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"Hay que ponerle alegría a la vida": Bigote, el vendedor de achilata que musicaliza la Plaza Independencia

HISTORIAS DE ACÁ

Desde hace 35 años, Héctor llega en bicicleta al corazón de la provincia para vender nuestra agua bendita color fucsia a todos los que quieran. "Cuando los veo caminar acercándose a mi puesto, ya sé si les gusta o no la música que suena. Y si tararean la canción, les subo el volumen". Mirá el baile que se armó con Ana Pedraza. VIDEO

Bigote, Anita y Carlos, su querido amigo.





    • “Loquito por ti, loco, loco / Loquito por ti, por ti, por ti / Loquito por ti, loco, loco / Loquito por ti, por ti, por ti”

      Si el corazón de la Plaza Independencia late al ritmo de la cumbia es porque a metros de La Libertad de Lola Mora hay un prócer de carne y hueso. Es un prócer más terrenal, menos celestial, más camiseta del Chelsea, menos tallado a mármol, más achilata, más tropical, más Héctor, más conocido como el famoso y popular: Bigote.

      Colegas en el arte de pintarnos la boca de achilata abundan en Tucumán, pero un DJ que le ponga música a los pasos de los miles de tucumanos y tucumanas que cruzan en diagonal el principal paseo público de la ciudad no hay. “Yo vendo achilatas. Acá en el centro la achilata es como la empanada de Famaillá. Hace 35 años que vendo, pero no podría hacerlo sin música. Hay que ponerle alegría a esta vida. No queda otra”.

      “Porque vos se nota que no me querés / Y yo me dedico al alcohol / Una cerveza voy a tomar / Una cerveza quiero tomar y así olvidarme / De aquella trampa / De aquella trampa mortal”

      Mario Luis o Ráfaga, Orly o Los Mirlos, Gladys o El Maestro, Lía Crucet o El Facha Hugo Dante, si hacen 40 grados como este viernes en Tucumán y estamos en la calle, no hay mejor opción que refrescarse con una achilata de Bigote, quien a continuación explica: “Yo los veo viniendo caminar por la Plaza, los veo acercándose a mi puesto, y ya sé si les gusta o no la música. Vienen con cara de cansancio, con calor, mal del laburo, lo que sea, pero escuchan una linda canción y les cambia el ánimo. Y si tararean o pasan bailando, les subo el volumen, me compren o no”.

      La selección musical de Héctor, quien vive cerca de otra plaza que lleva el nombre de otro prócer como Alberdi, es todo un ritual. “Es que es importante para mí la música que suena en la Plaza Independencia. No puedo ponerle la música que yo escucho en mi pieza: Julio Iglesias, boleros, románticos. No. Aquí hay que ponerle música alegre a la gente, cumbia de verdad, cuartetos, clásicos de siempre pero bien elegidos".

      "Yo escucho qué suena en las emisoras, busco los temas en el YouTube y los paso al pendrive. No es comprar un pendrive y llenarlo de un montón de dvd’s viejos. Otros changos lo agarran a patadas al pendrive. Yo pongo un surtido”, cuenta Bigote, mientras le vende una achilata a Ana Pedraza, le saca unos pasos y le pide una foto durante una producción para latucumana 95.9, la tucumanidad hecha radio.

      Esa música que nunca para de sonar es la que acompaña a Bigote desde la mañana hasta la noche con sus amigos del alma como Carlos y a quienes venden, casi un padre de grandes y chicos que venden obleas, bolsas de consorcio, los últimos barbijos y la tendencia en este final del verano 2023: medias de algodón, tres por quinientos.

      “Yo conozco a chicos que han venido a la Plaza Independencia chupando la teta a la mama y ahora me dicen: ‘Eh, cómo andá’. Son así unos monos. A veces te hacen renegar, pero aquí nos queremos. Mal que mal, a nadie se le mezquina un poco de achilata, a nadie se le niega un poco de alegría, a nadie se lo deja sin música”.

      Bigote junto a su gran amigo Carlos: achilatas, pochoclos, autitos, agua, licuados, la Virgen María, música y una amistad que lleva más de 30 años.