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"Hay que salir más de la mano": orgullo y diversidad en Tafí del Valle

Historias de acá

La comunidad LGTBQ+ marcha orgullosa por las calles de la principal villa turística de Tucumán. Whipala en alto, la lucha por los derechos de las disidencias y las tierras ancestrales se unen en un solo grito.

Foto: Daniel Díaz Col





Son las cinco de la tarde de un sábado en Tafí del Valle. La temporada de verano ya terminó y los tafinistos descansan de los turistas. Somos pocos los foráneos que andamos merodeando por los valles. 

Al ritmo de Fanático de Lali Esposito, una camioneta y un grupo de personas irrumpen en la tranquilidad de la siesta. Una amplia bandera de color rosa y celeste con la leyenda “Orgullosamente defendiendo a la Pacha” desfila sostenida por un grupo de personas vestidas con colores diversos. La batuta la dirige La Checho, que con un megáfono grita fuerte que aquí están, que los derechos adquiridos se defienden, y que con orgullo y la frente en alto salen a marchar. En la plaza se prepara el tercer festival por la diversidad de Tafí del Valle, la marcha desemboca allí.

El escenario está montado, las sillas preparadas y la gente esperando el acontecimiento. Pero antes de la fiesta, el ritual. De a uno, las personas que integran el colectivo LGTBQ+ le rinden homenaje a la Pachamama en la plaza. Antes del festival, le agradecen a la madre tierra permitir este encuentro y prometen defenderla. La Wiphala marchó al lado de la bandera de la diversidad.  

Antes de empezar, La Checho se hace unos minutos en su apretada agenda y me cuenta que ella es, en realidad, de Tafí Viejo y ha sido convocada para conducir el evento que reúne a miembros de la comunidad de todo Tucumán: capital, Famaillá, Lules, Bella Vista, entre otros. 

“Con este festival venimos a mostrarnos, queremos que nos escuchen y sepan que estamos todavía en lucha, que seguimos luchando por nuestros derechos, por los que tenemos, por los que nos faltan por conquistar, y también estamos luchando por los derechos que nos quieren quitar. Todo el tiempo se nos pone en el ojo de la tormenta, como el cupo laboral trans, la Educación Sexual Integral. Todo esto también es para defender todo lo que hemos conquistado durante estos años”, afirma.

La Checho sostiene que la lucha por la tierra es una causa que también los convoca: “Estamos muy agradecidos con nuestra madre tierra por todo lo que nos da, y estamos muy agradecidos de encontrarnos acá como comunidad. Hacer el ritual de la pacha también es un agradecimiento al encuentro de estar acá”.

“Decidimos seguir construyendo estos espacios y estos lugares de encuentro porque vemos que en estos últimos dos años hemos visto cómo desde el nivel nacional no acompañan las políticas de género, de diversidad, y vemos cómo ha crecido el odio hacia la comunidad, hacia lo que es diferente. Entonces creemos que estar acá y poder hacer este tercer festival es muy importante. Luchar amor contra el odio”, argumenta.

La Checho agarra el micrófono e imparte alegría a toda la plaza. Pero la verdadera alma de la fiesta está parada a un costado del escenario observando. Samira Vargas es la referente del colectivo LGTBQ+ en Tafí del Valle y, desde hace tres años, se puso al hombro este festival y decidió que ningún tafinista estaría en el closet. 

Samira tiene 32 años y es la primera chica trans en ocupar un lugar público en Tafí del Valle: es funcionaria pública y fue miembro del cuerpo de delegados del cacique. Además, fue la primera mujer trans en enfrentar una candidatura para el concejo. 

Samira observa el festival y en sus ojos hay orgullo. Orgullo de su identidad; orgullo de las personas que la acompañan; orgullo del camino recorrido; orgullo de la música y la danza que se celebra en el escenario. 

“Hace 3 años empecé a darle un espacio a la diversidad, para que la gente pueda tener un espacio de contención, para que podamos gritar lo que muchas veces nuestro cuerpo y nuestra alma no pueden. Nos reunimos en esta fecha gente de diferentes localidades. Esto no se podría llevar a cabo sin la voluntad política del intendente de Tafí, que piensa en una sociedad inclusiva donde todos sean partícipes”, dice en una charla con eltucumano.

La diversidad en el festival no solo es sexual, sino también cultural: “No queremos dejar de lado lo que nuestros padres y la pacha nos han inculcado. Están los capolares, los folklóricos, toda la comunidad”, menciona en relación a la cartelera diversa de ese sábado por la tarde.

Ser mujer trans en Tafí del Valle

“La diversidad dentro de los valles existió, existe y seguirá existiendo”, dice de manera contundente Samira y cuenta lo que le costó decir en voz alta quién es: “Al principio no era tan aceptable, era más negable, más tabú, pero yo creo que nunca se había querido romper la grieta, porque en el momento que decidimos romperla, la sociedad lo supo aceptar y entender muy bien. Quizá el prejuicio era nuestro por pensar en qué dirá el vecino o la familia, pero tenemos una muy buena aceptación social, la gente es muy compañera y muy solidaria”. 

Hace seis años atrás, Samira decidió entrar a la esfera política de su comunidad y se postuló en una lista como candidata a concejal. “Estando dentro del ámbito político me parece muy lógico no poder llevar a cabo esto en los valles. Entonces, con mucho miedo, ansiedad lo hice y me di cuenta que la sociedad acepta, que hay mucha predisposición y que hay muchos chicos, chicas y chiques que antes no se mostraban y hoy caminan libremente por la calle demostrando quién son, y no se ocultan como antes lo hacíamos nosotras, por miedo a qué dirá la familia”, sostiene.

Fue una decisión muy difícil porque no sabía cómo se lo iba a tomar la sociedad, pero vi como los vallistas y la gente mayor salían a la calle y nos saludaban, y eso te renuevan las energías y te dan ganas de seguir luchando. Sabemos que esto es un camino que uno va marcando, un pequeño sendero para aquellas personas que están dentro de la diversidad y que sabemos que más adelante no le va a costar tanto estar insertado en la sociedad, en un ámbito político, en un ámbito público, como quizá me ha costado a mi. Creo que para ellos va a ser mucho más fácil , desde este punto en que nosotros decidimos hacer más visible en nuestras localidades.

La Wiphala es un símbolo irrenunciable para Samira y el colectivo. La lucha por la diversidad sexual, la identidad indígena y la defensa de la tierra están profundamente entrelazadas: “La Whipala por ser de los pueblos originarios la llevaremos siempre en el corazón. Nuestros ancestros lucharon por nuestro territorio y siguen luchando porque hoy en día vemos tantos avasallamientos y el pueblo indigena nos demuestra que somos uno solo”, sostiene. 

Por otro lado, Samira encontró en la sabiduría ancestral las respuestas que necesitaba ante los miedos que tenía: “Siempre me surgía la duda de saber cómo la comunidad indigena veía ser trans, o la diversidad dentro de la cultura. Las personas más grandes, las que más saben de la cultura ancestral, me explicaban que antes las personas que eran trans se las tomaban como personas sabias del lugar porque tenían dos espíritus en un solo cuerpo, tenían la visión del hombre y de la mujer, entonces tenían una amplitud visual en los rituales de la comunidad indigena. Saber esto me dio más poder y energía para seguir luchando, yo siempre escucho a los que más saben del tema, y que me hayan dicho eso, saber que no estoy fallando ni a mi misma, ni a la cultura, ni a la bandera que tanto defiendo, sea la de la diversidad o la Whipala”.

Orgullosa del camino abierto y con la certeza de seguir construyendo en pos de la diversidad en los valles, Samira opina sobre los desafíos en el futuro: “Hay que salir más de la mano e inculcar eso en los jóvenes que tienen desconocimiento de lo que han sido las luchas en cuanto a territorio y todo lo demás, por eso es que hoy en día nos encontramos en este ámbito nacional, y también provincial, que excluyen de los derechos a las minorías. Esto tiene que ser una enseñanza para el futuro, y debemos saber que nuestro territorio es sagrado, nuestro territorio no se vende, acá hay mucha riqueza ancestral. Quizá para alguien que viene de afuera esto sea un paisaje para disfrutar, para las personas del lugar la tierra implica donde cuidar sus animales, donde sembrar, esto ha sido un lugar que nadie poblaba y nuestros ancestros sobrevivieron. Hoy en día es una villa turística, y si bien también es favorable, hay que aprender a cuidar para que nuestras raíces no se pierdan”.