San Martín, un triunfo copero para recuperar la Santa Fe
El Santo volvió al triunfo y eso no es poco en medio de temporada que por ahora no es buena. Rompió el maleficio en la Copa Argentina y levanta la cabeza de cara a lo que se viene en el campeonato. El equipo sigue sin aparecer, pero el tirunfo trae alivio. Ganar para mejorar. Festejar para crecer.
El partido acaba de terminar y Tinaglini entrega su camiseta como una ofrenda de paz, y sus compañeros más lo imitan. No es para menos, los que están del otro lado del alambrado han recorrido cientos de kilómetros y no pararon de alentar, ni siquiera en esos primeros casi 60 minutos tan flojos como los de casi toda esta temporada.
Con los brazos en alto, festejan con esos 2.000 fanáticos que se tomaron el trabajo de ir hasta Santa Fe en mitad de la semana, para colgar las banderas en los alambrados un día laboral, para ver a un equipo que trasmite nada.
Porque a pesar del comienzo prometedor, con buena combinación por derecha y centro atrás para que Dening la tire a la tribuna, San Martín se fue apagando, mimetizando consigo mismo, con su propio presente pálido y sin respuestas. Por eso Morón crece de a poquito, Tinaglini se convierte en el héroe que vuelve a mantener el arco en 0 atajando las dos que le tiran.
Los cambios de Ferrero en el 11 titular, que incluye a cuatro tucumanos formados en el Club, uno de ellos debutantes, rinden más frutos desde lo actitudinal que desde lo futbolístico, porque hoy hay un poco más de ganas, pero nada del otro mundo.
Pero el otro mundo termina apareciendo junto con el gol de Benegas, centrazo mediante de Prokop, y cabezazo de manual: pique al suelo contra un palo. Imposible para este y para cualquier arquero.
El gol es un martillazo en la cabeza de Morón que reclama en un tumulto al juez central con algo de razón: a Olivera le perdonaron la segunda amarilla y a Orosco le sacaron la primera en una falta dudosa, justo esa falta termina en gol. Entonces el 10 del Gallito se enloquece e increpa al árbitro que le muestra la segunda y la roja. Chau. De lo que pudo ser empate y jugar con una más a derrota y jugar con uno menos. Para San Martín, el paraíso, todo lo que no había buscado, lo había encontrado por casualidad y está bien, hay que aprovecharla.
De golpe la cancha se inclina contra el arco de Morón, aparecen huecos por todos lados y San Martín lo liquida con una buena contra, con asistencia de Andrada para Verón Verón que lucha y vuelve con un gol para hacer delirar a los Muchachos Veronistas que resistieron a los 15 partidos de exilio de la red de hombre de Burruyacú.
Con el veronismo a flor de piel llega la tranquilidad y San Martín, que no había pateado a la caro desde el minuto 1 al 55, ahora tiene la goleada al alcanza de la mano, pero las malas decisiones de Dening lo impiden. Lo que no se impide es el alivio de Ferrero, la alegría de la hinchada en Santa Fe, el suspiro de los hinchas que se quedaron en Tucumán.
“Ya está, ya ganó el Santo”, piensan varios que ya imaginan el viaje a vaya saber dónde para verlo jugar contra Racing, pero primero lo primero: “Hay que ganarle el lunes a Alvarado en La Ciudadela, no queda otra”. Y sí, que esta clasificación sirva de punto de partida en la temporada, de arranque como para pelear lo que de verdad importa: el ascenso, el resto es decorado.
Alexis si, Alexis no, ¿Qué pasa con el DT? ¿Llega o no llega? Dicen que sí, pero por ahora no hay nada, ni duplas, ni forestellos, ni cagnas, ni nadie. Hermetismo total del corazón, mientras tanto, Ferrero gana dos de tres y le queda mínimamente uno más. ¿Y si lo gana?
Pero el entrenador no es el único que siembra dudas: ¿Abregú o Bravo? ¿El chico Rodríguez, no pide cancha? ¿Qué hacemos con el arquero? ¿Quién acompaña a Dening arriba? ¿Prokop titular?
El lugar asegurado por un par de fechas más solo para Banegas, Andrada y Dening, Quizás para Bucca porque tiene más condiciones aunque sea más intermitente que una baliza.
No hay columna vertebral, es más bien un equipo invertebrado que se mueve como puede y por ahí te pica como un mosquito con alguna arresto individual o una pelota para, pero es verdad que ganar pone un manto de protección contra las críticas y llena el ambiente de sonrisas y alegrías y entonces así, tal vez sea más sencillo encontrar el equipo.
Mientras tanto, el puñado de jugadores levanta los brazos mirando a la hinchada que ocupa parte de la cabecera y el codo visitante de la cancha de Unión. Serán unos 2.000 fanáticos que no paran de cantar y revolear las remeras, en Tucumán otros hacen los mismos: ganó el Santo, el pueblo está feliz. Lo demás no importa nada.








