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¡Despertá, mamá! ¡Despertá, viejita!

PARA MAMÁ

Marx Bauzá solo pide una cosa: que su madre salga del coma y le sonría una vez más. Con cadenas de oración y daimoku, todos pedimos por la salud y el despertar de Marta Angélica Páez.

Marta y Marx, madre e hijo. Foto: gentileza del autor.





Tu cuerpo inmóvil,

custodiado por el zumbido de monitores

en un diálogo perfecto

entre la vida y la muerte

sostenida por instrumental médico

en la cama ortopédica de un sanatorio.


Yacés ahí, mamá.

Toda etérea

como la Bella Durmiente esperando el milagro.


El respirador artificial te ofrece oxígeno.

Entra como un hilo de vida por tu boca.

Besas mangueras conectadas por todo tu cuerpo

que aprendieron a rezar, escuchándome.


El soplo de fe es constante,

entra y sale aire por un tubo transparente

diciendo amén en la alegría de tus párpados 


Tu soledad de terapia intensiva

a veces es interrumpida

por el hombre que te ama, tus hijos

o los médicos y enfermeros.


Mis lágrimas caen mientras reproduzco

tu canción favorita de Sarah Brightman y Andrea Bocelli.

Practico un ejercicio de Reiki para darte fuerza

con los gestos de mis pequeñas manos.


Las pantallas parpadean en verde, azules o amarillos.

No se atreven a ser música.

Beep! Beep! Beep!


Tu frecuencia cardíaca, presión arterial, saturación de oxígeno y ritmo respiratorio

zigzaguean entre valores normales

que dibujan líneas.

Se escuchan vibrantes, bonitas y nítidas.

Beep! Beep! Beep!


Cada pitido es una sílaba que no termina nunca.

Beep! Beep! Beep!


Sos la mamá más hermosa del mundo.

¿Te dije eso hoy?


Las bombas gotean precisión de fármaco y milagro.

Una gota de medicamentos.

Otra gota de Dios.


El pie de suero sostiene la gravedad,

columna brillante donde cuelgan nuestras esperanzas.


El catéter en la base del cráneo,

tus venas convertidas en autopista de lo invisible.

Beep! Beep! Beep!


Electrodos en el pecho,

el alma conectada a una máquina que traduce pulsos.

Una luz roja parpadeando en tu dedo,

como una lucíérnaga que no se apaga.

Las gasas envuelven el misterio de tu cabeza,

la herida piensa en silencio.

¿Qué dirá Rapunzel al verte despertar?


Bajo las sábanas blancas,

un colchón antiescaras respira.

El aire circula en veintidós.

El eterno verano habita en tu piel.


En tu placard tus vestidos de flores

aguardan pacientes tu primavera.

¡Despertá mamá!

¡Despertá viejita!


Es Octubre.

Acá estamos celebrándote en vida.

Radiante como el sol donde orbitan los planetas.


Marx Bauzá.