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El Deca siempre lucha: el designio divino, la frente en alto y la sed de revancha

ANÁLISIS DECANO

Atlético Tucumán acarició un triunfazo ante River, pero se vuelve sin invicto. La Dupla trabajó bien el partido ante un rival superior, pero por detalles no consiguió un triunfo histórico. El Norte pujante puso en apuros al Millonario, casi da el batacazo y ya querés que llegue el lunes para ser toro en tu rodeo.

River se fue caliente. (Foto: Juano Tesone, tomada de Olé)





No está escrito en ningún lado, pero se sabe y se siente: Atlético Tucumán tiene un designio divino. Como una de sus principales misiones en la vida, El Deca tiene y debe ser una piedra en el zapato, un grano en el culo, una maldición y hasta un karma para los equipos más poderosos. Principalmente de los porteños, pero vale para toda América y vos sabés bien de qué hablo. No pregunten porqué. El Deca siempre será un problema para equipos como River. Ellos lo saben muy bien. 

Y casi mete un batacazo El Decano, eh. El Millonario y todas sus figuras venían de muchísimos triunfos al hilo en casa, pero estuvieron a punto de sucumbir ante las atajadas y los cordones desatados de Tomás Marchiori, los despejes de La Roca Nicolás Romero y las gambetas de Mateo Coronel, quien otra vez -como nos tiene bien acostumbrados- casi se manda uno de sus golazos de antología, esos de propia gestión y factura que lo han convertido en uno de los jugadores más picantes del país

Desde el pitazo final contra el Barracas de Chiqui Tapia que estabas muy manija con este partido, te acordabas de aquellos golazos del Pulga Luis Miguel y César Montiglio, de Simoca y Yerba Buena para el mundo, o del gol de Javier Toledo. Y ahí te dabas cuenta de que el impacto era posible. La previa que esperaste toda la semana se hizo realidad, llegó la noche del jueves, lata viene, lata va, y El Deca de La Dupla Orsi-Gómez sale a plantarse en el Más Monumental, que entonó "movete River, movete" y no sé si no amagó con cantar el hitazo "Jugadooooores...".

El Deca salió a presionar alto ante el equipo de Martín Demichelis y sus estrellas, y le causó algunos dolores de cabezas apretando arriba desde el arranque. Nada de meterse atrás (todavía). La Dupla situó a Ramiro Carrera como mediapunta para que sea el abanderado de la presión y que pueda recibir en zona de impacto, donde puede cometer sus locuras: casi silencia todo Nuñez con un intento de gol olímpico, y lo propio hizo Joaquín Pereyra

Pero Ignacio Maestro Puch parecía por momentos muy solo y River creció al ritmo de De la Cruz, que fue mucho esta noche para El Bebe Acosta, que sería reemplazado en el entretiempo. Sobre el final del primer tiempo, casi se pone en ventaja el local pero el VAR anuló la jugada. Cuando lo cagan al Deca nadie dice nada, así que ahora que esos porteños se pasen horas y horas llorando/analizando la jugada. Acá no interesa mucho.

Marchiori fue el gran artífice de lo que pudo haber sido un triunfazo, con sus voladas de palo a palo, los centros que cortó y los cordones que se desató. Romero jugó un partidazo y hasta tomó la lanza para mandarse al ataque incluso tras haberse patinado saliendo jugando o haberse dormido ante un pelotazo frontal. Lo de Bruno Bianchi fue impecable hasta que perdió en la maldita última jugada del partido.

La Dupla lo trabajó bien y fue cambiando de acuerdo al desarrollo: primero, metió mano en el entretiempo; después, cuando River se le venía encima empujado por su gente y sus nervios, mandó a la cancha a Francisco Flores para armar línea de cinco defensores y ahí ya no le llegaron más. Minutos después, con el equipo acomodado, entró Mateo Coronel, que sacó a bailar a Funes Mori y sacó una bomba que se estrelló en el palo de Armani que volaba y no llegaba. El 37 se autoabasteció a pura gambete y potencia y casi escribe su nombre en la historia.

Pero cuando el partido parecía cerrado, la debacle: Orihuela le dejó un poco de espacio a Solari y éste mandó centro para Rondón, que le ganó a Bianchi y fusiló de cabeza a Marchiori a los 48' del complemento para romper el invicto del Deca y de la Dupla, para cagarte la noche, cuando ya le habías agarrado el gustito a esto de siempre sumar algún poroto en todas las tablas y presumir los encuentros sin derrotas. Qué va ser.

El Decano se vuelve con la frente en alto, porque el Norte pujante puso en apuros -otra vez- a River y casi cumple su designio divino de cagarle la existencia a los poderosos, de hacer flamear la bandera del Norte Grande, como quien grita que ¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios!, como quien sabe que Bajo el cielo del Norte los colores de gloria brillan para la historia sembrando la emoción.

No pudo ser, Decano. Pero no importa. Tomemo somo Atlético, como un mantra, porque ya es viernes y ya se siente la sed, la sed de revancha. Porque ya no falta nada para el lunes, para volver al José Fierro y ser toro en tu rodeo, para volver a ponerte orgulloso la Celeste y Blanca, tu Celeste y Blanca, para volver a emprender el viaje hacia el templo Decano, a la esquina de tu vida y el teatro de tus sueños, para festejar por el solo hecho de ser Decano, Viejo y glorioso Decano de corazón sin igual, y por volver a ganar para meterse de lleno en la pelea. Para que de nuevo se caguen de miedo los poderosos cuando vean venir embalado y entonado y ganador al Gigante del Norte.