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Instalar la prohibición en las aulas es un acto de retroceso educativo

TRIBUNA ABIERTA

Susana Maidana, profesora emérita de la Universidad Nacional de Tucumán, alude al debate sobre las prohibiciones al uso del teléfono celular en las aulas. “La educación no puede ni debe entenderse como opuesta a la distracción porque una buena clase entretiene, divierte y moviliza el goce”, plantéa.

(Imagen lustrativa tomada de diario Panorama)


En los últimos años vivimos sociedades que demonizan a los jóvenes y pretenden domesticarlos a partir de prohibiciones que están muy alejadas de lo que hoy se entiende por esa actividad difícil y compleja, pero  tan atrapante que es educar.

De ningún modo la educación está reñida con la distracción, término que tiene, al menos 2 sentidos, uno alude a desconcentrarse y otro, no menos importante, se relaciona con el juego, el entretenimiento.  Los niños, niñas y jóvenes recurren al celular cuando se aburren, lo mismo que hacemos los adultos o para buscar informaciones, que  obtenemos con suma rapidez.

Es en este sentido que la educación no puede ni debe entenderse como opuesta a la distracción porque una buena clase entretiene, divierte y moviliza el goce, como lo vieron los grandes pensadores griegos.

Es sabido, en cambio, que lo prohibido es aquello más deseado, precisamente, porque no está permitido y los seres humanos somos deseantes, buscamos saber lo que no sabemos, tener aquello que carecemos y son precisamente esos anhelos los que mueven a la búsqueda del saber.

La verdadera autoridad del docente no se manifiesta a través de prohibiciones sino porque sus clases atraigan, conmuevan, interesen y, en la medida de sus posibilidades, respondan  a las inquietudes de los interlocutores, que son los jóvenes ávidos de saberes movilizadores.

No cometamos el gravísimo error de prohibir el uso del celular en las aulas sino de reconocer que los adultos tenemos la responsabilidad de pensar y debatir sobre la educación en tiempos distópicos. Ni la ludopatía, ni el bullying, ni la bulimia, ni la anorexia, ni la violencia, ni la depresión de los jóvenes se enfrentan con prohibiciones sino que obedecen a problemas sociales que debemos enfrentar con miradas y diálogos  inteligentes.

La educación debe estar en el centro del debate social para que no sean necesarias ni las admoniciones, ni las prohibiciones que cercenan la libertad, esa libertad bien entendida que es un instrumento de emancipación y no una vacua declaración.

Susana Maidana

Doctora en Filosofía. Profesora Emérita de la UNT.