"Hay rasgos misteriosos en los seres humanos": la poesía del tucumano Manuel Novillo
“Sus poemas son claros, pero también profundos. Las historias que cuenta nos encantan”. El escritor Manuel M. Novillo presentó su tercer libro “Un invierno fuera de casa”. Entrevista con el autor.
El editor Nacho Jurao, junto al poeta Manuel M Novillo. Foto: Karen Delgado.
“En este libro – que le costará a quien no tolera la duda – conversar y volver a pensar son actos sagrados. Así, los poemas son disyunciones y cristalizaciones, apenas hipótesis que reencauzan algún fulgor, cuya tensión asume las formas de la crónica, el ensayo y la lírica”, dice Pablo Toblli respecto al nuevo libro de Manuel M. Novillo.
“Sus poemas son claros, pero también profundos. Las historias que cuenta nos encantan, pareciera que son pasatiempos, pero no, son totalmente lo contrario, están cargadas de una suave dinamita, de una doble cara, esa que parece dulce pero que esconde duras realidades”, dice, por su parte, Víctor Redondo.
Un invierno fuera de casa es el tercer libro de poesía del escritor y académico tucumano Manuel M. Novillo. Quién, además, escribe sobre temas de política y crítica cultural. En este nuevo libro, Novillo reúne poemas escritos a lo largo de varios años. Los temas giran en torno a los límites personales, los límites sentimentales y los que vienen de intentar ser escritor, las esperanzas del amor y de una vida adulta de paz y tranquilidad, y la desilusión frente a la constante dificultad de cumplir esas promesas, entre otros asuntos humanos.
A este libro, lo editó la innovadora editorial independiente tucumana, Gerania, que desde hace 5 años publica a voces potentes y sugerentes de la literatura argentina, especialmente del Norte. Gerania apuesta por una literatura que se renueva, se mueve y que crea conversaciones fecundas. Una literatura viva.
A continuación, la entrevista al autor realizada por la editorial para eltucumano:
- ¿De dónde surge el título y la ilustración de portada?
- Tanto el título como la portada son producto del proceso de edición del libro. No son sólo míos. Yo tuve un par de títulos antes, que eran más crípticos y extraños: Una última vez el último día y Me acuerdo de todo fueron los dos que más seriamente aspiraron a ser antes de que llegara el que quedó. Pero luego, con Nacho Jurao, el editor, mientras terminábamos de corregir poemas y de componer el libro tuvimos una sesión dedicada a títulos y apareció Un invierno fuera de casa. Lo de estar lejos del hogar lo vio Nacho en el libro. Yo terminé de armar la frase y creo que terminó siendo precisa.
El libro habla de viajes que personajes emprenden y hay voces que dan sus testimonios lejos de sus casas. Hay historias de otros abandonando su hogar con tristeza o a la fuerza. Y hay una serie de poemas inspirados en mi estadía en Estados Unidos por dos años, poemas que miran desde afuera y miran el afuera. Pero además creo que “el invierno” del título también podría hablar más ampliamente de la condición de mirar un poco de lejos la realidad, de querer estar adentro, pero siempre sentirse un poco afuera. El proceso que intento reflejar en la poesía pareciera ser así: me gustaría vivir más cerca de la realidad, de la realidad del amor, de la adultez, del trabajo, de la vocación, pero cuando intento acercarme las cosas me sobrepasan, por eso hablo desde acá de ellas e intento entrar desde acá a ellas mediante lo que escribo. Hablo, entre otras cosas, de esa distancia que hay, de estar lejos, de estar afuera. La poesía misma que escribo termina tratando de esa lejanía en gran medida.
La portada surgió, creo, en la misma sesión que apareció el título. Nacho, que ama a Bob Dylan como yo, propuso homenajear su legendario disco The Freewheelin (1963), donde están “Blowing in the Wind” y, una de las mejores canciones de desamor de todas, “Don’t Think Twice, It’s Allright”, entre otras obras maestras. Le dijimos a la artista Ximena Foguet que queríamos sacar algo de la tapa de ese disco, donde Dylan pasea con una pareja en una calle de Nueva York, y le mandamos el contenido del libro. Ella salió con algo mucho mejor, que enaltece nuestra idea y cada aspecto del libro.
- Este es tu tercer libro de poesía, y aparece 8 años después del segundo, ¿cómo sentís que transcurrió el tiempo entre cada una de tus obras? ¿Te ves muy distinto a nivel personal, y como escritor?
- Sin dudas que me siento distinto en muchos aspectos. Sin embargo, sí veo que hay algo central que, como escritor, no cambió del que publicó Cómo llegar a donde estás hace ocho años. Creo que, en general, el tipo de cosas que me interesan y empujan a escribir son similares: esos pensamientos y sentimientos que uno no logra entender y que la poesía te ayuda a terminar de darles forma. Eso que casi no puede ser dicho sin el lenguaje poético. El soldado que piensa en decirle a su amada que la ama por primera vez cuando está cerca de morir. El banquero que cometió un gran error legal, pero se preocupa por no desilusionar a su esposa y no por el dinero que puede perder. El joven que no puede escribir sino de sus sufrimientos. Y otros asuntos más sutiles e íntimos que no puedo casi describirlos porque tendría que repetir el poema. Hay rasgos misteriosos en muchos actos de los seres humanos que hacen a lo que pienso como el material de la poesía, desde los más triviales a algunos más determinantes de una vida.
Quizás, como persona, algunos temas nuevos han aparecido porque me he hecho más grande y mis circunstancias han cambiado, pero su origen parece similar al de antes: la ansiedad que produce en mí eso que no puedo terminar de entender, eso que aparece en mi vida y en mis lecturas, que son mi vida también, y que sólo puedo quitarme cuando intento escribir y darles un sentido.
- ¿Cuáles fueron los poetas, los músicos, los artistas que más estuvieron sonando en tu cabeza en el tiempo que estuviste armando este libro?
- Hay dos poetas que cambiaron mi forma de ver la construcción de un poema hace varios años y que ya fueron influyentes en la escritura de mi libro anterior, pero siguen siendo hoy: el norteamericano Walt Whitman y el inglés William Wordsworth. Pero, en realidad, hay un tercero ahí, que marcó siempre la lectura de esos dos, porque él los admiraba mucho, que es Borges. El Borges poeta ha sido muy influyente en mí y en mi forma de ver las posibilidades del poema. Y hoy cuando reviso el libro impreso lo sigo viendo a Borges. Es muy difícil ser influido por él y no quedar como un torpe imitador. Espero no haber hecho eso. Pero lo que yo veo en él es algo que no está relacionado con el estilo de su frase o ciertas palabras que usa, necesariamente, que son quizás los aspectos más perniciosamente influyentes de él. La poesía de Borges, desde el comienzo, para mí, está muy concentrada en mostrar sentimientos y pensamientos humanos profundos y sutiles. Me cuesta ver enciclopedismo o frialdad en Borges; yo veo esa sensibilidad que con una seriedad muy conmovedora intenta describir al hombre que llega a la casa familiar y nota que la seguridad de los seres queridos es quizá el paraíso, o que revela que, para los vivos, un muerto es ya la muerte, porque todo de él no es ajeno. Esa seriedad de Borges para meterse en la profundidad de las sensaciones humanas y sacarlas a la claridad la veo, a través de él, en sus maestros Whitman y Wordsworth también.
Además, en estos últimos años, para escribir y revisar Un invierno fuera de casa, volví varias veces sobre poemas de W.H. Auden. Los poemas reunidos de otro inglés, Philip Larkin, estuvieron muchas veces en mi escritorio mientras ensayaba versiones y corregía. Un tomo del griego Constantin Cavafis fue una gran guía para escribir poemas históricos narrativos. Sobre el final, compré una excelente antología de la poeta Andrienne Rich que me resultó muy cercana en sus intereses y me dio una nueva perspectiva para volver sobre algunos poemas. Los sonetos romántico-eróticos de Pedro Mairal son unos de mis libros de poesía favoritos que descubrí en estos años y cada tanto intenté imitar algunas cosas de él pobremente y no quedaron, pero estuvieron en el proceso de este libro.
Tengo que nombrar, sin dudas, a Bob Dylan entre mis influencias más permanentes provenientes de la música popular. Pero más justo sería decir que en el último tiempo la cantante más presente en mis playlists y que más me habló literariamente es Taylor Swift, a quien considero muy precisa e inteligente como letrista y compositora.
- ¿Qué lugar creés que va a ocupar este libro en el ambiente literario que hay hoy en día en Tucumán?
Voy a intentar ensayar una respuesta a esta pregunta compleja. En un sentido, no lo pienso mucho: no tengo presente qué lugar ocuparía Un invierno fuera de casa, digamos, en un sentido de la sociología del arte, en el conjunto de personas, objetos e instituciones que forman el ámbito de la literatura en Tucumán. En estos temas me pongo menos cientista social (aunque trabajo un poco de eso) y soy más partidario de una versión más purista de la lectura. Aspiro a que algunos poemas del libro produzcan algo de lo que los buenos poemas producen en mí: una conmoción muy íntima y personal, muy singular y circunscrita a la persona que lee y a ese libro y a ese momento. Es lo que me pasa a mí cuando leo y es en lo que pienso cuando escribo y lo que me concentro para lograr.
Pero sí soy una persona muy autoconsciente. En el sentido de que sí tengo una gran percepción de lo que las cosas que hago producen en los demás. Sí me importa si el ámbito de las personas que hacen lo mismo que yo valora el libro o no. Por supuesto. No soy en absoluto inmune a esa mirada. Quisiera que el libro y yo como autor ocupemos un lugar y que ese lugar fuera lo mejor posible. Y, pienso, que, de alguna manera, estoy revelando ahora cómo me gustaría que me vean, como un escritor preocupado por lo que sus poemas produzcan en los lectores individuales. Eso no deja de ser un lugar en el ambiente del que, sociológicamente, quiero formar parte, aunque suene a que no me importa mucho. En síntesis, quiero que me vean como al que no le importa mucho, pero en verdad sí me importa.
- El viernes 23 de junio presentaste tu último libro en la Facultad de Derecho de la UNT, ¿cómo viviste ese momento?
- Estoy muy contento con cómo salió la presentación. Fue una charla con dos personas que yo respeto y admiro mucho, el narrador Diego Puig y el poeta y psicoanalista Ricardo Gandolfo. Hablamos sobre muchos aspectos del libro, la poesía y las razones para escribir y cómo hacerlo. Creo que la charla logró algo que para mí es esencial en estos eventos: hacer que gente que no está cerca de la poesía se vaya sintiendo que tiene herramientas, y entusiasmo quizás, para acercarse ahora. Además, hacía ocho años que no presentaba un libro, como hablamos antes, y eso significaba averiguar cuánto interés una nueva publicación mía podía producir. Estoy alegre de que, al menos, para un grupo importante de personas que me conocen y conocían lo que hacía, hoy, lo que hago sigue teniendo importancia. Es más que suficiente. Hay que empezar por un grupo que quiere saber lo que hacés, hay que interesarlos y hacerles llegar lo tuyo. Hay que armar un grupo de cómplices, como día T.S. Eliot que necesitaba el poeta, y desde ahí se empieza a promover la poesía.

Manuel M. Novillo en la presentación de su libro "Un invierno fuera de casa" en la Facultad de Derecho, UNT. Foto: karen Delgado

Diego Puig, Manuel M. Novillo y Ricardo Gandolfo. Foto: Karen Delgado.








