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Todavía falta lo peor

TRIBUNA ABIERTA

Ya el rugido del león no es entretenido y los cuervos deambulan en círculos, como augurando carroña. Por Sisto Terán Nougués.

Imagen ilustrativa tomada de sistoteran.substack.com.


Tenía pensado hoy encarar dos sucesos que me impactaron profundamente. Lo acontecido en Nepal, donde multitudes enardecidas salieron a las calles en protesta contra la decisión gubernamental de prohibir el uso de las redes sociales, y el salvaje asesinato que se perpetro contra Chris Kirk en los Estados Unidos.

Pero la realidad argentina no nos da respiro y nos exige ocuparnos de ella con una urgencia e inmediatez que es indicio de que las cosas se están desarrollando a una velocidad peligrosa y con finales imprevisibles.

Por eso, dejando para otra oportunidad los sucesos internacionales, solo dejo hoy constancia de mi tristeza infinita y mi repudio absoluto a la violencia desatada en Nepal y al homicidio a sangre fría que conmociona la opinión pública estadounidense. Voy a repetir hasta el cansancio que deploro la violencia en todas sus formas, y que este rechazo se formula sin condicionamientos de ningún tipo. No hay situación alguna que justifique un linchamiento público o el asesinato de una persona, fuere quien fuere la víctima. De una vez por todas tenemos que dejar de centrar la mira en la personalidad de la víctima y cuestionar sin paliativos al victimario.

Dije sin embargo que la realidad nacional se impone por fuerza y me obliga a atender su volátil situación presente.

Ex profeso uso el vocablo volátil, porque la “volatilidad” es la palabra con que los especialistas suelen referirse al panorama bursátil, por estos días decididamente en caída libre.

Desde el domingo 7 de septiembre a la fecha, el círculo rojo, el periodismo político y los mercados han estado esperando los coletazos del resultado electoral en la provincia de Buenos Aires.

Mas allá del arco iris amplísimo de opiniones desplegadas, lo importante es verificar qué pasos concretos está dando el gobierno de Javier Milei para revertir el grave momento por el cual está atravesando.

La verdad es que, desde esa perspectiva, el panorama es muy desalentador.

Tras una tibia autocrítica inicial, anuncia en el plano político que no hace cambios en el gabinete, y, no solo eso, sino que empodera formalmente a su hermana y ratifica la conducción en manos de los mismos personajes sospechados y carentes de aptitud de diálogo por pérdida completa de la confianza de parte de sus eventuales interlocutores.

Lo único que parece haber cambiado es el gesto fiero y la estridencia discursiva del Presidente de la Nación. En lo demás, todo sigue igual, o peor.

Haciendo oídos sordos del mensaje estentóreo que las urnas bonaerenses le habían hecho llegar, decidió vetar la ley de financiamiento educativo y la de emergencia del hospital Garrahan.

Esta decisión fuerza a que hoy, mientras estas líneas escribo, la Cámara de Diputados de la Nación está sesionando, rodeadas sus calles y adyacencias por multitudes de manifestantes que reclaman del ejecutivo un acatamiento a las disposiciones del Parlamento.

Desde el punto de vista político y social, los vetos, dada la materia y la oportunidad política en que fueron emitidos, constituyen “per se” un acto de irresponsabilidad. Incitar deliberadamente a la gente a movilizarse es peligroso. La temperatura social ya colinda con la fiebre, y no resulta conveniente fomentar la confrontación callejera.

Pero les voy a decir algo a mis lectores, que puede resultar sorpresivo. No importan ya los resultados de las votaciones en el parlamento, no importan ya los resultados del remoto 26 de octubre, la verdad es que la suerte de este programa económico está echada. El 27 de octubre, o quizás antes, el plan de Caputo y Milei, tal como estaba concebido colapsará en forma contundente.

Lo que pase en las calles, en los recintos legislativos, en las urnas, en los medios de comunicación, adelantará o retrasará unos días, lo que es ya una fatídica crónica de un final anunciado.

 

El programa económico está liquidado

Muy especialmente destaco que no hablo aquí del fin del gobierno, ni mucho menos del abandono del poder por parte de Milei y su gente, solo estoy diciendo que el programa económico está liquidado, y después de octubre el panorama forzosamente empeorará en el corto plazo.

El primer elemento a considerar para fundar mis dichos, es el de la pérdida de la confianza de los actores de la economía en la palabra presidencial.

En el plano económico, la confianza es el pilar sobre el cual descansa todo el andamiaje de un programa.

Pues bien, esa confianza se perdió completamente.

Si el Presidente con petulancia decía que el dólar iba a caer a $ 700, hace solo un par de meses atrás, y hoy el dólar está rozando los $1.500, ¿Cómo es posible creer en sus anuncios? ¡Le erró por un cien por ciento en su vaticinio! ¿En verdad cree alguien que una Nación en manos de Karina Milei y su entorno cuestionado, puede ser merecedora de confianza por parte de los actores económicos?

En vano el Presidente se ha disfrazado este lunes de persona cuerda, y con una puesta en escena actoral, a través de un mensaje leído de manera sorprendentemente calma, nos ha presentado en una cadena nacional su discurso grabado en forma previa, repitiendo con mansedumbre el libreto que sus guionistas le prepararon.

Y digo en vano, porque ya sus palabras han perdido credibilidad y su lenguaje gestual ha perdido frescura y espontaneidad. A lo lejos se detecta la impostura.

El pretexto de su discurso era la presentación del presupuesto 2026. De repente, la ley de leyes, esa herramienta despreciada e ignorada con premeditación y alevosía por los dos años precedentes de su gestión, pasaba a ser algo digno de ser tenido en consideración.

La lectura, además de tediosa, resultó contradictoria, poco creíble y tozudamente inflexible.

Contradictoria, porque tibiamente anuncia algunas mejorías futuras a algunos sectores, pero insiste en vetar y bloquear todo tipo de mejoras presentes a esos mismos grupos de personas. Y además crea un esquema de ajuste automático que reduce las partidas en función de las caídas eventuales de ingresos fiscales. O sea que todo es condicional e hipotético.

Poco creíble porque, según nota de Infobae del 16 de septiembre de 2025 que adjunto al presente artículo, el presupuesto presentado contiene documentos técnicos que señalaban un tipo de cambio promedio de cierre para 2025 que se ubicaría en $1.229 por dólar, para luego en el texto principal informar que el tipo de cambio oficial finalizará en 2025 en torno a los $1.325 y pronostica un valor de la moneda estadounidense de $1.423 para Diciembre del año 2026. Cualquier argentino promedio sabe que esto es mentira.

Hoy ya el dólar cotiza a $1.485, a pesar de la intervención decidida del BCRA en el mercado cambiario. Esta es solo la más visible de las incongruencias de un presupuesto que parece ser más una puesta política en escena con destinatarios precisos, que un documento técnico racional que ayuda a entender con precisión el esquema de ingresos y gastos del erario nacional.

Y se manifiesta tozudamente inflexible, porque insiste en dar las espaldas a la economía real, ofreciendo solo una perspectiva meramente fiscal de lo económico, que a todas luces es fragmentaria y nos viene empujando a un ajuste recurrente, sin perspectiva alguna de una recuperación a la vista.

El programa económico de Caputo y Milei está al borde del colapso porque, al decir de Diego Giacomini, economista ortodoxo, es “dinámicamente inconsistente”.

Explicada en términos sencillos, la expresión dinámicamente inconsistente se aplica a un programa que promete beneficios futuros que nunca aparecen, a cambio de privaciones y ajustes presentes que nunca terminan y que tienden a agravarse con el paso del tiempo.

Yo te prometo que si sufres mucho hoy, mañana estarás gozando de una vida mejor. Pero pasan los días y los sufrimientos persisten, es más, aumentan, y la promesa de mejoría nunca llega.

Algo tan simple como eso es lo que pasa en la Argentina. Hace ya dos años que se ajusta salvajemente a los sectores más desprotegidos de la sociedad. Se ha paralizado la obra pública, se redujo el salario de los docentes, se disminuyó drásticamente el envío de dinero a las provincias, se le aplicó de nuevo el impuesto a las ganancias a los asalariados, se desfinanció la salud pública, se cortaron las ayudas económicas a la ciencia y la cultura, y se destruyó el poder adquisitivo siempre exiguo del sector pasivo, todo para crear un superávit fiscal que resulta intangible para el común de los mortales. Superávit es una palabra que indica que gastamos menos de lo que nos ingresa, y por ende, nos queda plata en el bolsillo.

Y si queda plata, si hay superávit, ¿Adónde va esa plata? ¿Acaso va a apalancar la economía real, esa que produce bienes y genera empleos?

No, para nada. Va a financiar la SIDE para que los espías hagan de las suyas, a Adorni para que mantenga su corte de “ñoquis”, parientes y secuaces comunicacionales, ese ejercito de troles que se dedican a diseminar el odio a través de las redes sociales, o, lo que es peor aún, el esfuerzo de todos los argentinos se dilapida en una monumental timba financiera, una especie de ruleta rusa donde siempre el balazo final lo recibe la Nación Argentina, cuyo Estado se ha dejado desvalido, destruido y endeudado por generaciones.

Esta historia ya la vivimos en nuestra patria, y los memoriosos las recordamos con tristeza y aprensión.

El análisis económico de Giacomini es lapidario. Desnuda la monstruosa mentira de la emisión cero que proclama el gobierno. Con cifras oficiales a la vista nos exhibe que la masa monetaria se ha expandido a una velocidad inusitada (más que cuadruplicándola), o sea que nos mienten: ¡Están emitiendo a lo pavote!

Mienten también con el famoso superávit fiscal, porque no computan contablemente los intereses de la deuda cuyo crecimiento exponencial supera largamente la cifra de todos los recortes y esfuerzos exigidos a los distintos colectivos afectados por el ajuste indiscriminado del que son objeto.

Mienten cuando dicen que no hay cepo. Subsiste el cepo para las personas jurídicas. Mienten cuando dicen que el dólar flota libremente. La intervención del BCRA en el mercado cambiario es desembozada y muy, pero muy costosa para el erario público. Para quienes les resulte interesante adjunto el video del reportaje en el que Diego Giacomini hace su análisis de la actualidad. Es extenso, pero muy claro. Y se trata de la opinión fundada de un economista liberal ortodoxo, no de un militante kirchnerista.


 

El equipo económico está sobrepasado, y su palabra ya no cotiza en bolsa

Nadie les cree, y los mercados, sus aliados, huyen en despavorida retirada impulsando una aceleración de la hecatombe.

Mientras escribo, el dólar perfora el techo de la banda, el BCRA interviene, ahora sí, a calzón quitado, y vende 53 millones de dólares para seguir sosteniendo una ficción. Solo Dios sabe en las próximas jornadas cuántos dólares se destinarán al pozo sin fondo de defender una paridad cambiaria ya vulnerada.

Por su parte, la Cámara de Diputados le propina otra espectacular paliza política al gobierno, rechazando los vetos con una contundencia inusitada. La endeblez política del gobierno queda expuesta de manera lapidaria. La falta de consensos mínimos para sostener sus programas es evidente. Sus aliados circunstanciales hoy ya enfrentan al oficialismo con la fuerza de los conversos. Inclusive la tropa propia se insubordina.

Se vienen días agitados, pero no se les ocurra echar culpas a los adversarios políticos. Es la propia incompetencia del oficialismo la causante del estado de cosas. Caputo logró en tiempo récord reeditar su fracaso con Macri. Quizás ya empiece a sopesar la posibilidad de irse a disfrutar su cuantiosa fortuna fuera de nuestro país. Mientras tanto, el Presidente y su sequito siguen viviendo en Narnia, en el refugio plácido de su realidad inventada, no queriendo ver que el pueblo está cansado de tanto agobio.

Para colmo, en un increíble error comunicacional, el discurso leído de Milei usa la misma frase que a Mauricio Macri le significo el principio del fin: “Lo peor ya pasó”.

Cuesta creer la inoperancia mayúscula de los escribas del gobierno. Es insólito que usen las mismas palabras que antecedieron a la debacle de la gestión macrista.

Y para enfrentar los días aciagos, Milei cuenta con un séquito de personajes cuestionados, enfrentados en una interna pública de una bajeza inexcusable.

Ya el rugido del león no es entretenido y los cuervos deambulan en círculos, como augurando carroña.

La experiencia indica que, habitualmente estos procesos de implosión de un gobierno tienen un costo social importante. Con total sinceridad creo que el daño ya está hecho.

Aunque un conjunto de personas de habilidades extraordinarias tome el poder y el presidente acepte sus directivas, ya no es posible salir sin dolor de la situación en la que han dejado las finanzas públicas y el deterioro de la gestión de la cosa pública.

El equipo económico puede cambiar, los funcionarios rotar, el plan ser modificado, pero la deuda está allí, la desinversión se ha consolidado, y el deterioro de la capacidad adquisitiva de los ciudadanos argentinos no es reversible en el corto plazo.

Han hecho mucho, pero mucho daño. Me temo, y ojalá esté profundamente equivocado, que lo peor está por llegar.

Sisto Terán Nougués


Artículo publicado originalmente en https://sistoteran.substack.com, pueden leerlo aquí.

Sisto Terán

Tucumano. Abogado. Político. Escritor. Fue vicegobernador de Tucumán, legislador, director de la Casa de Tucumán en Buenos Aires, entre otros cargos públicos. Ha publicado los libros "Cartas a mi hijo que está por nacer" (1999), “Yo no creo en la muerte” (2009), "Camino de Santiago" (2000) y "Hitler, un pecado Colectivo" (2023). Pueden leer sus últimos escritos en sistoteran.substack.com.