"El arte es una herramienta poderosa": Juliana transforma el dolor en una obra que enlaza Tucumán y Japón
Con la premisa de transformar el dolor en arte para conmover el público, la actriz Juliana González reconstruye una ruptura amorosa en Kintsugi, la obra que estrena este sábado. Un cruce entre oriente y occidente y entre el lenguaje teatral y el cinematográfico.
En la cultura ancestral japonesa, el Kintsugi es un arte que consiste en reparar objetos de cerámica rotos utilizando polvo de oro para unir los fragmentos. De esta manera, lejos de enmascarar y ocultar el daño, esta técnica deja expuestas las cicatrices y las valora como parte de la historia de ese objeto. Esa es la apuesta de Juliana González al brindar su propia versión de una ruptura amorosa en Kintsugi (exposición de una ruptura) la obra que estrena este sábado 6 de septiembre a las 21 en la Sala Ross (Laprida 135). La actriz revuelve en su propio pasado para reconstruir una historia que expone las nervaduras del dolor universal y traza insospechados vínculos entre la cultura tucumana y la japonesa y entre dos lenguajes artísticos: el teatro y el cine.
Todo empezó con una foto. Una postal del momento exacto en que se produce el movimiento de las placas tectónicas de ese universo que teje el amor entre dos personas. Un quiebre. Dos destinos que se separan y un mundo y un lenguaje que se rompen a pedazos. Todos hemos sentido alguna vez ese hueco que deja el desamor en el centro del pecho. Así lo explica Ezequiel Martínez Marinaro, director de la obra: “La idea de Kintsugi surge cuando Juliana me convoca para que la dirija en una obra unipersonal. Ella venía atravesando un proceso de escritura como parte de un taller autobiográfico coordinado por María José Medina, donde había producido una serie de textos personales. Al leerlos, me llamó la atención uno en particular: relataba la experiencia de su ruptura con quien era en su momento su novio de muchos años, la separación ocurría en un bar en donde había un grupo de hombres de origen asiático jugando al pool, de hecho, había una foto que ella había sacado de ese momento. Esa coincidencia, entre esas dos situaciones distintas en un mismo momento, me llamó la atención. Ese texto y la imagen terminaron siendo el inicio de la obra”.
“Creo que desde occidente hay cierta fascinación por la cultura japonesa: su cultura, su cine, su música, el teatro y su gastronomía. Había algo en esa foto y en ese relato que condensaba esa atracción, y que me llevó a proponer que empezáramos a elaborar un personaje a partir de esa anécdota. Así nació María, como una construcción en tercera persona que nos permitió darle ficcionalidad a la experiencia personal de Juliana”, comenta cómo se empezó a gestar la obra en la que además trabajan Camila Caram, como Asistente de Dirección y Arte, y Carolina Bloise en la producción junto a Hola Cine.

-¿Con qué se va a encontrar el público que asista a la obra?
Ezequiel: El público que asista a Kintsugi se encontrará con una propuesta escénica que dialoga entre el teatro y el lenguaje cinematográfico. La actuación de Juliana despliega un manejo diverso de registros y temporalidades, donde la palabra, la imagen y el sonido se entrelazan para acompañar su viaje expositivo.
-¿Cómo fue el proceso creativo de la obra?
-Ezequiel: Mi intención fue jugar con la combinación entre lo expositivo de un unipersonal y lo audiovisual. Por un lado, proponiendo un formato de una exposición escénica, cercana a una charla TEDx, en la que la protagonista expone su versión de los hechos. Por otro, incorporando el conectar lo audiovisual con la actuación presente de Juliana: las proyecciones y materiales audiovisuales son parte de la narración.
En paralelo, la obra busca trazar una línea entre esas ideas o asunciones que tenemos acerca de culturas que quizás no conocemos en profundidad. Muchas veces, esas nociones resultan ser verdaderas, otras veces no. Y ese mismo juego de expectativas, proyecciones y descubrimientos es lo que atraviesa también el personaje: la separación como detonante de procesos internos que pueden volverse neuróticos, con idas y vueltas, subidas y bajadas, donde la búsqueda de respuestas se proyecta a veces hacia afuera, en lugares que no necesariamente están dentro de uno mismo.
Japón apareció entonces como eje central, como referencia cultural y filosófica. Desde nuestra mirada occidental, esa tradición suele percibirse como portadora de una sabiduría ancestral, capaz de ofrecer claves para transitar ciertos momentos vitales. De allí surgió la incorporación del concepto de Kintsugi, la técnica japonesa de reparar las fracturas de la cerámica con oro, transformando las grietas en algo de valor positivo.
-A priori uno pensaría que son universos muy distantes, pero qué une a Tucumán con la cultura japonesa ¿cómo la obra traza ese vínculo entre ambas culturas?
-Ezequiel: No me atrevería a decir qué es lo que realmente une a ambos territorios, ya que no conozco Japón de primera mano. Si puedo decir que hay una comunidad japonesa en nuestra provincia y que en el camino de desarrollo de Kintsugi entablamos contacto con la Asociación Japonesa de Tucumán, donde conocimos a Hashimoto Kazumasa y a Daniel Agüero. A través de ellos pudimos acercarnos a una mirada más auténtica de la cultura japonesa. Hashimoto compartió con nosotros su experiencia de vida en Japón y su posterior emigración a Tucumán, relatando las diferencias entre ambas culturas y también los puntos de encuentro. Lo que más destacaba es el modo de vida: en Tucumán el contacto físico, la cercanía y los vínculos se viven de una manera más cálida y familiar, en contraste con un estilo más reservado propio de Japón, a la vez que en su tierra natal se toman las cosas de manera espiritual. Esa comparación nos permitió reflexionar sobre la riqueza de los vínculos humanos y sobre cómo cada cultura encuentra su forma de atravesar las dificultades.
-¿Cómo el desamor o una ruptura amorosa se transforma en arte?
Juliana González: Los temas universales y transversales en la condición humana son los motores que dan marcha a cualquier rama artística, la muerte, el amor, el desamor, los vínculos humanos. Es hermoso lo que pasa con el arte porque toma estos temas para darle otros matices, no por nada nos hemos conmovido leyendo a los más grandes escritores, viendo pelis, cantando a los gritos canciones que retratan estos temas, por darte solo unos ejemplos. Trasformar el dolor en una obra de teatro es resignificar estos temas universales y conmover. 
-¿Por qué volver a hacer teatro ahora?
-Juliana González: Hace varios años que no actúo, estuve muy abocada al stand up. Tenía muchas granas de actuar y hacer teatro. Elegirnos entre amigos para laburar es hermoso por que pasan cosas muy lindas que después en la salida del ensayo, seguimos maquinando, elucubrando cosas, y en el medio se mezcla la vida; nuestras vidas. Nos conocemos hace muchos años, sabemos lo que nos gusta, nos vemos en las producciones de los otros, entonces sabemos del talento y la confianza que habita entre nosotros.
-¿Qué rol te parece que tiene el teatro en un momento histórico como el actual?
Juliana González: Hacer teatro en estos tiempos es muy complejo. Fue difícil económicamente hacer el laburo. Imaginate que estamos bajo un gobierno que literalmente no cree en la cultura y no habilita a que eso suceda. La cultura refuerza la identidad de una ciudad y el pensamiento crítico. Justamente quieren limitarla al mero hecho de entretenimiento y me parece que es importante que coexistan todos esos factores. El arte es una herramienta tan poderosa y Tucumán tiene ese poder. Hay artistas que brillan acá, a nivel federal y a nivel internacional. Es la meca cultural de las provincias del noroeste. Ofrece una gama de actividades culturales totalmente variadas. Es curioso lo que pasa con la cultura porque cada vez que intentan apagarla o censurarla, siempre encuentra la manera de mantenerse en pie, resistir y emocionar. Acá estamos, disfrutando de nuestro proceso creativo y listos para sumar un buen plan de sábado: ver teatro.
Basada en hechos reales y con un gran trabajo dramático, Kintsugi (exposición de una ruptura) será un planazo durante todos los sábados de septiembre en la Sala Ross (Laprida 135). Quienes quieran adquirir sus entradas pueden hacerlo al teléfono 3815403366 o haciendo click en el siguiente link: Kintsugi.









