El golpazo de Delfino: la imagen que fue, la foto que no será
San Martín jugó mal otra vez y perdió en Zárate, pero la derrota cantada quedó en segundo plano, opacada por los anuncios de decisiones tomadas desde antes del partido. Delfino se fue con más penas que gloria y la dupla asoma en el horizonte. VIDEO
La foto no es de hoy. No acaba de hacer un gol Defensores Unidos, ni tampoco Guillermo Brown de Madryn. La foto no es ni de este miércoles gris, ni del último viernes negro. Ni siquiera del lunes feriado y apático de Mataderos, ni de la siesta eterna en San Telmo.
La foto es del comienzo, del día de la presentación de la indumentaria Kelme. Por entonces, con dos triunfos en dos fechas, Moisello se animaba a afrimar que estaba contento porque este era “un equipo a lo San Martín”. En la imagen están tres de los cuatro directivos más importantes: Moisello (presidente), Hugo Ledesma (tesorero), Bruno Sogno (vicepresidente). En el medio, Delfino mira el piso capturado por una cámara oficial desde varios metros de distancia. Tal vez apesadumbrado por el futuro que veía venir, tal vez preocupado por algún tema personal, o simplemente aburrido. Los directivos, con los ojos en la pasarela donde muestra la nueva pilcha, ni miran al entrenador. La foto no es de hoy, pero bien podría ser.
La foto no es de hoy, pero bien podría ser porque los directivos miran el partido desde la tribuna sin querer mirar. Los directivos miran la pasarela donde ya desfilan los técnicos que vendrán cuando Delfino se vaya, esta misma tarde, pase lo que pase y, sobre todo, si pasa lo que todos suponemos que va a pasar.
La foto no es de hoy, pero bien podría ser porque Delfino mira el piso, derrotado, resignado, dolido, abatido. No hay respuestas para él, y tal vez tampoco haya preguntas. Sí hay cuestionamientos y de todo tipo. Delfino sabe hoy, como parecía saberlo en esa foto de cuando todo estuvo efímeramente bien, que no hay futuro, que no va escribir ni un renglón en el libro de la historia de San Martín y que antes que cante el gallo su apelido apenas sonará conocido por Ciudadela.
Por eso, cada vez que TyC lo poncha está sentado y casi ni habla. Desde la platea, los directivos marcan teléfonos de representantes y periodistas y les avisan que se vienen anuncios. No hubo sintonía, no lo hubo ni en la foto vieja, ni en la nueva, ni en la que hoy no se sacaron, ni ya nunca se sacarán juntos.
Delfino se va, a los golpes, enojado, y en vivo para latucumana alcanza a preguntar: “¿Ya hablaron con Rubén? Entonces no hay más que agregar”. Se abre paso pidiendo por favor que lo dejen ir. Su salida es tan desprolija como su corto ciclo.
Moisello acaba de anunciarle a los medios que se terminó el vínculo de “común acuerdo”, que el técnico que hasta hace menos de cinco minutos hacía cambios en el primer equipo, ya no está más. Y hasta anticipan que están en charlas con la dupla, y que muy probablemente esta noche cierren un acuerdo.
El golpe de timón es tan brusco que los hinchas casi se olvidan que acaban de perder sin patear al arco contra CADU. Moisello y su anuncio salvan a Sand y su flojísima salida, al mal desempeño de Orellana, a Pombo y otra actuación para el olvido. Todos se salvan, solo por hoy, porque los hinchas se olvidan, o eligen olvidar, que aunque Delfino se vaya, los jugadores que vienen arrastrándose en la cancha se quedan.
Como estrategia comunicacional es brillante: dos dirigentes se sientan en una tribuna y se filtra que para después del partido tienen anuncios importantes. Los twittean periodistas y los viralizan hinchas. Desde ahí empieza a importar poco el desorrollo de ese partido horrible, el resultado pasa a un segundo plano, aunque Pío Bonacci le mezquine la cabeza al centro, aunque Dening se quedé sin piernas y se caiga, aunque Banegas intente un tres dedos a lo Roberto Carlos, pero siendo Banegas.
El rumor le quita peso a un potencial triunfo, le resta importancia a un posible empate y, sobre todo, anula los efectos negativos de una derrota o al menos atenúa sus costos políticos, porque en la tabla los demás suman y en los otros clubes poco importa si viene la dupla, Forestello, Cagna o Roldán.
Lo peor es que la derrota, más cantada que el Feliz Cumpleaños, llega nomás aunque en el partido no pase nada y Defensores tampoco haga ningún mértio. Pero cuando la mano viene torcida no hace falta que pase nada para que haya un terremoto de repente. Entonces, Sand sale flojito y le mete un puñetazo hacia el medio, dejando el arco vacío, el 10 de ellos, que tiene 39 años y hasta ese momento no la había tocado, de pronto se convierte en Messi y mete el gol de su vida.
Tres minutos había adicionado el árbitro que estaba más conforme con el empate que los 22 futbolistas que ni al arco pateaban. No le importaba un carajo los 10 cambios. Tres minutos agregó a ese partido al que ya no había nada que agregarle porque la suerte de Delfino ya estaba echada desde la foto del comienzo.
Con esa pelota que se mete emboquillada en el arco de Sand se fue la última bola, o la bola póstuma de un ciclo muerto antes de nacer. Por eso el presidente, menos de cinco minutos después no solo anuncia la salida del entrenador, sino que hasta redobla la apuesta y anuncia sucesores que todavía no arreglaron.
¿Qué esperan que haga la dupla? Magia. Eso esperan los hinchas, aunque más de uno tienen claro que Olivera no es Amor, que Meritello no es Luciatti, ni que Quiroga es Pons, ni Bravo es Mercier. Pero sí confían en la dupla igual. Confían en el trabajo, en el orden, en el esfuerzo, en la humildad, en la seriedad. En fin: en la dupla.
¿Pero Delfino tenía todo eso? Sí, sí lo tenía, y tenía más trayectoria que la dupla cuando llegó, pero simplemente no pudo, no encontró el equipo, ni entendió al club, que es lo más grave. San Martín no es para cualquiera, es simple, pero difícil. Te lo dice Pituto y también Carlos Roldán. Te lo dice quienes lo entienden y Delfino no lo entendió.
¿Y si no viene la dupla? Vendrá la desilusión. Entonces, el que sea que llegue sonará a poco, y será mirado de reojo, porque la ilusión condena y Moisello ya se condenó a traerlos o pagar por no tarerlos. Quizás con solo terminar el vínculo con Delfino bastaba para descomprimir hasta el domingo. Él sabrá.
Justamente, el domingo hay un partido, en Pascuas, a las 16.10 y habrá que poner los huevos sobre la cancha para resucitar como Cristo, o como tantas otras veces. Vienen los sanjuaninos y en el banco estará Alexis Ferrero que, incluso, se sorprende cuando Andrés Namen, enviado de eltucumano y latucumana, se lo anuncia en vivo. Así son las cosas ahora, el mánager, ahora devenido a DT, dirigirá en una Ciudadela enardecida el próximo partido.
Al final parece que no estaba tan errado Delfino cuando decía que el torneo recién empieza en la fecha 13. Apuren. Que no sea tan tarde.








