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"El costo de enterrar el derecho internacional": la injerencia de Estados Unidos y los desafíos de América Latina

INTERNACIONALES

El gobierno de EEUU blanqueó ante el mundo cómo funciona su maquinaria criminal de hegemonía global: si lo débiles no aceptan el sometimiento económico, caerá sobre ellos la brutalidad de la violencia. Tras la captura de Nicolás Maduro, el propio Donald Trump confirmó que su único interés en Venezuela es el petróleo y escupió una amenaza contra su par colombiano, Gustavo Petro: "que se cuide el culo". Consultados por eltucumano, especialistas de Tucumán y Buenos Aires analizan el nuevo escenario de tensiones y advierten sobre las peligrosas consecuencias del avance imperialista de Estados Unidos en Latinoamérica. Por Franco Carletto.

Nicolás Maduro se declaró inocente en la primera audiencia en Nueva York. boceto de la Corte Federal.





Las palabras de Donald Trump cayeron pesadas, unas tras otra, sobre el micrófono. Una conferencia de prensa con tono de Cadena Nacional que se vio y se escuchó en todos los rincones del planeta. El gobierno de Estados Unidos blanqueó ante el mundo cómo funciona su maquinaria criminal de hegemonía global: si los débiles no aceptan el sometimiento económico y financiero, el castigo caerá con todo el peso de la violencia. 

A las 2 am del sábado, fuerzas especiales atacaron objetivos militares en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira. Minutos después, secuestraron al presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y los trasladaron en avión a Nueva York.

Más tarde, a las 11 -hora de Estados Unidos- en una conferencia en Mar-a- Lago, el presidente Trump dejó en claro los intereses que motivaron el ataque militar en el país caribeño. Lo hizo frente a las cámaras de televisión y la prensa mundial: adelantó que la administración norteamericana va a instaurar un gobierno colonial –“vamos a gobernar Venezuela”- y confirmó que su gobierno va a intervenir en las políticas comerciales en torno al petróleo, permitiendo el ingreso de capitales norteamericanos al negocio. 

De paso, aprovechó para soltarle la mano a María Corina Machado, que hasta hace un mes se autoproclamaba líder de la oposición de su país. La descalificación fue un verdadero cachetazo: “no cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país. Es una mujer muy amable, pero no inspira respeto”. La conferencia de Trump terminó con una “advertencia” con olor a amenaza a su par de Colombia, Gustavo Petro: “que se cuide el culo”.

La sentencia final contra Nicolás Maduro y la soberanía del pueblo venezolano ya se había firmado el pasado 24 de noviembre. Ese día, el gobierno de EEUU, a través de un documento rubricado por la Secretaría de Estado, hizo efectiva la designación del Cártel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera. Ese documento, además, señalaba a Maduro como líder de esa organización narcocriminal. Inmediatamente, Trump ordenó el envío del portaaviones USS General Ford a las costas del Caribe mientras aumentaba la presión política para forzar la salida de Maduro de Venezuela. 

¿Qué implicancias políticas directas tiene esta intervención en Venezuela y en la región? ¿Es legal la captura de Nicolás Maduro? ¿Tiene EEUU legitimidad para imponer un gobierno de transición en Venezuela? ¿Qué precedente siente esta injerencia sobre la soberanía de un Estado? eltucumano.com le consultó a periodistas, historiadores y analistas internaciones.

Para Cecilia Diwan, Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la UBA y periodista especializada en política Internacional, la intervención de Estados Unidos en Venezuela representa uno de los quiebres más profundos del orden multilateral desde la guerra fría. De acuerdo a su análisis, la captura de Nicolás Maduro alterará el equilibrio regional. 

La intervención militar en el país caribeño, dice Diwan, produce un vacío de poder institucional de facto. “Aunque la Vicepresidenta  Delcy Rodríguez asume como Presidenta Encargada e intentará  mantener la estructura del Estado, la presencia y amenaza militar extranjera y la captura de la cabeza del Ejecutivo desarticulan la cadena de mando”, señala. Por otro lado, la injerencia norteamericana en Venezuela, a criterio de la analista, profundizará la fragmentación de la unidad Latinoamericana y podría vaticinar un desenlace similar en países como Cuba y Nicaragua. 

Carla Millan, Licenciada en Relaciones Internacionales y Docente de Política internacional Latinoamericana en la Universidad San Pablo-T, plantea que la intervención norteamericana implica “la ruptura del orden autoritario vigente en el país caribeño y la apertura forzada a un escenario de transición”. 

Sin embargo, dice Millan, esto no garantiza una democratización automática: “el desafío central será reconstruir legitimidad política interna, restablecer la institucionalidad y devolver al pueblo venezolano la capacidad real de decidir su destino”. El uso de la fuerza por parte del gobierno de Estados Unidos, advierte Millan, es preocupante porque amenaza el principio de soberanía y autodeterminación de los pueblos. 

La Carta de las Naciones Unidas

Otro de los interrogantes que planteó la operación de Trump en suelo venezolano refiere a la legalidad de la medida. En este sentido, los especialistas consultados señalaron que la Carta de las Naciones Unidas es muy clara respecto a este tipo de intervenciones. 

Diwan hizo hincapié en el artículo 2(4), que explicita que una nación no puede utilizar la fuerza contra el territorio soberano de otro país. “La ONU solo autoriza intervenciones armadas bajo el Capítulo VII, mediante una resolución del Consejo de Seguridad, o en caso de legítima defensa (Art. 51) ante un ataque armado previo. Ninguna de estas condiciones se cumplió formalmente en el caso de Venezuela”, advirtió.

En este sentido, dice Diwan que “la captura es considerada ilegítima desde la perspectiva del derecho internacional. Si bien existen acusaciones de narcoterrorismo en cortes de EE. UU., un Estado no tiene jurisdicción universal para extraer por la fuerza a un mandatario en funciones de otro territorio soberano sin el consentimiento de ese país o un mandato internacional, como el de la Corte Penal Internacional”.

Carla Millan agrega en este sentido que las excepciones que marca la Carta se pueden dar sólo por determinación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas o como legítima defensa ante un ataque armado.

Como antecedente directo, Diwan señala el caso de Panamá. En 1989, la mayoría del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas votó a favor de condenar la invasión, aunque Estados Unidos vetó la resolución. No obstante, la Asamblea General de la ONU se impuso con 75 votos contra 20 para considerarla “una violación flagrante del derecho internacional y de la independencia, soberanía e integridad territorial de los Estados”.

Además, la periodista  menciona las Convenciones de Ginebra de 1949, que plantean la protección de civiles y el rechazo a ejecuciones extrajudiciales o capturas sin debido proceso en contextos de conflicto. 

Por su parte, Millan asegura que, desde una interpretación estricta del derecho internacional, la captura de Nicolás Maduro no cumple con los criterios de legalidad. Sin embargo, “bajo una lectura evolutiva que prioriza el derecho de los pueblos a la autodeterminación frente a regímenes que la han anulado por completo, puede sostenerse que la inmunidad soberana se encontraba sustancialmente erosionada”.

La doctrina "DonRoe"

El sábado, en la conferencia de prensa que brindó en Florida luego de los bombardeos en Venezuela, Trump mencionó un concepto que puede resultar clave a la hora de entender el conflicto y sus motivaciones: “La Doctrina Monroe es un asunto importante, pero la hemos superado con creces”. Y mencionó “Doctrina Donroe” como una reconceptualización de la doctrina, incluyendo su propio nombre. 

¿Qué es la Doctrina Monroe? es una postura de la política exterior de los Estados Unidos formulada el secretario de Estado y futuro presidente John Quincy Adams, en 1823. El 2 de diciembre de ese año, el presidente James Monroe usó por primera vez este concepto  en su   un mensaje ante el Congreso de Estados Unidos, donde aseguró que “no tolerarían la intervención europea en el hemisferio occidental”.

De esta manera, la Doctrina Monroe sostenía que cualquier intervención en los asuntos políticos en el continente americano  por parte de potencias extranjeras de otros continentes era un acto potencialmente hostil contra los Estados Unidos: “América para los americanos”.

Para Carla Millan, el ataque sobre Venezuela tiene una lógica geopolítica similar a la de la Doctrina Monroe. “Estados Unidos reafirma su capacidad de intervenir decisivamente en América Latina cuando considera que están en juego intereses estratégicos y estabilidad regional”, señala.

Cecilia Diwan coincide con otros analistas que consideran que la captura de Maduro puede leerse como una “ejecución práctica de una versión 2.0 de la Doctrina Monroe”, con la que Trump busca adaptar esos lineamientos políticos de 1823 al siglo XXI.

Para Diwan la nueva versión de la Doctrina Monroe (Doctrina DonRoe) se sustenta en tres ejes críticos:

La presencia de China y Rusia en el continente es vista como una "amenaza existencial" para los intereses estadounidenses. Bajo esta lógica, Venezuela no fue atacada solo por cargos de narcotráfico, sino por ser considerada la "puerta de entrada" de la influencia militar rusa y el financiamiento chino en la región. “La acción del sábado muestra que Trump está dispuesto a usar la fuerza para restaurar su exclusividad geopolítica en el hemisferio”, asegura.

La nueva doctrina redefine los problemas internos de los países vecinos como amenazas directas a la frontera de EEUU. Bajo esta premisa, entiende la periodista, el colapso económico de Venezuela y la crisis migratoria se clasifican como una "agresión pasiva" contra la seguridad de Estados Unidos.  

El tercer eje que traza Diwan es clave: el Control de recursos estratégicos. “Al controlar el territorio venezolano (poseedor de las mayores reservas de petróleo del mundo y vastos depósitos de minerales críticos), EEUU busca reducir su dependencia de proveedores asiáticos. Para la Casa Blanca, la soberanía energética del continente debe ser gestionada bajo estándares estadounidenses”.

Con la Doctrina DonRoe, dice Diwan, Washington coloca al derecho internacional en un lugar secundario frente a su derecho de seguridad nacional.

¿Justicia o Poder?

Hasta el mediodía del sábado, simpatizantes de Trump y las derechas de moda de aquí y de allá enmarcaron la acción bélica norteamericana en un acto de justicia. Sin embargo, el propio presidente de EEUU echó por tierra cualquier tipo de motivación relacionada a la “restauración de la democracia”. O al menos no le dio un lugar prioritario. Por el contrario, confirmó que su único interés en Venezuela es el petróleo. Se atrevió incluso a decir que el Gobierno estadounidense controlará ese recurso clave habilitando el ingreso de capitales yanquis. Entones, ¿fue una acción de justicia o una demostración de poder?

Para Millan, de ambas: “la justicia fue la razón, el poder el instrumento. Por un lado, fue una decisión de justicia, en un sentido político y sustantivo. Cuando un Estado deja de cumplir su función elemental de representar y proteger a su población, la justicia se convierte en un imperativo; mientras que el poder fue el instrumento para remover un orden que había clausurado las vías internas”. Sin embargo, aclara, esta acción militar no debería estar orientada al dominio sino a la restauración de la verdadera autodeterminación del pueblo venezolano.

Diwan, por su lado, pone en duda que la principal motivación de EEUU en Venezuela sea la justicia. “Trump justifica la acción citando cargos de narcotráfico y violaciones de DDHH, pero en su conferencia de prensa del sábado al mediodía puso en el centro de la acción al control de los recursos naturales”.

A partir de la intervención y la ruptura del orden institucional, ¿cuál es el futuro inmediato de Venezuela? “Venezuela se encuentra en una encrucijada”, asegura Diwan. Frente a la vacancia del cargo presidencial (ahora ocupada por la Vice Delcy Rodríguez) el Estado debería convocar a elecciones en un plazo de 30 días, según el artículo 233 de la constitución venezolana. Sin embargo, señala la analista, la presencia de fuerzas extranjeras hace que cualquier proceso interno se altere. “La amenaza de Trump a Delcy Rodríguez  de un segundo ataque si no coopera funciona como un condicionante coercitivo”. 

Entonces, ¿tiene legitimidad el gobierno de EEUU para imponer un gobierno de transición? “Legalmente no”, confirma Carla Millan, “pero políticamente nos encontramos ante una legitimidad limitada y condicionada”. En este sentido, la docente advierte que, en este escenario, Estados Unidos sólo puede acompañar la transición, pero no intervenir directamente.

Por otro lado, Diwan planteó la preocupación que debería generar en la comunidad internacional las amenazas lanzadas por Trump a sus pares de México (Claudia sheinbaum) y de Colombia (Gustavo Petro). Para la analista internacional, estas “advertencias” deja a la soberanía de los países vecinos supeditada a los intereses de seguridad nacional de EEUU. “La intervención directa en Venezuela no ha sido un evento aislado, sino el "primer movimiento" de un tablero regional donde la soberanía de los países vecinos parece haber quedado condicionada a los intereses de Washington”, asegura.

Frente a ese este escenario, parece que el gran desafío para los organismos internacionales activar mecanismos políticos y diplomáticos que funcionen como límites concretos a esa maquinaria de hegemonía global. ¿Cuáles son esos mecanismos? Diwan enumero algunas de las herramientas con las que cuentan la ONU, OEA y la Corte Penal Internacional:

La Asamblea General de la ONU,  al ser el único órgano donde todos los Estados tienen voz y voto, puede recomendar medidas colectivas. Aunque sus resoluciones no son vinculantes, dice, tienen un peso político para aislar diplomáticamente a Washington y legitimar sanciones económicas recíprocas por parte de otros países. “Pero la falta de una "fuerza de policía" global hace que estas resoluciones sean, a menudo, meras declaraciones de principios”, advierte.

La Corte Penal Internacional (CPI) podría investigar crímenes de agresión. Aunque EE UU no ratificó el Estatuto de Roma, el Crimen de Agresión y los posibles crímenes de guerra cometidos en suelo venezolano otorgan a la Fiscalía de la CPI una base para actuar. 

Bloques regionales: La única limitación real suele ser la presión diplomática y económica coordinada de otros bloques como podrían ejercer la Unión Europea, los BRICS (liderado por China, Rusia, Brasil e India), el Grupo de Puebla, para forzar una salida negociada y evitar que el precedente de Venezuela se normalice.

En conclusión, Diwan señala los mecanismos internacionales actuales no tienen la fuerza física para detener a una superpotencia como EEUU, pero sí tienen la capacidad de “encarecer” la ocupación. 

Es el petróleo, estúpido. 

En su conferencia de Florida, horas después de la captura de Maduro, Trump mencionó 26 veces la palabra petróleo. Ese recurso estratégico no tuvo centralidad sólo en lo discursivo, sino que es el concepto desde el cual se explica el interés de Estados Unidos en Venezuela. Este recurso es clave para la economía estadounidense y sus ambiciones expansionistas en el mercado internacional. 

Pablo Pozzi es Es Doctor en Historia (PhD) por la Universidad Estatal de Nueva York y fue durante más de tres décadas Profesor Titular Regular Plenario de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. El destacado historiador argentino entiende que, a la hora de abordar la intervención en Venezuela, es necesario comprender el lugar que hoy ocupa Estados Unidos en el esquema de poder político y económico internacional.

“Estados Unidos tiene serios problemas económicos, y su deuda oscila entre 125 y 150 de su PBI. Su economía está en retroceso frente a China y la India, y su mayor posibilidad es hacerse con recursos naturales, mientras los niega a sus competidores”.

En ese sentido, señala que el petróleo venezolano representa para la administración de Trump una vasta fuente de ingresos para volver a posicionarse en el mercado mundial. 

En los últimos años, señala Pozzi, los vícnulos  comerciales de América Latina con China incrementaron exponencialmente: “70% de la carne argentina exportada va allá, al igual que buena parte de la soja, los granos, y la carne porcina de la región. ¿Puede Estados Unidos modificar esto? Está tratando, pero es difícil. Su mejor opción es generar caos mientras busca una solución duradera”, asegura.

“Cuando Trump habla de gobernar Venezuela, en realidad de lo que está hablando es de quedarse con los pozos petroleros y algunos otros recursos. Mientras tanto, si el estado venezolano desciende en una guerra civil, eso le ayuda contra Brasil y Colombia. Observemos lo que ha pasado en Libia y en Iraq”.

Al ser consultado sobre si las amenazas a México y Colombia pueden leerse en clave colonialista, el historiador dice “todavía no. Colonialismo implica administrar la zona, y creo que sus intereses son más cercanos a establecer enclaves, sin preocuparse por la estabilidad o gobernabilidad del resto. Las amenazas a diversos países tienen más que ver con subordinarlos a sus políticas, más que colonizarlos”.

Al igual que Diwan y Millan, Pozzi coincide en las peligrosas consecuencias de las políticas intervencionistas de Estados Unidos en Latinoamérica. “Desde el siglo XIX son cientos las intervenciones norteamericanas, sin justificación en el derecho internacional. En todos los casos dejaron a los países invadidos en peores condiciones. Pensemos en Haití o en la misma Venezuela a principios del siglo XX, ni hablar de Libia, Iraq, Afganistán, o los Balcanes”.

 “El éxito de los organismos internacionales no dependerá de la letra de los tratados, sino de la capacidad de los bloques regionales para formar un frente unido que deje claro el costo de enterrar el Derecho Internacional”, concluye Diwan.