A la cama con Ferrero: San Martín y la siesta que se volvió pesadilla
El Santo volvió a la normalidad y cayó ante Flandria en una nueva actuación para el olvido. El triunfo ante los sanjuaninos quedó bien atrás y el equipo volvió a dormirse en los laureles de la mediocridad. Sin alma, ni fútbol, ni nada.
Queriéndose aferrar a cuentos de hadas, algunos hinchas habían deducido que el mal rendimiento de los primeros nuevos partidos se trataba de una cama a Delfino: algo así como jugar mal a propósito para perder, que se vaya el DT y después sí, empezar a jugar al final y ganar.
La goleada del otro día en Ciudadela con un equipo más enchufado que nunca abonaba a esta teoría conspirativa e invitaba a una ilusión ingenua: “Ya se fue Delfino, ahora van a despertar y vamos a pelear arriba”, decían algunos.
Sin embargo, para la decepción de esos hinchas, este equipo volvió a la normalidad, a la normalidad mediocre, timorata, desalmada que transita desde la tercera fecha hasta ahora.
Esa normalidad de centros que no se levantan, de defensores que no ganan un cruce, de volantes que no juegan, de delanteros que ni cerca de meterla están.
Otra vez un sábado a la siesta deprimente, como aquel de Carlos Casares. Sin tribunas, ni gente, en un paisaje rural que esta vez no tiene silos en el ángulo superior derecho de la pantalla, pero tiene dos caballos a los que es más atractivo mirar galopar, las miradas se van a con ellos, se escapan de lo que pasa en la cancha, los ojos encuentran alivio cuando miran esos animalitos que funcionan como analgésicos que calman ese dolor que va desde las pestañas y los párpados hasta el corazón mismo.
Qué les pasa a estos muchachos que no reaccionan ni cuando se encuentran ganando sin querer, gracias a un penal del distinguido Bucca que juega mejor que todos, pero se borra bastante seguido.
Fue el mismo Bucca el que buscó un lateral, se asoció con Bordón, entró al área, enganchó y lo engancharon para que el árbitro cobre la pena máxima y Bucca la mande a guardar.
Pintaba bien la tarde, iban poco más de 15 y ya ganaba el Santo. Pero el espejismo ni siquiera un oasis, y el desierto de virtudes se impone en todo su esplendor en Jáuregui, o donde sea que juegue este San Martín 2023 que en nada se parece al San Martín de los últimos 5 o 6 años.
¿A quién le llama la atención que un gordito con la 9 aparezca más solo que Delfino en Ciudadela para anotar el empate? A nadie, nadie se asombra porque la defensa, que hoy no tiene a Orellana por Dengue, ni a Olivera por decisión del técnico, se duerme y lo deja meterle un pilazo de manual para que Sand la mire pasar otra vez, como todas las que fueron al arco desde que volvió de la lesión.
El resto es la película de siempre: no hay juego, ni corazón, ni nada. Y aunque Ferrero busque respuestas en el banco mandando a la cancha a los que nunca aportan nada: Pardo, Pombo. Además, también entra el Chuni Moreno, juvenil que le pone ganas, pero no le alcanza con eso para aprovechar la única que tiene y la tira afuera cuando estaba bajo el arco.
Hay equipos que cuando van empatando, suelen generar la sensación de que en cualquier momento lo pueden ganar, de que en algún momento del segundo tiempo van a desnivelar a su favor. Con este San Martín pasa exactamente lo contrario, por eso no habrá habido ningún Ciruja que no haya intuido que el gol de Flandria estaba al caer, aun cuando Flandria ni siquiera los buscaba, ni se arrimaba al arco de Sand, pero se percibía en el ambiente que en cualquier momento iba a pasar y pasó nomás.
A este San Martín no hace falta atacarlo para lastimarlo porque se autodestruye, independientemente del rival, de los caballos, de los silos, de las tribunas vacías o inexistentes. No hace falta nada, solo esperar que llegue el momento de hacer un gol, como CADU, como San Telmo, como Brown de Madryn, como Flandria.
Entonces, Axel Bordón, flojísimo, pasó de largo dos veces contra el mismo gordito del primer gol, figura de la tarde chata. Después un centro, dos cabezazos en el área y otra vez Sand que la busca de la red sin que sus guantes toquen la pelota.
Pero el cachetazo del 2 a 1 más obvio del mundo, no es suficiente para sacar del letargo a este equipo desalmado que mirará el resto del partido desde la desventaja sin hacer nada por revertirla.
Después del pitazo final algún intento de falsa guapeza, algún enojo con el rival vaya uno a saber por qué, pero al final solo cabezas gachas, miradas al suelo, caminata lenta y vergonzosa al vestuario visitante, sabiendo que a 1200 kilómetros hay cientos de miles que los putean y que no tienen cómo defenderse, así como se defendieron de esporádicos ataques que recibieron esta tarde.
Ahora se viene la Copa Argentina, que será el último ensayo de Ferrero en su rol de mánager devenido en entrenador interino, con la obligación de pasar de ronda para bajarle la temperatura a una Ciudadela hirviente el lunes ante Alvarado en un duelo que se supone tendrá el debut de un nuevo entrenador, supuestamente, porque a esta altura ya se puede dudar de todo.








