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¿Rodeado y acompañado por muy pocos? Año Nuevo, esperanza nueva

OPINIÓN

Estamos aterrizando en el 2024 y los tucumanos se suben al trencito de la incertidumbre. ¿Con quién lo vamos a abordar?


Cada vez que llega un 31 de diciembre, todos nos convertimos en divas sin público en las redes sociales: pensamos que a cada uno de nuestros seguidores (y no seguidores, también) le interesa saber qué pasó este año en nuestra vida, qué hicimos, con qué nos quedamos y qué cosas queremos olvidar. Otro logro inútil de la era digital: que nada importante pase en nuestra vida, sin que otro se entere como condición necesaria para nuestro goce. O quizás como decían los hombres de antaño en un ataque de sincericidio sin decoro “¿De qué sirve levantarse una linda mina si no lo podés contar?”.

Sin embargo, esta vez el año se está terminando y casi no hay balances. Una celebración de Noche Vieja donde parece no haber lugar para ningún tipo de análisis, en donde si queremos disfrutar, es condición necesaria dejar de lado ciertas cosas, fingir demencia, un año nuevo con disclaimers para muchos, con broncas para otros, con normalidad para otros tantos. Pareciera que llegar vivos a estas épocas nos habilita a convertirnos en aquel que reza que “si tenemos salud lo tenemos todo”, para simplificar que en el fondo, la mayoría no esperamos casi nada.

Hace algunas horas leí en “X”, a alguien que aseguraba que Argentina está pasando por demasiadas cosas, y por eso Dios quiso que no suframos de tanto calor en este diciembre. ¿Las fuerzas del cielo acompañan? Quizás con un alivio climatológico, o quizás vuelva a azotar una gran tormenta al amanecer, como pasó en Navidad. Lo sabremos en algunas horas. Sin embargo, ahora toca hacer el repaso anual.

El 2023 deja algunos saldos y perlitas en Tucumán que merece la pena mencionar. Un año extraño. Atípico. Cómo olvidar el latigazo de dengue con el cual se iniciaba un caluroso año, o cuando suspendieron las elecciones provinciales, tan solo a días de que el pueblo lleve su expresión a los cuartos oscuros. Cómo olvidar con qué rapidez, todos se aprendieron el nombre y el trayecto de un tal Acevedo, y que hoy recorre esta provincia junto a Osvaldo Jaldo.

Cómo olvidar ese voto a voto que mantuvo en vilo a miles de capitalinos, para que finalmente la intendencia de la ciudad se haga por primera vez responsabilidad de una mujer, y además, con retorno histórico de un gobierno peronista a ese municipio.

Este año no faltaron los aniversarios a los baches, los bailes de madrugada, los besos en las plazas, las naranjas en el suelo, las cañas pintando el horizonte, los perritos del café, los libros digitales, los bailes tiktokeros, un San Martín campeón de la Liga Tucumana, un Atlético con renovaciones constantes, los miércoles de marchar, los sábados de tercer tiempo, los chicos en las plazas, los domingos de tristeza, los lunes de esperanza.

Imposible dejar de lado que este año salieron a la luz planos, denuncias y pruebas de una Ciudad Universitaria que pudo ser, pero que no fue y –en este contexto- nunca será. Una pérdida suprema a ese universo paralelo de sueños que miles de norteños podrían haber cumplido. Pero no fueron (ni de cerca) una posibilidad.

Claro que hoy hablamos de que estamos abandonando este, y nos queda el año que sigue. Cada vez que llega una nueva temporada al planeta Tierra, sabemos que hay cosas que inevitablemente vamos a atravesar (si estamos vivos, claro). Vamos a cumplir años, vamos a vivir cumpleaños de otros, vamos a ir a algún velorio, vamos a enfermarnos alguna vez, vamos a acariciar algún perrito, vamos a comer un sánguche de milanesa, un helado fresco a la siesta, una gaseosa desproporcionalmente azucarada… y entre tantas certezas, se siembran las incertidumbres. Y es que este 2024 está llegando a Tucumán con una serie de políticas de ajuste que sin duda alguna, van a salpicar hacia distintos sectores y con un efecto mariposa que será imposible de esquivar. Sabemos que a todos nos va a manchar, pero no sabemos cómo.

Enero de 2024 será el primer mes sin sueldo para miles de tucumanos que formaban parte del plantel laboral del Estado provincial, al igual que muchos otros tantos que formaban parte del plantel nacional a través de distintos ministerios. Pronto comenzarán a formar parte de la demanda laboral por trabajo en el sector privado, o a competir con otros emprendedores. El año en donde la apertura de importaciones comienza a generar un mercado más competitivo, en el cual comenzarán a quedar masacrados otros tantos en el camino, imposibilitados de hacer frente a ningún tipo de competencia.

¿Y cómo hacemos entonces para que el disfrute siga siendo una posibilidad? ¿Dónde nos queda el goce cuando todo está tan confuso? Dicen que la fuerza más intensa que existe es el agradecimiento. De todo, de lo bueno y de lo malo. Hoy, el deseo para muchos apunta más a otra cosa. A estar con los tuyos a amar, a abrazar, a esa sensación tan buena y tan profunda “de ir poco a poco desprendiéndose de todo y todo los que nada merecen, y poco a poco reconocer, más allá de los años y las fronteras, una familia de espíritus afines. De repente se siente uno rodeado al estar al fin acompañado por muy pocos”, como decía Albert Camus.

Por eso, hoy muchos han tomado la decisión de iniciar el año con los que aman, con los que quieren, con los que se sienten afines. Y a quienes no tienen esa suerte, seguramente han elegido esperar la medianoche para correr a compartir y abrazar con aquellos que nos hacen sentir la esperanza de que todo va a estar mejor, y que van a funcionar los rituales, y los besos, y los abrazos, y las miradas al cielo eterno.

Lo cierto es que cuando den las 00:00 y en tanto otros países nos lleven la delantera en comenzar a transitar el 2024, por acá habrá quienes miren las estrellas, o se miren hacia adentro, o se miren a los ojos con el de al lado y pidan por un año transitable. Un año ameno, un año con mayores certezas ante tantas dudas. Y si, se celebra. Porque en medio de tantas discusiones y tanta represión colectiva, lo que nadie puede reprimir es la alegría. La alegría de ser, de estar, de amar, de resistir, de encontrarse en comunidad. En Tucumán también plantamos la alegría y la esperanza como bandera. Porque la felicidad, no se negocia.

¡Feliz Año Nuevo!