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"Los discursos de odio envenenan el tejido social y el funcionamiento de la democracia"

Entrevista

Para el experto en filosofía del lenguaje Andrés Stisman los insultos y discursos de odio se han vuelto moneda corriente en la política y actúan como herramientas de deshumanización. Un curso de la UNT analiza estas formas del lenguaje: “La ultraderecha conoce muy bien las pasiones y temores que habitan a los seres humanos y sabe encauzarlos”. Por Exequiel Svetliza.





Desde los mandriles de mandrilandia pasando por las ratas del Congreso de la Nación y los kukas de la oposición se han vuelto especies comunes en la fauna que habita la virulencia discursiva presidencial donde cualquiera que piense distinto se convierte en un "zurdo de mierda" o padece de parásitos mentales. El insulto y las diversas formas que asumen los discursos de odio en la actualidad se han convertido en herramientas políticas y arietes del discurso del poder en tiempos de la mentada batalla cultural ¿Cómo surgen y por qué proliferan estas expresiones? ¿Cuál es el objetivo de la mordaz lengua libertaria y cuál es su impacto en las personas que reciben sus constantes ataques? ¿Cómo contrarrestar ese uso odiante del lenguaje? El tucumano Andrés Stisman es experto en filosofía del lenguaje y analiza estas cuestiones que hoy son temas recurrentes en el debate cultural y político argentino. 

"Insultos y expresiones de odio. Aportes de la filosofía del lenguaje” es el título del curso de postgrado virtual que Stisman brindará a partir del 25 de septiembre en la UNT. Andrés Stisman es Doctor en Humanidades y Profesor asociado de la UNT a cargo de las cátedras de “Filosofía del lenguaje” y “Taller de Integración I” en la Facultad de Filosofía y Letras. Además, es Director del Centro de Estudios Modernos y Contemporáneos en esa casa de altos estudios. El especialista charló con eltucumano.com acerca de los usos y alcances de los insultos en la actualidad y advierte: “El discurso de odio es siempre deshumanizador”. 

 

-¿Cómo surgió la idea de dictar el curso? ¿Cuál es la importancia de pensar y analizar los insultos y discursos de odio en el contexto socio-político actual? 

-Este curso se gestó en mi mente en noviembre de 2023. Se estaba por realizar el ballotage de las elecciones presidenciales y la violencia verbal había escalado a niveles poco conocidos en Argentina. Se empezó a hablar mucho de discursos de odio, pero de forma bastante intuitiva y, a veces, poco técnica. La filosofía del lenguaje viene dedicándose desde hace muchos años al análisis de distintas formas lingüísticas de ofensa. Hay mucha producción sobre el tema. Y mucho debate también. Si bien es cierto que tenemos nociones pre-teóricas acerca de lo que es un insulto o un discurso de odio, hay muchos debates entre especialistas sobre la naturaleza de los componentes semánticos, pragmáticos y expresivos que entran en juego. Me pareció importante dar a conocer estas investigaciones a quienes quieran aproximarse a estos fenómenos con mayor conocimiento y comprensión teórica. Mucha gente se siente enojada y asustada con los discursos de odio. Creo que un paso importante para combatirlo es comprenderlo. 

 

-¿Cuáles son las características de los discursos de odio actuales? ¿Qué los distingue respecto a este tipo de expresiones en otros contextos? 

-Me parece muy importante aclarar que no hay una definición única acerca de lo que es un discurso de odio. Hay diferentes caracterizaciones en pugna porque hay diferentes marcos teóricos para abordar el asunto, porque la violencia verbal no se manifiesta del mismo modo ni contra los mismos grupos en diferentes países y, fundamentalmente, porque la noción de discurso de odio no es solo descriptiva sino también normativa. Es decir, sirve para deslindar qué expresiones deberían ser pasibles de regulación. Sobre estas cuestiones no hay consensos. Aclarado esto, se puede decir, como aproximación, que un discurso de odio es aquel que expresa, fomenta o incita el odio contra un grupo de individuos distinguidos por una característica particular. El discurso de odio siempre va aparejado de estereotipos negativos acerca de un conjunto de personas y de un mensaje, implícito o explícito, de que ellas son inferiores y no merecen el mismo trato que otros miembros de la sociedad. El discurso de odio es siempre deshumanizador. En general, cuando se habla de estos discursos, se piensa en la etnia, la religión, la nacionalidad, la orientación o la identidad sexual. Sin embargo, creo que debe ampliarse el abanico. En la Argentina actual son víctimas de este tipo de discursos sujetos del colectivo LGBTIQ+, pero también individuos por su identidad política o condición social. Hay personas en este país que, por sus ideas políticas o clase social, son tratadas literalmente como cucarachas. Piense en el tuit de un empresario cordobés, viralizado esta semana, en el que se dice que algunos ciudadanos de la Provincia de Buenos Aires merecen la desnutrición infantil. Una expresión de deshumanización absoluta.

Por supuesto, también cabe aclarar que no siempre la violencia verbal o la falta de respeto constituyen discurso de odio. Los estudios sobre el lenguaje sirven para hacer las distinciones del caso.

 

- ¿Cuál es el rol de los insultos y discursos de odio en la llamada batalla cultural y cuál es el uso político que se hace de este tipo de expresiones?

- La denominada batalla cultural no existe sola. Está articulada con un proyecto económico y político depredador. Fíjese usted que una palabra ausente de la agenda política de las extremas derechas es “inclusión”. Desde el poder estatal ya se ha manifestado explícitamente que la discapacidad no es un problema del Estado sino de las familias. Hay seres humanos que son vistos y tratados como deshechos. Los discursos de odio, precisamente por la deshumanización que realizan de otros seres humanos, están al servicio de la exclusión social y la marginación. Los discursos de odio siempre están orientados a convertir a grupos enteros de personas en seres humanos de cuarta, en seres eliminables. El proyecto excluyente tiene caras materiales y simbólicas. Están articuladas. 

 

-¿A qué se puede atribuir la proliferación de este tipo de discursos en la actualidad? ¿Cuál es el rol de las redes sociales en la difusión y expansión de estos discursos? 

-Vivimos en un mundo muy difícil. Millones de personas no pueden acceder a elementos básicos para la subsistencia. Otros, pudiendo subsistir, tienen miedos razonables. El empleo es precario, la propia subsistencia y la de los seres queridos no está garantizada. Es probable que la inteligencia artificial arrase con millones de empleos. El poder político no parece, en general, estar muy atento a estas dificultades. Millones de personas están bombardeadas por información acerca de lo que significa ser exitoso a la vez que saben que no lo lograrán nunca. Ante este panorama es lógico tener miedo y bronca. Lo que hace la ultraderecha es transformar esas pasiones legítimas y redirigirlas. Así, la culpa de todos los males no la tiene la injusta distribución de la riqueza ni el poder político y económico depredador y corrupto, sino un obrero de La Matanza que vota al peronismo o una persona que se identifica como mujer habiendo nacido con pene. La ultraderecha conoce muy bien las pasiones y temores que habitan a los seres humanos y sabe encauzarlos en otras direcciones. Los discursos de odio son, en esos contextos, funcionales. Las redes sociales, a su vez, son un campo propicio para la proliferación de esos discursos porque el otro ha desaparecido. No hay un ser humano con un rostro a quien dirigirse. No se ve el efecto que produce la violencia verbal. No hay de qué sentirse culpable. Solo hay un teclado y un ser humano más imaginado que real del otro lado que, en suma, es solo un estereotipo. Se tiene así el escenario perfecto para que seres frustrados viertan su bilis sobre los demás. 

 

-¿Cómo influyen o afectan estos discursos de odio en las personas? ¿Cómo se pueden combatir o contrarrestar este tipo de expresiones? 

-Los discursos de odio no solo afectan a las personas individualmente, sino que envenenan el tejido social y el funcionamiento de la democracia. Las personas víctimas de estos discursos pueden sentir miedo, suelen retraerse de la vida pública para evitar ser víctimas de agresiones. Pueden sentir que, para su sociedad, son inferiores, especialmente si estos discursos son socialmente tolerados o, peor aún, oficialmente estimulados. Por otra parte, los discursos de odio no solo provocan un daño psicológico muy grande, sino que ponen a los individuos objetos de esas diatribas en otros peligros. Suele decirse que de la violencia verbal a la física hay un solo paso. Eso es verdad. Pero muchas veces no se dice por qué. Y la respuesta es la siguiente: si alguien cree que el otro merece ser humillado con palabras, ¿por qué no merecería algún otro tipo de daño? Si el otro es deshumanizado, se abren todas las puertas para todo tipo de violencias. Con respecto a cómo contrarrestarlos es un asunto complejo y polémico. En ocasiones no hay que callarse cuando se presencia que alguien es objeto de discursos de odio. Si usted presencia en el colectivo que alguien insulta a un joven diciéndole, por ejemplo, “puto” le hace un favor a la sociedad no callarse, bloquear ese discurso. Pero, a veces, debe hacerse lo contrario. Por ejemplo, si alguien quiere ser viral escupiendo odio en redes sociales, en ocasiones, el silencio preventivo ayuda a no dar difusión. En todo caso, el discurso de odio produce daño. Y para evitarlo y repararlo están las leyes. Ningún derecho es absoluto. Yo creo en la regulación de estas formas de discurso. El invocado derecho a “decir lo que se me cante la gana” no puede ir en detrimento de otro derecho: vivir una vida sin miedo ni humillaciones. 

 

-¿Se puede hacer uso de los discursos de odio y no odiar? 

- En general quienes profieren discursos de odio, sienten odio. Pero no es necesario que así sea. Los discursos de odio no deben ser vistos como síntomas de lo que acontece en la psiquis de sujetos particulares, sino como piezas discursivas objetivas que tienen finalidades específicas (redirigir el odio de la población, propiciar el odio de otros, deshumanizar). Alguien podría no sentir odio, pero usar esos discursos estratégicamente, porque rinden electoralmente.

 

Curso de postgrado 

Los interesados en participar del curso virtual "Insultos y expresiones de odio. Aportes de la filosofía del lenguaje” que comienza este mes pueden inscribirse y solicitar información haciendo click en el siguiente enlace: curso de postgrado.