"Soy Franco": la maravillosa historia del hincha de San Martín que vive lo que viven todos los hinchas de San Martín
Esta semana, cientos de historias han salido a la luz en todos lados, pero lo que dice este fanático que llegó desde Los Ralos resume el sentimiento del Pueblo Ciruja. Fin de la previa. Hora de que los sueños se hagan realidad. | Por Alfredo Aráoz
Franco.
Era el mediodía insoportable del miércoles en Tucumán y, desde el piso de canal 8, el periodista Félix Cerrutti le anunciaba a la audiencia que llegaba el segmento del Deporte, como si todo esto que genera San Martín pudiera etiquetarse en un segmento o en una sección de los noticieros locales.
Decía el gran Félix: “Nos vamos directamente al estadio de San Martín a ver qué movimiento de gente hay a esta hora”. Del otro lado de la pantalla de canal 8, partida en dos, bajo el sol del 30 de octubre (mes de oktubre), el movilero Luis Medina tomaba la posta y salía al aire desde Ciudadela, parado y transpirado al lado del cartel que dice: “Bienvenidos al Estadio Más Caliente del País”.
Pero detrás de Luis Medina no había nada. Ni movimiento de gente ni nada. Solo una valla que se mantenía en pie y nada más. “¿Qué pasa, Luis?”, le decía Félix a su compañero de canal y la respuesta desde el móvil llegaba: “Lo que pasa, Félix, es que ya no hay gente porque ya no quedan entradas. Ya se las llevaron todas”.
En canal 8, en canal 10, en el tucumano, en la gaceta, en los primeros, en LV12, en la mayoría de los medios de prensa suele haber reuniones de producción unas horas antes a un suceso histórico como el del domingo y una planificación de cara a la cobertura de un hecho histórico como el que ya se está viviendo. Básicamente, todos planifican lo mismo: si la venta de entradas comienza a las 9 de la mañana, se supone que cuatro horas y 18 minutos después (a las 13.18), todavía el color de la venta de entradas va a salir en vivo.
Pero no.
No hay nadie detrás del móvil de Luis Medina. Ya volaron las entradas y ya se fueron los hinchas. Ya no están. Estuvieron desde el lunes a la noche. Arrasaron las 20 mil entradas destinadas a San Martín. Se las llevaron todas. Como un temporal. Sí, un temporal. Y como todo fenómeno natural inesperado, así como se desbordan las calles también se queman los papeles. Lo pensado para un móvil de televisión queda en la nada. Ni el humo de las brasas de las parrillas queda.
Unas horas antes de la escena relatada en canal 8, los hinchas de San Martín que incomodan a los móviles en vivo de la prensa tucumana, ya habían contado sus historias de sacrificio, ya habían respondido desde qué hora estaban haciendo la cola, ya se habían tapado la cara para que no los descubrieran en el trabajo, ya habían cuestionado por qué la dirigencia no había vendido desde más temprano las entradas. Ya habían hecho todo eso.
Entre esos hinchas que movían las cámaras, el más molesto, el más amanecido de todos los amanecidos, se había metido en todos los vivos posibles para una causa noble: intentar explicarles a los que no saben lo que es San Martín, precisamente qué es San Martín.
“Mirá lo que es esto, loco. Esto es San Martín. La madre de él (señalando a un hincha) ha hecho la fila hasta que el pierna llegue desde Río Negro. El vago (señalándolo) se tomó un bondi de 24 horas para hacer la cola, sacar la entrada y viajar a Rosario. Viene de Río Negro el vago, ¿entendés? Viene a buscar una entrada, loco. Solo San Martín, amigo. Y solo las madres. Solo ellas pueden entender lo que a nosotros, sus hijos, nos pasa con San Martín”, le decía el hincha amanecido de lentes y gorro a otro periodista de otro diario, antes de empezar a cantar las canciones con otros hinchas para darle con el gusto al periodista.
Si le cantaban a la cámara del otro medio fue también para sacarse la ansiedad que carcome al Pueblo Ciruja desde hace un mes. El mismísimo lunes a la noche, apenas unas horas después de conocerse que Rosario sería la sede de la final contra Aldosivi, apenas anunciado el comienzo de la venta de entradas para el martes solo para socios, ya estaban los primeros hinchas ahí, esa misma noche ya en la vereda de la Bolívar.
Ese mismo lunes a la noche, todavía con las boleterías cerradas, la primera familia que llegó fue la familia compuesta por un padre, su señora y su pequeña hija. Cuando salió la nota de esa familia esa misma noche en este diario, no faltaron los que criticaron al padre cuestionándolo por llevar a una niña a la medianoche de Ciudadela: “¿Cómo vas a exponer a tu hija así?”.
Tampoco faltaron los que criticaron a los miles de hinchas que no durmieron (como si un hincha de San Martín durmiera) para asegurarse su entrada 13 horas antes de la apertura de las boleterías. “Al pedo”, “Si sos socio, tenés tu entrada asegurada”, “Fantasmas”, “Ah, pero para buscar laburo ni hablar, ¿no?”.
Es parte de la sociedad que habitamos. Hay gente que es así y que no va a cambiar. Pero es parte de la gente que convive con la misma sociedad que ve a un chango saliendo en bicicleta con un bidón de agua en el manubrio y le desea buena ruta. Es la misma sociedad que a un hincha que no conoce le tira unos mangos en un alias para que llegue a comprar la entrada. Ese es el mismo chango, llamado Nahuel, que se emociona porque llegó a juntar la plata y porque va a cumplir su sueño de ver a San Martín en el partido más importante de los últimos años, al menos el más importante después del gol de Tino.
Es el mismo chango, Nahuel, el que al lado tiene un changuito de seis años que vende patitos amarillos para ayudar a la familia a juntar para la entrada. La misma gente que critica cómo un niño va a trabajar para vender patitos en Ciudadela es la que cuestiona por qué un señor llamado Walter está cuidando y lavando autos para el billete que falta u otro elige no pagar la luz para sacar la entrada y titulan a la historia del que elige dejar sin luz a su familia: “Prioridades”. ¿Quiénes somos para cuestionar las prioridades de un pueblo?
Es un pueblo compuesto por escenas y protagonistas de una forma de vivir esta vida que literalmente no tiene explicación. Cuando una bandera pegada al alambrado en Ciudadela o una pared del Oeste II te dicen que esto de lo que estamos hablando es un sentimiento inexplicable, no lo interpreten. Nadie ajeno a la causa puede interpretarlo. Más fácil no viene: lo que se siente, no se explica. Ellos te lo dicen.
Entonces volvemos al móvil de Luis Medina para canal 8. El movilero (el único que conoce la calle) explicaba bajo el sol cómo había sido la venta y otras cosas más que el móvil se paralizó. Luis Medina le dice a Félix Cerrutti que recién un hincha de San Martín lo había abrazado de la emoción que sentía porque acababa de conseguir una de las últimas plateas que quedaba en venta.
Mientras desde el piso el operador de canal 8 subía la cortina musical de fondo con la canción de Fito Páez que dice que cerca, Rosario siempre estuvo cerca, en el móvil aparecía el hincha de San Martín que había conseguido su entrada. El hincha era y es de Los Ralos. Pero Fito Páez no conoce Los Ralos.
Entonces Luis Medina le preguntó al hincha lo siguiente: “Contame, ¿cómo te llamás?”. Y el hincha le respondió con la voz quebrada: “Franco. Soy Franco Plaza. Soy de Los Ralos y estoy muy emocionado porque pensaba que ya no quedaban entradas. Pero quedaban plateas y gracias a Dios y la Virgen la pude conseguir y es un sueño participar de este hecho histórico que va a ser San Martín el domingo. Es lo más grande. Mi viejo me traía a la cancha desde que tenía tres años. Él ya no está, pero le estoy muy agradecido que me haya hecho hincha de este club tan pero tan grande. Y el sentimiento que se siente es algo increíble y la emoción que el domingo vamos a vivir todos los tucumanos, porque la mayoría es hincha de San Martín, es algo impresionante. Vamos a copar Rosario y todo va a ser rojo y blanco”.
Agitado, emocionado, cansado, transpirado, con la camiseta de San Martín que de un lado tiene el escudo y del otro lado dice Franco, Franco Plaza hablaba del legado de su viejo. Parte de lo que nos quieren explicar a los que sentimos el fútbol está en la respuesta de Franco: los colores es lo único y por ende lo más importante que nos han legado nuestros padres y nuestras madres, nuestros abuelos y nuestras tías. Y los que saben de qué habla Franco, lo saben más allá de la camiseta que aman. Es el único sentimiento que une, más allá de la rivalidad y de los deseos propios y ajenos, lo que dice Franco. Pero todos saben de qué habla Franco.
Los anteriores Francos que viajarán desde esta noche a Rosario son los que dieron la vuelta en Chaco y en Almirante Brown, como dice la canción. Pero también son los que viajaron a Formosa y a Catamarca y a Nueva Italia y a Bahía Blanca y a Concepción y a Ledesma y a Junín y son los que hicieron debutar la cancha de ellos en Primera. Son los mismos que tocaron fondo contra La Florida y son los mismos que golearon a Boca en La Bombonera.
“Esto supera todo tipo de fronteras”, le dice Franco a Luis Medina en el móvil de canal 8 que resume toda la locura que se ha vivido esta semana. Hay pasados y presentes en común. Es hora de que haya un futuro en común. Y ese futuro es de Primera de una vez y para siempre. Allá arriba. Por Tucumán. Por todos los Francos, el Franco. Por lo único que a muchos puede alterarnos la vida y hacernos un poco más felices. “Volvemos con el ascenso si Dios quiere”, dice Franco. Domingo, 15 horas, Rosario. Fin de las palabras, damas y caballeros. Hora de que los sueños se hagan realidad.
Para todos los y las Cirujas que emprenden viaje con la ilusión intacta, desde nuestra institución recomendamos tener precaución, tranquilidad y, sobre todo, les deseamos buena ruta.
— Club Atlético San Martín (@CASMOficial) November 2, 2024
VAMO LO SANTO ???????? pic.twitter.com/EqXqGJiSrY








