algunos lo hacen saber a un total desconocido en un simple viaje en taxi por el centro de San Miguel de Tucumán.
Historias de taxi.
Que la vida pasa volando es una de las frases más repetidas de todos los tiempos. Más allá de la percepción real del tiempo, en este tipo de pensares y reflexiones no importa tanto cómo es en realidad sino cómo se siente.
“¿En qué momento?”. Pasados los 60 años, no son pocos los tucumanos y tucumanas que piensan de esta manera y algunos lo hacen saber a un total desconocido en un simple viaje en taxi por el centro de San Miguel de Tucumán.
El viaje entre este conductor tucumano de 63 años y un pasajero dura apenas unos minutos, pero los suficientes para saber cómo piensa, qué siente a bordo del auto, cómo pasan sus horas al volante y el cambio que desea hacer para lo que, él considera, el resto de los años que le quedan de vida.
“Me encantaría dejar la ciudad, todo este quilombo, todo este ruido, todo este pavimento, este calor e irme a vivir al campo, al Cadillal, cerca del río Loro, a otro lugar pero lejos de acá. Sueño con despertarme en un lugar fresco, empezar el día con unos mates, en silencio, acompañado de una buena mujer, pensando en una picadita con quesos de ahí, de la zona, de chancho, o una sopa bien hecha de campo. ¿Sabés lo que es eso?”.
El buen comer, la comida casera, lejos del apretado que lo alimenta todos los mediodías en algún kiosco mientras deja estacionado el auto y almuerza de pie, es otra de las pequeñas grandes diferencias de una persona que cierra los ojos cuando dice: “¿O sabés lo que es un buen puchero de campo? ¿O un buen guisardo? Yo viví un tiempo en el campo pero tuve que volver a la ciudad. ¡Qué gusto le da a la comida la gente del campo! Hasta el zapallo tiene otro gusto. Sí, yo vendería la casa para irme al campo, volvería una vez al mes para pagar la luz y nada más. Estoy cansado ya de vivir acá, ¿vos no?”.
Mientras el viaje transcurre, el chofer del taxi insiste: “Sí, vendería la casa, compraría un auto, me hago una huerta, viviría tranquilo. Allá es otra vida, aquí no. Comería bollo, pan cacho, esas cosas. Ya no se ven esos panes. ¡Qué panes hacían antes! O chipaco. Daba gusto comer esos panes. Sí, me iría pero todavía no puedo. A la edad que tengo ya no quiero saber más nada, pero todavía no puedo. Cada día está más hostil la ciudad, cada día somos más personas y vivimos más apretados, ¿o no?”.
De acuerdo a las cifras arrojadas por el último censo, somos 1.700.000 personas en Tucumán. La provincia ha crecido en la última década un 17%. “No avanza el tránsito. No hacen nada por las calles o para descongestionar. Mirá cómo dejaron la Plaza Independencia. A mucha gente le gusta. A mí no. Le falta vida a la plaza, ¿no te parece? Parece una plaza de campo, vacía de árboles. Han sacado semejantes bancos blancos de cemento y han puesto esas maderas. Llega a pasar un quilombo y se llevan esos bancos de madera. Nada que ver con los de antes”.
Antes de llegar a destino, antes de que se detenga el reloj (del taxi), la última reflexión: “Están muy caros los terrenos. Cuestan millones y pelados, sin un ladrillo, sin una pared. Yo para vivir en el campo tengo que tener todas las comodidades para el frío, para el calor. Ya tengo 63 años y siento que se me han ido así los años (chasquea los dedos). Siento que se me van rápido los años. Eso siento, loco. ¡Qué rapidez! Y cada vez más fuerte. Vamos a ver qué pasa este año. Vamos a ver qué hago. Ojalá me anime. Ojalá se me dé”.








