Bullying en las escuelas de Tucumán: "No se educa con crueldad ni con miedo"
La psicopedagoga Cecilia Lozano habló sobre la situación de niños, niñas y adolescentes en Tucumán. El vínculo padres-hijos, el rol de los docentes, la idea de "generación de cristal" y las claves para la prevención.
Luego de que se diera a conocer el caso de la alumna de la Escuela Julio Argentino Roca, la psicopedagoga Cecilia Lozano pasó por La Tucumana y de Mañana y charló con Ana Pedraza y Gabriel Sanzano sobre la situación de niños, niñas y adolescentes en Tucumán
"Lo sucedido con esta nena es solo uno de los últimos eslabones, pero previamente hubo otras situaciones en las que la escuela no dio respuesta: aislamiento, exclusión, tristeza y angustia que no tuvieron un espacio de escucha ni resolución", indicó Lozano sobre este caso puntual, para dar paso a una charla más amplia.
Sobre la problemática del bullying, la profesional explicó: "Primero quiero dejar algo en claro, porque muchos padres dicen: 'En mi casa no es así, pero en la escuela sí'. Y es lógico que en casa sea de una manera y en la escuela de otra, porque se trata de un ámbito social diferente, donde el niño o adolescente se desenvuelve de otra forma. Por eso, también hay que tener apertura para aceptar que, si nuestro hijo ejerce bullying, debemos asumirlo".
Además, señaló que "solemos olvidarnos de los terceros participantes, los espectadores" y que "sin ellos no existiría el bullying, si no hay quien se ría, el bullying no ocurre". "El niño que busca relacionarse a través del miedo necesita de otro que lo vea, lo escuche, se ría o lo acompañe", agregó. Por eso, "si en lugar de reírse los demás condenaran la situación, también ayudaría. Condenar y avisar son claves: hay que enseñarles a los niños a hablar, a contar lo que pasa. Y si un adulto no responde, deben avisar a otro adulto. Es fundamental generar ese canal de comunicación".
Advirtió que "todas las escuelas y colegios deberían contar con un protocolo de intervención, un modo de procedimiento para estas situaciones, porque no se trata solo de bullying: hay otros problemas que también desbordan a las instituciones, y estas deben estar preparadas para dar respuesta". Aclaró que no puede generalizar, ya que "algunas escuelas sí lo están, pero otras no, eso depende de la dinámica interna de cada institución" y que "lo que sí debe quedar claro es que se trata de un trabajo en equipo, familia y escuela forman un mismo equipo y deben mantener una comunicación permanente".
Lozano hizo hincapié en la relación padres-hijos: "El otro día leí un ejemplo que me encantó sobre cómo conectar con los hijos. Cuando vuelven de la escuela, hay que observar cómo regresan: si vuelven sonrientes o angustiados, ahí ya tenemos una señal. Luego, las preguntas no deben ser un interrogatorio ('¿hiciste la tarea?', '¿jugaste?', '¿comiste?'), sino un puente de conexión: '¿qué comiste?', '¿qué hiciste en el recreo?', '¿qué aprendiste de nuevo?', '¿qué te hizo reír?'. Esas preguntas muestran interés real y generan confianza". Para Lozano, "los hijos deben aprender que pueden confiar en sus padres, y para eso hay que abrir ese canal de comunicación a diario".
Para la psicopedagoga, además, "el problema es que la violencia está naturalizada: se naturaliza poner un apodo que duele, se naturaliza golpear cuando uno se enoja. Pero cuando al otro le duele, ya no es gracioso y deja de ser aceptable. Ese límite deben conocerlo los chicos, y se les enseña con empatía".
La idea de "generación de cristal"
Lozano también habló de las ideas en torno a la crianza de los niños, si deben hacerse con mayor o menor dureza: "Como profesional, nunca uso ni usaría el término 'generación de cristal'. Se escucha mucho, pero está basado en una idea equivocada: que cuanto más duro sos con un niño, más preparado lo hacés para la vida. Eso es mentira. No se educa con crueldad, ni con miedo, ni con angustia, porque eso genera heridas. Somos los adultos heridos los que creemos que para educar hay que ser rígidos, crueles o infundir temor. Yo puedo enseñar a mi hijo con firmeza, respeto y amor, y él puede responderme con la misma calma. Cuando un niño se porta mal es porque se siente mal; no es algo personal contra el padre o la madre. A veces los adultos creen que el berrinche es 'en su contra', pero en realidad el niño está manifestando que no sabe cómo manejar su enojo. Ser mamá o papá implica trabajar en uno mismo para poder entender que no es contra nosotros. Por eso, no hace falta hablar de 'generación de cristal' ni usar la crueldad como herramienta".
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