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El niño de delantal azul

HISTORIAS DE ACÁ

Matías Juárez tenía 8 años cuando ingresó al sanatorio San Lucas por una operación de amígdalas y no salió con vida del quirófano. Entrevista a María Luna, su madre, a días del juicio postergado y a la espera de una nueva fecha. Texto: Alfredo Aráoz. Video: Cecilia Córdoba.

Matías Juárez, en el jardín de infantes del Liceo Militar General Aráoz de Lamadrid.





El niño de delantal azul es el niño que está sentado sobre el pasto del Liceo con una botellita de Levité sabor naranja y unas papas Lay’s ya abiertas bajo un día de sol. En una mano tiene la tapita y en la otra un cartel que dice cómo se llama ese niño del delantal azul: Matías.

La caligrafía del niño en la cartulina coincide con toda la escena: las papas, la Levité, el corte de pelo tucumano cabudito y, lo más importante, la sonrisa de par en par del alumno ejemplar que dejó el jardín de infantes, pasó de grado, creció, pero siempre mantuvo tres características distintivas: el pelito, la sonrisa y el delantal azul ya sin el cuello rojo del jardín de infantes reemplazado por la camisa blanca y el corbatín de la primaria.

A diferencia de la primera foto en el jardín de infantes, Matías Juárez posó para la foto de la primaria ya sentado en el escritorio del aula del Liceo con las manitos cruzadas, un gesto más formal, la bandera argentina que escoltó e izó durante esa primaria y un mapa inmenso de fondo de toda la Antártida que ocupaba el pizarrón.

Ese niño que también se robaba todas las miradas y los aplausos en los actos escolares cuando se disfrazaba de vaquita rapera o con sombrero panamá, ese es el mismo niño que estaba contento porque había pasado de grado cuando de repente un dolor apareció.

María Luna, la mamá, le preguntó al niño de delantal azul, su hijo, qué le pasaba. Se lo preguntó una noche en la misma cama de la misma casa de Asunción 1164 donde eltucumano ahora es recibido por la familia Luna.

“Mamá, me duele aquí”, dijo Matías, señalándose la garganta. La frase (hasta aquí nada fuera del otro mundo) generó la reacción lógica en una madre: llamado al médico, turno, charla en el comedor de diario, dejá el delantal azul y ponete las zapatillas, pidamos un taxi, vamos al San Lucas y esperemos qué nos dice el médico.

La respuesta del médico fue (hasta aquí tampoco nada del otro mundo) la siguiente: “Señora, hay que operar a su hijo”.

Esa frase compuesta por siete palabras generó lo que jamás en esta vida una madre hubiera podido llegar a imaginar: que su hijo, Matías Juárez, ingresara al quirófano caminando y no saliera vivo. 

Esto ocurrió hace diez años. 

Este año, el niño de delantal azul hubiera cumplido 18 años. Los hubiera cumplido este lunes 23 de febrero. Lo que le pasó también tenía fecha: el primer juicio oral por mala praxis en Tucumán tenía fecha estipulada para el miércoles 18 de febrero pasado, en la antesala de la entrevista que aquí compartimos, donde una madre tucumana narró lo inenarrable. 

El juicio fue postergado y ahora espera nueva fecha. En la familia Luna esperan esa fecha y también esperan justicia por el niño que vive en el corazón de su madre, que vive en la pelota quieta del patio, que vive en las fotos de la pared, que vive en la bandera que se despliega en las calles, que vive en las marchas, y que retumba en las aulas del Liceo donde comía papas Lays, tomaba Levité, y era abanderado, siempre impecable, siempre sonriente, siempre Mati, siempre con un delantal azul.

Video al final de la nota: