Karin Källsten: "El piano era un pasión que no iba a poder dejar de lado"
Una vida junto a la música de Chopin. A través de una entrevista, te contamos el largo e importante recorrido de la talentosa pianista tucumana, Karin Källsten. | Por Jerónimo Cipriani
Afortunadamente, scroleando en la página de un diario, encontré este título: “Preludios, nocturnos y una balada de Frédéric Chopin”. En la bajada: “La pianista Karin Källsten ofrece un recital con obras elegidas del gran compositor polaco”.
Rápidamente, pensé en fila tres cosas : “¿Quién será Karin Källsten?”, “debe ser extranjera”, “que bien suena su nombre”. Por curiosidad y por jugar con la intuición, en ese preciso momento decidí que iría al concierto que daría esa misma noche en el Virla.
La sorpresa fue excelente y después de escuchar la primera canción me sentí en el lugar correcto. Me pasó volando el concierto y cuando me alejé caminando pensé que había pasado algo especial.
A la siguiente semana, conseguí su número y me contacté con ella para hacer una entrevista. Arreglamos para un jueves a las seis de la tarde en el café del Virla.
- ¿Cómo empezó todo?
- A los 6 años empecé con una profesora en la parte básica. Fue en el Conservatorio de la provincia de Tucumán. Ahí tuve algunas profesoras como Telma Díaz Mosna y Adriana de Paulucci, después, a partir de 4to ya estuve con Norita Vaca Campero hasta 10mo, hasta terminar el Profesorado Superior de piano.
- ¿Por qué tener una sola profesora por tanto tiempo?
- En su momento era conveniente por la técnica. Te van dando de a poco ciertos lineamientos y así vas progresando. Si cambias de profesores todo el tiempo, cada uno te da una cierta técnica, lo que podríamos decir. Técnica, en sentido general, que no podés estar cambiando y tenés que seguirla perfeccionando. Hay veces que a la técnica de un profesor te lográs adaptar y otras veces no. Hay algunas técnicas y modos de ser en los que el alumno puede decir “no tengo feeling”.
- Entra lo humano…
- Entra también la parte humana. Hoy en día es más flexible y si alguien quiere cambiar de profesor, lo consigue. En mi época era más difícil. Yo pedí cambio cuando pasé al secundario, por el horario. Aparte todo el primario hice además danzas en forma privada con muy buenas profesoras e inglés. Era una época que los padres nos llevaban a muchas actividades extras. Así me fui formando, poco a poco me fui dando cuenta de que se necesita tener, aunque sea, una formación básica de las distintas artes, porque todo está relacionado y te ayuda mucho.
En mi caso le dijeron a mi mamá que tenía muchas condiciones para el piano, pero ella más bien pensaba que era nada más para hacer una actividad extra.
Después, en el conservatorio terminé el Profesorado de solfeo y teoría, el Profesorado elemental de piano y el Profesorado superior de piano, todo. En esa época debías tocar con la orquesta el Concierto para piano en La menor de Schumann para otorgarte el título. Algo muy difícil.
Después de eso, cuando ya tenía 17 años, empecé arquitectura. Mi papá era arquitecto, no se había dedicado, pero en mi casa se hablaba siempre del tema. Y mi mamá había estudiado decoración, entonces estaba mucho en mí. Y también, muy intuitivamente, porque en realidad no sabía lo que me iba a servir para el piano, en ese momento no sabía a qué me iba a dedicar.
Seguí la carrera mientras me permitieron en el conservatorio hacer Piano y Música de cámara, como para que pueda seguir la facultad hasta que terminé arquitectura a los 25 años. Comencé a trabajar en un estudio, pero empecé a ver que extrañaba mucho el piano. Ahí tomé consciencia de que el piano era mucho más que un estudio, era una pasión que no iba a poder dejar de lado para dedicarme a otra cosa.
A la vez me faltaban algunas materias para recibirme de Profesora superior de piano y decidí terminar esa carrera y en un año debo haber rendido nueve materias. A los 27 años debo haber llegado con todos esos títulos.
Cuando me había recibido ya estaba trabajando treinta horas cátedra como profesora de Música primero, y rápido me dieron el Conservatorio. Le dedicaba a mi parte docente y luchaba para hacer mi parte profesional de seguir tocando el piano.
Uno de los primeros conciertos lo hice acá, tenía treinta y tantos años. Hermoso concierto.
- ¿Te acordás que tocaste?
- Toqué unos Preludios de Debussy, toqué la Polonesa militar de Chopin y puede ser que la Fantasía impromptu, también de Chopin.
Después empecé a tocar en Jockey, porque la Asociación Suiza del Noroeste tomó interés en mí y empezó a invitarme a tocar. En esa época se podía dar conciertos ahí.
A veces, cuando daba conciertos por parte de conservatorio, tocaba algunas obras representando al conservatorio, ya sea en el Teatro Alberdi o en el Teatro San Martín. También toqué en la Sala Orestes Caviglia. Salas donde podías conseguir un buen piano.
- ¿Había piano en tu casa cuando eras niña?
- Había un piano de mis abuelos que era muy rudimentario, pero era con lo que contaba. Era de mi mamá, le había comprado mi abuela. Mi mamá tocó poquito, unos dos años nada más.
Una vez le pregunté a mi papá porque no me habían comprado un piano y me dijo: “nunca pensé que te ibas a dedicar con tanta pasión a esto”. Creo que le pasó como a mucha gente, “cuando pudieron no quisieron y cuando quisieron no pudieron”. Pasa a veces eso.
Después, cuando ya estaba trabajando, me fui a Buenos Aires y compré un piano. Era un Albert Fahr, cuarto de cola mignon. No era lo excelente, pero era lo que podía comprar en ese momento. Hace ya varios años, en Casa Breyer, donde compré el Farh, compré un Ronisch cuarto de cola hermoso, arreglado por ellos. Una joya. Había un montón de pianos hermosos, pero me decidí por el Ronisch. Un piano de origen alemán.
- ¿Los alemanes, de alguna manera, son los mejores pianos?
- Sí. Para Chopin, para todos los románticos, si o sí.
- ¿Cuántos años tuviste el primero?
- Lo tuve como dieciocho años. ¿Sabés lo que pasa? Yo no sabía mucho un asunto del cuarto de cola mignon. Tienen el problema de que los graves no andan muy bien, no podés hacer mucha resonancia, no tiene ese alcance el piano. Después, era una máquina muy antigua, por lo menos cien años debe haber tenido. Era de la época del Káiser calculo. Tenía un muy lindo sonido, pero no podías hacer demasiado peso y obras de alta velocidad porque no daba el piano.
- ¿Se pierde nitidez?
- No, el problema es que era como que tocaba con la madera, directamente no podía ir a alta velocidad. Podías tocar obras sencillas, algunos valses.
- ¿Por qué elegiste Chopin?
- Yo iba progresando en técnica cada vez más y más. Estudiaba obras más difíciles y en algún momento, después de tocar, por ejemplo, obras de Albeniz, de Debussy, de Ginastera, después de haber estudiado los dos conciertos de Litz, era como que yo ya tenía que profundizar en los compositores románticos y me pareció que Chopin era lo ideal.
Ya había empezado a tocar los Preludios de Chopin. Ya los había tocado en el Jockey a los más sencillos. De vuelta, por intuición, decía “tengo que estudiar y estudiar”, hasta que un día me enteré algo por una gran pianista mendocina que vino acá y tocó los 24 Preludios. Ahí figuraba que con esos 24 Preludios ella había logrado un máster de piano en Alemania. Para que tengas la idea de la dificultad técnica y expresiva que tiene eso. Entonces para mí fue un gran ejemplo. Yo fui a los cursos que dio ella, y dije “sí, es muy necesario, para avanzar en la técnica, hacer estos estudios”.
Después fui a clases de muchos maestros que venían de afuera. Uno de ellos dijo que Chopin era el fundador de la escuela moderna del piano. Entonces supe que tenía que seguirlo estudiando para avanzar en todo sentido. Ahí fue que me decidí y la verdad que he estudiado muchas obras y me encantó. Es algo extraordinario la música de él.
Había un profesor que me decía: “vos tenés el espíritu de Chopin”. Hay gente como que no le llama, a mi sí. He podido entender esa música.
- ¿Cuándo sucedió este enamoramiento por Chopin? Pensarlo como un camino
- Empecé a tocar sus obras debe ser a los 35 años. En el Jockey toqué La polonesa heroica dos o tres veces. Son obras bien difíciles. Creo que una de esas veces que toqué la Polonesa heroica pensé “me voy a dedicar a esto”.
- ¿Sucede mucho en quienes tocan el piano que se dedican a un solo compositor?
- ¿Sabés qué pasa? Durante el siglo XX, Chopin, es reconocido como expansor del universo armónico. Me di cuenta de que sus armonías eran muy especiales. Yo tocaba todo de memoria, a pesar de que pongo la partitura, hay partes que no se pueden leer, te digo la verdad. No se puede porque uno va muy rápido para ir pendiente, te vas a equivocar. Entonces, a las armonías tenía que estudiarlas muy bien y conocerlas, porque son muy especiales. Cada compositor tiene eso, cada compositor tiene sus características, ¿no?, entonces tenés que conocer muy bien para entender eso. En este caso, la armonía, la fuerza, la brillantez que tenía que llevar. Chopin es un poeta en la música. Me daba cuenta de que no podía tocar las obras muy perfectas y no poetizar. Hay partes de sus obras que son las técnicas, como Los estudios, pero hay otras, como los Nocturnos, que tenés que… por eso llamarle poeta en la música.
- ¿Cómo hacés para conectar con ese espíritu? Se puede estudiar, pero hay algo que va por otro lado supongo.
- Yo lo tengo internamente.
- ¿Qué es lo que te da la sensación de tener eso, de saber que podés tocarlo?
- Lo vas comprobando cuando lo vas tocando, vas sintiendo algo muy especial. Puedo repetirla un montón de veces a la obra y no me canso. Por suerte ahora en el concierto, gente me dijo que les llegué mucho, que transmitía mucho. Estoy muy contenta.
- Precisamente, te digo la verdad, no sabía absolutamente nada de vos, solamente me gustaba Chopin, leí tu nombre en una nota que promocionaba el concierto y decidí venir sin saber más. Cuando estaba en la cola me crucé con un amigo que también vino solo y después del concierto hablábamos de lo especial que se había sentido. No puedo explicar por qué.
- Eso es fundamental, que al público le guste. Por ahí eso es lo básico, lo más importante es lo musical.
- Quizás gustar puede ser superficial, pero sinceramente sentí que la música me había atravesado.
- Es como que vos entraste en una corriente. Es importante. Por ahí mucha gente dice “yo no entiendo” y digo “no necesitás entender”. Acá se trata de expresar sentimientos que te tienen que llegar. Y este compositor los ha escrito muy bien, es impresionante. Quizás es eso lo que me hace seguir y seguir.
Creo que él retrata de alguna forma diferentes aspectos de cómo es la vida, las distintas situaciones. A mucha gente le gusta siempre lo alegre, pero, en cambio, él muestra todo el panorama. Eso puede reflejar el estado anímico personal de él.
- En un documental lo describen como maníaco-depresivo.
- Ahora yo te digo, leí un libro de Bernard Gavoty, un francés organista que fue un estudioso de la vida y obra de Chopin. Cuando leía el libro en algún momento tuve que dejar de hacerlo por la tristeza que me daba. Creo que estuvo como once años enfermo de tuberculosis, terrible. Sufrió muchísimo. En la cama seguía componiendo bellezas. Después, en el libro se lamentaban cómo los médicos no habían podido tratar mejor a un genio así. Cuando estudió en Varsovia, en el conservatorio, ya por escrito le pusieron “genio musical”.
Hay un detalle, hice la siguiente reflexión: “voy a hacer algo por este autor”. Me lo prometí después de leer ese libro, porque me dio mucha pena el esfuerzo y tan enfermo tantos años. Digo “voy a tratar de difundir”, no sé si podré tocar tan brillantemente, pero bueno, no importa, voy a difundir su música. Ese fue mi objetivo. Me llegó muy adentro, siempre me ha dado mucha pena la gente que está muy enferma, que no puede salir y no hay solución.
- En su afán de seguir tocando, iba enfermo a tocar a las fiestas. Volvía a casa y se iba directo a la cama.
- Casi toda su vida estuvo así. La amante de él, George Sand, lo llevó a Mallorca. Ahí es donde él compone los 24 Preludios. Ahí le hizo mal el clima. Fue peor, pensando que iba a mejorar. Se cree que hay algunos preludios tan trágicos por eso, porque él ya casi estaba muriendo ahí. Pero bueno, en esa época no existía la cura para esa enfermedad.
Gavoty quiso hacer todo un homenaje. Después que Chopin fallece, parece que se lo consideraba un buen compositor, de obras muy lindas, pero triviales. Después, en el siglo XX se lo empieza a analizar bien.
- Qué extraño porque en el momento que estuvo vivo ya había mucha gente que lo idolatrababa. Apenas llegó a París, se movió en los mejores ambientes. Todas las familias adineradas de Francia lo invitaban a tocar en sus casas y aparte, era amigo y respetado por Liszt.
- Hay un detalle, si bien Chopin nació en Polonia, cerca de Varsovia, su madre era descendiente de la aristocracia polaca, y su padre era francés emigrado. Era una familia feliz, pero de golpe una hermana de él, que podría haber sido una gran poetiza, se enfermó seriamente y murió. Ahora, él sabía que tenía que irse a París, según se cree, le decían “el príncipe”, porque tenía todo un porte de príncipe y tocaba todas obras de salón, era ideal para los palacios. Y como él, a su música le ponía la influencia polaca, le daba un toque especial. Aparte de ser elegante, era muy fino y delicado tocar, lo que lo hacía especial para esos tipos de escenarios.
- Hoy, ¿quién te parece el intérprete indicado para escuchar a Chopin?
- A quien escuché en grabaciones que me han inspirado muy bien es a los preludios por Claudio Arrau, pianista chileno, en los Nocturnos. En las Baladas, a Rubinstein, era especialista. A través de mi hija conseguí la obra completa de él. Entonces entre ellos dos me manejé, mis favoritos.
Tanto la Balada n.º 1, como la n.º 2, tienen presto con fuoco, muy rápido y con fuego. Estudié primero la Balada n.º 1 que es muy difícil. Está incluso en la película “El pianista”. El que aparece como actor no es el que toca, es Janusz Olejniczak, un gran pianista que estuvo acá en Tucumán tocando.
¿Sabés quién me gusta a mí? Martha Argerich, porque ella le daba mucha prioridad al fuoco, y no tanta velocidad. Martha Argerich me dio una gran idea de cómo tocar el presto con fuoco, porque era muy difícil. Necesitas mucha velocidad y fuerza, ¿no? Es muy difícil aplicar los dos elementos. Olejniczak tocaba muy rápido y se perdían las notas.
- Cuando uno va a leer partituras, ¿quién da esa diferencia? ¿No están escritas?
- No, eso ya es interpretación.
- A partir de haber leído la biografía de Herbert von Karajan, entendí un poco más la la mente de un intérprete o de un director. Hay demasiadas sutilezas que entran en juego para quien interpréta a un compositor.
- El maestro Darío Ntaca decía: “hay una línea negra, vos podés moverte, pero no demasiado”. Hay límites. Tenés que tener en cuenta que no podés variar demasiado sobre la realidad, vos sos intérprete.
En base a todo eso me encantó haber estudiado todos estos años porque he aprendido mucho en todo sentido. He logrado crecer en todos los aspectos. Por supuesto, las carreras universitarias me han servido un montón. Más o menos a los 45 años he empezado a estudiar la Licenciatura en Música en la Facultad de Artes, me recibí a los 51. Eso también me sirvió un montón.
- Disfrutas del estudio bastante
- Si, me gusta, pero tiene su gran responsabilidad. Para aprobar todas las materias mientras estaba trabajando. Yo estaba con 42 horas cátedra. El estudio es pesado, pero lo hacía porque lo necesitaba, me daba cuenta de que era muy importante.
Ahí, por ejemplo, la licenciatura implica investigación, es muy importante eso para poder adquirir ciertos poderes, así le llamo yo, por ejemplo, de deducción. Yo ya en arquitectura lo había adquirido. Ahí era un sistema donde usted tiene que arreglárselas y presentar los trabajos. Vas aprendiendo también a manejarte sola, no siempre que te estén dando la ayudita. Además, en arquitectura, he aprendido muchísimo cuando tenías que proyectar algo y siempre era de cero. En cambio, en la música, siempre vos tenías todo armado y entendí por qué mucha gente no entiende lo que está tocando. Nunca lo han tenido que armar de cero.
- ¿Para eso se estudia al artista y un montón de otras cosas?
- Claro. A los compositores se lo estudia por la armonía y se van guiando, pero en realidad hay que ver otros asuntos también.
- ¿Como cuáles?
- Por ejemplo, vos empezás y tenés que ir visualizando el acabado de la obra de alguna forma. El acabado tiene que ver con que tenga gracia esa obra. Gracia arquitectónica, gracia en la pintura, en la música. Que sea un acabado donde uno vea que hay una armonía. Hay algunos elementos muy en común. Ese proceso que yo hacía en la arquitectura al revés, a la inversa, me sirvió mucho para entender.
Hay veces que tocan muy prolijo, pero hay que darle algo que se entienda, a veces hay un mensaje de sentimientos. Ese es un aspecto.
Otro aspecto muy importante que aprendí en arquitectura fue que pude profundizar un poco mis conocimientos básicos de física en la construcción, matemáticas. Sin querer, esos conocimientos se aplican en la técnica pianística. Por ejemplo, el principio de acción y reacción y la caída libre. Por ejemplo, la primera enseñanza en la construcción, las más fuertes son en arco. Todo, nosotros lo vamos trabajando en arcos (Karen coloca sus manos en el aire como haciendo un acorde en el piano) para tener más resistencia. Una serie de conceptos así.
Las matemáticas son impresionantes para la memoria porque yo voy contando los compases. Los compositores te van dando guías de dónde vos ya tenés que cambiar. La matemática te da una base en el ritmo también. Después encontré un libro acá en El Ateneo que decía “Arquitectura musical”, lamento no haberlo comprado.
- ¿Todo llegó de manera intuitiva eso de ir conectando conocimientos?
Sí, todo intuitivo. Con la danza, que hice desde muy chiquita, era importantísimo que un niño vaya escuchando el ritmo. A los 7 años me pusieron en danza contemporánea, de los 8 a los 13 danza clásica. Entonces, sin querer, fui escuchando y bailando diferentes músicas. Hasta bailé un nocturno de Chopin. Siempre estuve en contacto con el escenario, que es muy importante.
De golpe, cuando toqué Asturias de Albeniz me daba cuenta de que a mi profesora de piano, porque yo era alumna en ese momento, le encantó. Después ya la toqué como artista y la perfeccioné y me di cuenta de que ciertas músicas que pueden ser bailables que necesitan cierto vuelo, cierto movimiento. Si has sido bailarina o bailarín lo podés expresar mucho mejor.
El hecho de haber estudiado la física pude mejorar todo lo que es movimiento en el aire, a veces son elipses, a veces son círculos directamente, voy respirando y tengo que bajar, voy contando el tiempo que tengo que esperar. Aparte sirve para relajar, porque tenés que ir relajando, si no, no podés seguir tocando. Te ayuda con los movimientos y con la respiración. Todo trabajo detallista, de muchísimo esfuerzo y de mucho trabajo, en cada parte vos tenés que respirar o no respirar, no podés cortar una frase.
- ¿Qué artista te gustaría recomendar? Algún artista que supongas que la gente no conoce mucho, pero que valdría la pena que lo hagan.
- Lo que he notado que por ahí obras que son conocidas en el mundo, pero aquí no tanto. Por ejemplo, La balada n.º 2 de Chopin. Liszt es exquisito, algunos Estudios trascendentales. Alguno que no haya escuchado acá es Mazeppa, a ese lo he estudiado. Es música programática, Liszt escribía en función de leyendas. Es como música descriptiva, en base a leyendas. Por ejemplo, también tenía la Caza Salvaje. Algún día la voy a estudiar. Yo toqué La heroica, lo estudié en el conservatorio y después lo perfeccioné y lo toqué en recital.
- Para cerrar la entrevista ¿Pianistas Tucumanos que sientas que deberían reconocerse?
- Me gustó uno de los maestros que yo tuve, Mario Magliani.
Cuando tenía que tocar el Concierto de Schumann como egresada, quien me preparó me dijo: “mire, yo ya no puedo, no me atrevo ya a seguir enseñándole, va a tener que buscar de perfeccionarse, le recomiendo al maestro Mario Magliani”. Estuve perfeccionándome con él siete años. Él fue director del conservatorio en un momento. A mí me gustaba mucho como tocaba Liszt, él tocaba Un suspiro muy bien tocada, tenía mucha fuerza. Es una obra que ya no se la escucha.
Un buen día me dijo, “yo ya no le puedo enseñar más, ya estoy muy viejo”. Estaba enfermo y me mandó al Maestro Lazarte, con él estuve cuatro años, en donde estudié muchísimo el tema de relajación, respiración y la lectura musical.
Fragmento del concierto en el Centro Cultural Virla








