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"Gonzalo Rodríguez es mi pastor y nada me faltará": mirá lo que pasó con el Turbo después del triunfazo de San Martín

CIUDADELA

No busquen más: el ídolo es uno solo y está más intacto que nunca. GR7 ya le había cambiado la cara al Santo contra Talleres y ahora con Estudiantes se mandó una jugada monumental para liquidar el partido y llegar a la cima. Los hinchas están felices.

No te vayas nunca más, Turbo querido.





Gonzalistas hasta la hernia, los Cirujas caen de rodillas al suelo, se persignan, miran al cielo y gritan en trance: "Gonzalo Rodríguez es mi pastor y nada me faltará".

Si Ciudadela es religión, no busquen más al Mesías: es Gonzalo Emanuel Rodríguez, es Turbo, el ídolo que no chamuya, que no da vueltas, que extrañaba a San Martín desde que se fue, el que se rompió el año pasado y el que volvió para romperla como lo está haciendo.

Ya en Remedios de Escalada no tuvo cura: le cambió el semblante al Santo y los tres puntos vinieron a Tucumán. Lo mismo hizo ahora: entró, lo pasó a nafta y todavía están tratando de agarrarlo. Fuerza, potencia, talento y, lo mejor de todo, lucidez para decirle al Chuny Moreno: "Tomá, papá, hacelo".

Apenas terminó el partido, la locura de los hinchas con Gonzalo Rodríguez volvió a su pico máximo: todos los aplausos fueron para él, todas las firmas a la salida del vestuario serán con él, todos se llevarán esta noche una selfie junto al ídolo que volvió para ascender.

"Desde el primer día de pretemporada tenemos la ilusión intacta, misma ilusión que me llevó a volver. Esto es partido a partido, mi deseo es llevar a San Martín a donde se merece estar, este es el camino", declaró GR7. Mientras tanto, los Santos vienen marchando y la emoción de Gonzalo tras la ovación que se llevó al final del partido refleja lo que significa este último domingo antes de las Pascuas. Ya saben quién pone los huevos.