"Dios dirá cuándo podré estar con ellos": Ángel y su lucha para tener una vida mejor y reencontrarse con sus hijos
Hace siete meses atrás, la vida de Ángel era distinta: se encontraba en situación de calle y era adicto a las drogas. Hoy se encuentra en un hogar y sueña con ser un papá ejemplar. Conocé su historia. Video.
Ángel Ale. (Foto: María Meternich para eltucumano.com).-
Hay sol en Tucumán y Ángel Nazareno Ale camina por la plaza Independencia con una lata de facturas en la cabeza. Luego se ubica en un punto estratégico y empieza a vender durante toda la tarde. Hace siete meses atrás, su vida era distinta: se encontraba en situación de calle y había hecho del parque Avellaneda su hogar. “Me acuerdo de mi en el pasado y hoy en día me da gusto salir a trabajar honestamente, sacrificarme”, dice antes de contar para eltucumano.com su historia.
La historia de Ángel es también la historia de los más de 30 chicos que se encuentran en el hogar “Cristo Viene”, en el barrio La Milagrosa de La Banda del Río Salí. “Mucho tiempo estuvimos atados bajo la droga, la delincuencia y siendo humillados por la sociedad. Hoy pudimos salir adelante y ya no nos marginan como antes, que nos decían que éramos unos drogadictos y la peor basura, que no tendríamos que haber existido”, reflexiona el hombre de 33 años mientras nos mira a los ojos y recuerda su pasado, ese pasado reciente que aún lo acecha.
El hogar pertenece a la iglesia evangélica y funciona como centro de rehabilitación. Allí tienen una pequeña panificación donde realizan los productos para vender. Gracias a la venta pueden subsistir y tener todos un plato de comida cada día.
El hogar existe desde hace siete años, Ángel sostiene que Rosa, la pastora a cargo, les brinda consejos, ayuda y apoyo de madre. Rosa es para Ángel una gran contención. Su mamá murió hace dos años y su papá hace tres. En Rosa y sus compañeros pudo encontrar un sostén y una familia. “Yo llegué a un punto que perdí mi mujer, mis hijos, mis hermanos, perdí todo por tras de andar en la delincuencia y la droga”, cuenta. Cuando Ángel se encontró durmiendo en el parque Avellaneda el mundo se le vino abajo, dejó de encontrarle sentido a su vida y los pensamientos suicidas aparecieron, pero sabía que esa no era la solución.
Esta es la segunda vez que Ángel está en el hogar. La primera vez decidió irse y la dura realidad de la calle lo hicieron volver: “Verme tan solo en la calle, tirado comiendo de la basura, siendo marginado por la gente que te ve sobre el hombre, ni a un animal tratan tan mal. Dormía tapado con cartones y a veces no comía, mi vida era consumir y llegué a un punto que no tenía ganas de vivir, y a través de mi le causaba daño a mi familia, y eso me hizo salir y buscar ayuda”.
Un día vivió una situación límite: le dispararon en el parque y casi pierde la vida. Es entonces cuando vuelve al hogar: “Ahí me di cuenta que no se puede vivir de la droga. Llegué lastimado, triste y sin ganas de vivir, volví a encontrarme con Dios y me dio fuerzas para que ponga la mirada en mis hijos, para que ellos tengan una buena imagen de un padre”.
El mayor anhelo de Ángel
No todo su pasado lo apena: cuando le preguntamos si tiene hijos sonríe. “Tengo tres hijos del corazón”, nos dice. Es en ese momento donde deja de hablar del hogar y el recuerdo de otra vida donde fue feliz vuelve a él. Insiste en que perdió todo por la droga, pero que ahora quiere recuperarlo, y por eso se queda en el hogar, y por eso sale a vender. “Logré salir adelante y espero seguir así para darles un buen ejemplo a mis hijos”, dice con convicción.
“Quiero que sepan que se puede vivir sin la droga, sin las malas influencias, que hay distintas clases de amigos y no porque seas pobre tenés que ser drogadicto”, afirma.
La palabra papá es algo fuerte para Ángel: “Padre no es el que engendra sino el que cría, el que toma carga por un hijo, como Dios. Son mis hijos en mi corazón y es lo que me motiva a salir adelante. A veces pienso en irme del hogar, pero sé que no es el momento”, sostiene. “Dios dirá cuándo podré estar con ellos”, dice después de un suspiro.
La vida en el hogar y lo que necesitan de los tucumanos
El trabajo en el hogar es colaborativo y comunitario: las tareas se distribuyen y tienen diferentes actividades, desde lo religioso, hasta la vida cotidiana y capacitaciones laborales “para darles un oficio y que no sean discriminados por la sociedad tucumana”.
Con la venta en la calle el hogar puede crecer y comprar más hornos, elementos para la casa, alimentos y albergar más chicos en situación de calle. El sueño, según sostiene Ángel, es tener una fundación para llegar a más chicos y familias. “Esto no es para llenarnos los bolsillos, es para ayudar al hogar. Con la compra de las facturas están brindando un plato de comida a un chico que está en el hogar”, sostiene.
Ángel vivió el crecimiento de la panadería, cuando él llegó no había mucho en el hogar. Un día la pastora llegó con un sueldo que cobró y les dio para compren obleas para vender, luego, con ese dinero y donaciones, compraron harinas y empezaron con la panificación, hasta lograr la variedad de productos que tienen hoy, y esperan seguir creciendo.
La crisis económica que atraviesa la Argentina no les es ajena, Ángel nos cuenta que las ventas han bajado y los precios han subido. Cuando la gente no puede colaborar, ellos no venden y eso significa menos alimentos y posibilidades de brindarle contención a los chicos que lo necesitan.
En el hogar, Ángel cumple el rol de colaborador, habla con los chicos más jóvenes que se encuentran allí y les aconseja, eso también es una forma de paternar. Cuando piensa en su papá sonríe. Nos cuenta que lo extraña y daría todo por volverlo a abrazar: “Le daría un abrazo y le diría que lo extraño. Al que tenga a su papá le digo que no lo haga sentir mal, que lo valoré, porque es triste cuando necesitas un abrazo de una figura paterna y no la tenés. Yo les digo a los chicos del hogar que tienen sus papás que aprovechen el tiempo que tienen con ellos en vida, porque el día de mañana no lo tenés y es triste”.
Mirá el video y conocé a Ángel:








